Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclama los derechos universales e inalienables que corresponden a todo ser humano, independientemente de su nacionalidad, color de la piel, religión, idioma o cualquier otra característica o condición social, económica o política, todo ello estipulado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con lo que se buscó disminuir las desigualdades y promover los derechos humanos.
“En definitiva, ¿Dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa (…) Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana para defenderlos en nuestro entorno, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano.”
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En este contexto posterior a las grandes guerras de Europa había sucumbido, y los artistas, investigadores e intelectuales emigrado hacia América. El desempeño artístico se distinguió por el cuestionamiento, la confrontación, tendencias artísticas que en su conjunto se conocen como Segundas Vanguardias y se manifiestan desde 1942/1943 hasta 1968. Es un movimiento artístico que se mantiene ligado a la modernidad en cuanto a la experimentación y a la idea de generar shock en los espectadores, lo que se va a venir arrastrando desde las Primeras Vanguardias hasta la Posmodernidad.
Tanto el Informalismo como el Expresionismo Abstracto, por ejemplo, están delineados por la angustia y el miedo, sentimientos que corresponden a la crisis que una guerra mundial pudo generar. Los artistas cuestionaban que los avances tecnológicos solamente pudieran crear devastación y miseria.
Wolfgang Schulze Wols: El Fantasma Azul. 1951.
Los siglos XX y XXI se han distinguido por un arte contestatario y una cantidad de movimientos artísticos sin precedentes. Hoy en día el arte se utiliza también para manifestar un descontento social, para señalar y difundir una injusticia aprobada legalmente por la autoridad. Desde la posibilidad de uso de múltiples lenguajes se exponen discursos heterogéneos, con exigencias de contenido conceptual, por lo que no han sido pocos los artistas que se han incorporado a las demandas sociales.
En estos tiempos de visitas a exposiciones virtuales, podemos acceder a diferentes artistas e instituciones cuyas propuestas son un reclamo hacia los derechos humanos que hasta ahora se ven como mera utopía. Como ejemplo cito a Claret Vargas:
“Estamos en un momento de grandes desafíos para el movimiento de derechos humanos, en que se reconoce que los derechos humanos deben ser más interdisciplinarios y tener más conexiones con lo local: por eso los defensores de derechos humanos debemos integrar el arte de manera deliberada, junto con las ciencias sociales, a nuestra práctica”
Y varios sitios más donde podemos constatar que la participación social de artistas y no artistas se han involucrado en la defensa de derechos humanos. Digo “No artistas” debido a que, si bien no se reconocen como tales, su participación en la vía pública con pintas, con variedad de objetos, con demandas ilustradas en las vallas, han configurado elementos estéticos y han conseguido resignificar los espacios.
Mural en Buenos Aires Argentina