Todos hemos escuchado hablar del Padre de la Iglesia, San Agustín de Hipona, una de las figuras más veneradas por su contribución a la teología y la filosofía. En lo particular me parece uno de los personajes más interesantes debido a la vida que llevó, y con la que cualquier mortal puede identificarse.
¿Quién era San Agustín? A principios de cuentas, debemos explicar que nació en la parte norte del continente africano, en la ciudad de Tagaste; que en un principio su vida no estuvo influida por la religión, y que por el contrario su familia recibía una gran influencia romana.
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A diferencia de muchos santos encuentro en San Agustín el reflejo humano y carnal que existe en todos nosotros. San Agustín narra en su obra Confesiones, el desagrado que le causaba asistir a la escuela en la que era reprendido severamente por sus maestros, lo que le causó serios problemas de conducta, que se vieron reflejados en su adolescencia.
En su juventud residió en Cartago, una ciudad que se caracterizaba por la facilidad para encontrar placeres carnales, y que gozaba de una reputación por el libertinaje que se vivía. Como todo joven, San Agustín narra que en esos tiempos se interesó por el teatro y la oratoria, pero también narra cómo esta ciudad influyó en él para experimentar todo tipo de vicios, que en sus propias palabras, le quemaban por dentro.
Cuando su pensamiento maduró, reconoció sus pecados, y las pasiones de las que había sido objeto, reprendiendo con cierta severidad y culpabilidad esta etapa de su juventud, para dedicarse de lleno en el estudio de la filosofía y la búsqueda permanente de la verdad.
No ahondaré demasiado en la teología desarrollada por San Agustín, sino en breves reflexiones que han surgido de la lectura de su libro:
El ser humano siempre busca una verdad de manera incansable, y a veces es quizás experimentando la mentira y en los sitios menos esperados, donde encontramos respuestas y senderos por los cuáles debemos transitar.
Siempre hay que dudar de aquello que demos por hecho, y reconocer a tiempo los errores y aciertos.
La búsqueda de la verdad es algo más complejo que una simple respuesta, es un conjunto de percepciones que de manera individual y sólo en la experiencia propia, se van reuniendo hasta llegar a alguna conclusión.