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OPINIÓN

Algo significativo

Deseo para 2022 dejar el chocolate, pero la complicidad con mi padre se forjó a través de él

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Diciembre 24, 2021

- Quiero hacer una promesa para el año nuevo 2022.

- ¿Cómo de qué?

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- ¡Dejar de comer chocolate!

- ¿En qué condiciones?

- ¡En todas!

- ¿Estás segura?

--¡Sí, claro! Quiero ofrecer algo que me forje el carácter.

- ¿Y el chocolate te lo impide?

- Es mi veneno… Tengo que ofrecer algo que me sea significativo porque de otra manera, ¡no me haré fuerte!

- O sea, ¿dejarás de comer chocolate en todas las condiciones durante todo un año? Es decir, si te invitan un pedazo de pastel de chocolate, lo vas a rechazar; si te regalan un chocolate oscuro de los que te encantan, vas a decir que no; si pasas por la heladería donde venden ese helado de doble chocolate del que siempre pides dos o tres bolas, ni los verás; no a las pasitas con chocolate, a las almendras con chocolate, a las nueces con chocolate, a los arándanos con chocolate… ¿y así al infinito?

- Pues sí…

- ¿Estás convencida? Sería mejor empezar con algo fácil y que no te pesara tanto.

- Mira, lo quiero hacer porque para todo recurro al chocolate: cuando me siento un poco triste, como chocolate y me alegro; cuando tengo ganas de algo dulce, como chocolate y me satisface; cuando pienso en algo delicioso, no hay más que el chocolate. ¡El único sabor del universo es el chocolate!

- Pues más a mi favor…Con ese currículum del chocolate en tu vida, no creo que esa sea una buena promesa porque a la primera de cambios faltarás a tu ofrecimiento.

- Mi papá me indujo al vicio: desde niña cuando yo comía bien, él me premiaba con un chocolate del que él estaba comiendo y lo disfrutábamos juntos; o sea, el premio era el chocolate, la convivencia, el amor de padre e hija; la complicidad mágica que siempre tuvimos se forjó a través del chocolate. Cuando le dio diabetes, estaba prohibido el chocolate, pero me lo pedía a escondidas y se lo daba; un día cuando acabamos de comer, fui por una taza y me serví crema de vaca, de esa buena y fresca, de rancho, le puse cinco cucharadas de chocolate en polvo, lo batí, me lo empecé a comer a cucharadas; el pobrecito me veía y babeaba, no lo hice a propósito, lo hice sin pensar por viciosa, y al verlo, traje una taza y le convidé la mitad de mi batido. Era el niño chiquito más feliz del universo: no se me olvida su rostro de auténtica alegría cuando me dijo que era la crema de chocolate ¡más deliciosa de su vida!

- Piénsale bien qué vas a prometer porque no la tienes fácil con el chocolate porque es el chocolate y todo lo que trae aparejado: el amor a tu padre, la complicidad entre ustedes, ¡es un universo entero!

- Tienes razón: fíjate; cuando ya estaba muy malito de su diabetes, llegó el momento que su páncreas le falló y le dio hipoglucemia; entonces la doctora me dijo que ya le podía dar todos los dulces y chocolates que quisiera y así lo hice: En las noches después de cenar le daba a escoger el chocolate que quisiera, él se lo metía entero a la boca, no lo masticaba, dejaba que se le deshiciera y así veía tele y se dormía; ya dormido sólo escuchabas cómo sorbía la saliva y nos reíamos de su disfrute. ¡Dejaba las almohadas llenas de saliva con chocolate!

- Bueno, entonces, ¿cuál va a ser tu promesa?

- Yo creo que la crema


alefonse@hotmail.com

 

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