Cuando aún no nos reponíamos del impacto generado por el hallazgo del cuerpo del bebé Tadeo en el Centro de Reinserción Social de San Miguel en la ciudad de Puebla, surge en el estado de Colima otro incidente, en este caso un motín que deja como saldo 8 internos muertos y lesionados otros 7, lo cual indica que las autoridades están sujetas a un constante asedio por parte de la población penitenciaria que busca autogobernarse.
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Lo anterior retrata de cuerpo entero la problemática por la que atraviesa el país en materia de reinserción social y de la cual las autoridades federales y estatales han tratado de responsabilizar al pasado, en particular a los gobiernos neoliberales, sin reparar que llegaron al poder porque dijeron que tenían la solución a los problemas de corrupción en general y así se lo hicieron saber a la ciudadanía al momento de pedir su voto.
Han pasado más de tres años de la administración federal y de varios gobiernos estatales y las cosas siguen igual o peor, porque de acuerdo con el Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos 2020 y la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad 2021 del INEGI, las cosas lejos de mejorar, han empeorado.
De hecho, entre los centros de reinserción social cuya calificación fue menor de 6 (reprobatoria) de acuerdo con la CNDH, se encuentran los del estado de Puebla, mientras que Colima se ubicó en el rango de 6 y 7.6
Si bien los casos son diferentes, ambos reflejan que haber incrementado el catálogo de delitos que son sancionados con prisión preventiva oficiosa no fue la mejor solución; peor aún desperdició, las bondades que brinda el Nuevo Sistema de Justicia Penal con sus mecanismos alternos de solución de conflictos en los que se privilegia la negociación y la reparación del daño.
En el caso de Puebla, haber destituido toda la estructura de mando que tenía que ver con los penales no garantiza que las cosas se vayan a resolver, sólo calma momentáneamente las presiones mediáticas de organizaciones de la sociedad civil que comienzan a despertar para exigir mejores condiciones de seguridad.
El tan socorrido y hasta aplaudido “manotazo” en el escritorio que se da en este tipo de crisis solo sirve para que el gobernante en turno se luzca y trate de evadir su responsabilidad, incluso aparezca como el salvador de la causa y el bueno de la película, pero en el fondo las cosas seguirán igual porque quien lleva las riendas de la entidad federativa sigue siendo el titular del Ejecutivo y ya fueron muchas oportunidades. Sin duda que uno aprende de sus errores, pero ya fueron bastantes.
Igual pasó con gobiernos anteriores y las cosas no mejoraron, peor aún se complicaron, si no fuera así hoy tendríamos un sistema penitenciario sano y capaz de competir con otros a nivel Latinoamérica y Europa, pero lo más importante, devolver a la sociedad personas con valores renovados y con capacidades para reinsertarse y ser productivos.
Está comprobado que este tipo de renuncias espectaculares no resuelven las crisis ni en los equipos de futbol; podrán ganar el primer partido, pero si el daño es estructural y se carece de capital humano, así como de capacidad de conducción y supervisión, las cosas volverán a su punto de partida y ejemplos hay muchos.
Lo que sí podría funcionar es dejar de culpar al pasado y asumir con responsabilidad y hasta con humildad que se han cometido errores al más alto nivel, y a partir de ahí replantear las cosas, dejar atrás los odios, las persecuciones políticas y los “manotazos”, que es más fácil que se tengan que volver a dar a que las cosas se resuelvan por arte de magia o con la simple llegada de nuevos perfiles.
Está probado que la sola honestidad o pureza no bastan, también se requiere de experiencia, tal como sucede en los países de primer mundo y como muestra basta un botón: la prisión de Halden, Noruega donde su modelo permite convertir a los internos en “buenas personas” antes de reencontrarse con sus familias, bajo el principio de que si en la vida no tienes oportunidades y simplemente estas encerrado en tu celda, nunca te podrás convertir en un “buen ciudadano” y menos reinsertarte en la sociedad.
Un elemento fundamental que contribuyó en que la prisión de Halden, fuese exitosa fue la selección y la capacitación de sus funcionarios de prisiones, que en principio dejaron de llamarse custodios y ampliaron sus estudios y prácticas por espacio de hasta tres años, a diferencia de los Estados Unidos donde la capacitación es de apenas tres meses y por supuesto nuestro país, donde en sesenta días se capacita a un custodio, con un bajo perfil y aún más bajos ingresos.
Ojalá que en esta nueva etapa quien haya quedado a cargo de los CERESOs pudiera darse una vuelta por Europa y retomar algo del modelo noruego, ya que en salud no se pudo copiar el danés.