La infancia de los seres humanos es la etapa evolutiva más importante de nuestro desarrollo, en eso todos los criterios coinciden; donde difieren las opiniones es en el valor y lo significativo de las experiencias que vivimos cuando niños. Hay quienes dicen que “infancia es destino” al afirmar que las experiencias vividas de niños determinan nuestro desarrollo posterior; pero hay quienes opinan lo contrario, en el sentido de que, a pesar de las experiencias infantiles, es posible modificar nuestro destino. En lo que están de acuerdo ambos grupos es en que la infancia de todo ser humano es la etapa evolutiva más importante.
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Hasta el siglo XIX existían sólo dos categorías reconocidas de seres humanos en cuanto a desarrollo: los mayores y los menores de edad al considerarse iguales, aunque los niños más pequeños físicamente. La diferenciación sólo era en tamaño y cantidad de años, pero no estructuralmente. Esta manera de identificar a los niños se plasmó en la frase “los niños son adultos chiquitos”, que absurdamente perdura hasta la actualidad.
A inicios del siglo XX se determinó que los menores de edad son distintos biológica y psicológicamente a los mayores de edad o adultos, hasta un promedio de 18 años por sus características biológicas al lograr la fortaleza física y capacidad reproductora sin riesgos; de igual manera en sus características psicológicas, al adquirir las estructuras que permiten interactuar dentro del grupo social de los "mayores".
En 1924 surgió el primer texto histórico que reconoce la existencia de los derechos específicos para los niños, además de la responsabilidad de las personas adultas sobre su bienestar. Este texto supera la idea de “beneficencia” hacia los niños y lo eleva a la visión de Derecho en la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño que fue realizada por Eglantyne Jebb, fundadora de la organización Save the Children. Jebb, tras la Primera Guerra Mundial, advirtió la necesidad de proteger especialmente a los niños afectados por la guerra. Pero sólo hablaba de sus derechos sociales y no los civiles, aunque fue un enorme avance.
Sin embargo, este texto no tenía fuerza vinculante para los Estados. Esta Declaración es adoptada por la Sociedad de Naciones, en 1924 predecesora de la Organización de Naciones Unidas. Y en 1959, la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, vinculando los derechos de los menores a los Estados. Posteriormente en 1989 la Convención sobre los Derechos del Niño, definió a los niños como ser humano desde que nace hasta que alcanza la "mayoría de edad" y requieren de protección especial. Y señala puntualmente los derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales de los niños.
El doctor Ernesto Lammoglia, médico psiquiatra mexicano señaló: “Se sabe que cada decisión que tomamos modifica nuestro futuro, pero en la infancia, las decisiones importantes son tomadas por otros, generalmente los padres. ¿Qué tanto control se puede tener sobre el futuro de un menor?”
Lo paradójico de la infancia es que, al ser la etapa más importante del desarrollo evolutivo del ser humano, las decisiones sean tomadas por otros. Ahí radica la importancia de proteger a los niños e incansablemente hacerles respetar sus derechos a quienes cuidan de ellos.
“Los niños no pueden desarrollarse en soledad”, afirma la UNICEF
Soledad es abandono
Soledad es silencio
Soledad es sin hogar
Soledad es sin escuela
Soledad es ausencia
Soledad es hambre
Soledad es discriminación
Soledad es analfabetismo
Soledad es ignorancia
Soledad es malnutrición
Soledad es desamparo
Soledad es ausencia
Soledad es agresión
Soledad es violencia
La soledad… uno de los mayores problemas de la infancia en nuestros días.