El lenguaje es una característica muy relevante para los seres humanos, y desde hace más de un siglo se han descrito dos áreas en el hemisferio izquierdo del cerebro: la primera relacionada con la comprensión de las palabras, localizada en la porción denominada temporal o área de Wernicke, tomando el nombre del neurólogo que la describió.
Por otra parte, existe otra zona cerebral en la región parietal inferior denominada área de Broca, la cual se encarga de elaborar la expresión oral del lenguaje. Independientemente de si eres diestro o zurdo, el 95% de los humanos tenemos al hemisferio izquierdo como dominante. Pero, ¿qué sucede cuando se aprende un segundo idioma?
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En un estudio reciente empleando magneto-encefalografía, esto es la medición de las ondas magnéticas que se generan por nuestra actividad eléctrica cerebral, se ha podido determinar que es una zona que abarca al lóbulo temporal anterior izquierdo, el que se encarga de la comprensión de ambos idiomas. De manera relevante se hicieron pruebas con verbos en modo infinitivo en ambas lenguas que usan caracteres similares como lo es el inglés y español, o dos que difieren en sus caracteres como coreano e inglés.
De manera importante al evaluar cuando los sujetos cambiaban de un idioma a otro obtuvieron que se activaban zonas muy cercanas del cerebro, lo que indica que el aprendizaje de un segundo idioma permite buscar una acción como por ejemplo caminar empleando de manera indistinta cualesquiera de los idiomas, lo que les da una ventaja a los hablantes de un segundo idioma, ya que hace un uso más eficiente del cerebro.
Desde hace un tiempo en los procesos educativos universitarios se ha puesto un énfasis cada vez mayor en el aprendizaje de una segunda lengua como un objetivo en la formación de los estudiantes. Argüimos que eso le da acceso a información importante, pues pueden participar en eventos internacionales e incluso hacer estadías en otros países. Ahora se agrega que el cerebro cambia y le proporciona una ventaja cognitiva. Esto implica que debemos exigir que nuestros alumnos hablen al menos una lengua además del español, y de ser posible una tercera lengua. Esto le dará ventajas al alumno no sólo de comunicación, sino de manera más importante en su capacidad intelectual.