Opinión
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4T, militarismo, golpe de estado y estado de excepción

Martes, Noviembre 30, 2021
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Es obligado hacer una distinción entre militarización, golpe de estado y Estado de excepción
Sociólogo, profesor investigador BUAP, especializado en sociología de la violencia y política. Doctor Honoris Causa por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Integrante del Comité Ejecutivo Nacional de Morena
4T, militarismo, golpe de estado y estado de excepción

El acuerdo presidencial de declarar de interés público y seguridad nacional las obras de infraestructura en comunicaciones, telecomunicaciones, aduanero, fronterizo, hidráulico, hídrico, medio ambiente turístico, salud, vías férreas, ferrocarriles, energético, puertos, aeropuertos y todos aquellos que sean prioritarios tiene un objetivo claro. Es una medida para neutralizar la estrategia de sabotaje judicial que la derecha ha efectuado con respecto a toda la obra pública de la 4T. El presidente Andrés Manuel López Obrador intenta ganar tiempo de esa manera para poder realizar las obras que forman parte de su proyecto de gobierno.

La derecha ha argumentado que esa medida provocará falta de transparencia en el manejo de los recursos financieros y administrativos de todas estas obras. El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) también ha levantado la voz en el mismo sentido. El INAI no tiene autoridad moral alguna, porque ha formado parte de la conjura de la opacidad neoliberal. En cambio el propósito del gobierno, no es la opacidad  que encubre corrupción. Se trata de una respuesta política al intento conservador de paralizar algunos de los proyectos más importantes de dicho gobierno.

Pero la derecha ha propalado otro argumento igualmente falaz. Ha convertido lo que es un acuerdo presidencial, que es una disposición administrativa, en un decreto. La diferencia entre acuerdo y decreto es que el segundo lleva la intención de convertirse en una ley. El acuerdo presidencial convertido en decreto en el discurso neoliberal (“el decretazo”), busca difundir la imagen de López Obrador como un dictador. Hay que recordar que etimológicamente la palabra dictador viene del latín dictator, es decir aquel que ejerce la potestad de dictare (decir, objetar, oponer, imponer, prevenir, advertir). El dictador ejerce su poder absoluto dictando órdenes o leyes a la manera que lo hizo el ateniense Solón (circa 638-559). Nada más lejos de  lo que hoy estamos observando con el gobierno de la 4T.

En un despropósito que va todavía más allá, la politóloga Denisse Dresser ha calificado el acuerdo presidencial publicado el 22 de noviembre en el Diario Oficial de la Federación, como un golpe de estado que convierte a México en un estado de excepción y que se une además a la militarización del país. El término “golpe de estado” a menudo es utilizado de manera abusiva haciéndolo extensivo a cualquier medida considerada ilegal. Pero, golpe de estado es la apropiación del poder político de un modo abrupto y mediante la fuerza y por lo tanto generalmente realizado por los que en una sociedad tienen las herramientas más poderosas de la violencia: los militares. No hay que confundir el golpe de estado con el motín, la rebelión o la revolución, mucho menos con la guerra civil. Mucho menos confundirlo con un acuerdo presidencial.

Igualmente, el Estado de excepción ha sido motivo de reflexión en la Ciencia Política y la Sociología y no es aplicable a cualquier situación. El Estado de excepción, nos enseña Gyorgio Agamben, es el acto del soberano por medio del cual deja en suspenso toda la legalidad del Estado excepto la que dimane directamente de sus dictados. El soberano se encarga de hacer preservar la legalidad pero mediante la excepción anula dicha legalidad y se evidencia que él puede estar por encima de la ley. Es una situación opuesta a la que se expresa en el precepto juarista de “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”

Agamben relaciona este concepto con el de Nuda Vida, aquella situación contemplada en la antigüedad romana mediante la cual a una persona por sus actos delincuenciales era castigado con el hecho de que podía ser asesinado sin que tal acto fuera considerado un crimen. En las dictaduras militares latinoamericanas, el Estado de excepción fue usado para legitimar y ocultar a la ejecución extrajudicial y la desaparición forzada. Opositores y subversivos fueron declarados en Nuda Vida. Desaparición forzada y tortura fueron expresión de la desaparición del Estado de derecho entre el torturador y el cuerpo y la mente de la víctima de tortura.

Igualmente tremendista se me hace hablar de la militarización de México cuando se refieren a la creciente diversificación de las actividades de Ejército y Marina. Como sobreviviente de la dictadura militar guatemalteca puedo hablar con alguna propiedad de ello. Podemos hablar de militarización de un Estado cuando las fuerzas armadas se convierten en el eje vertebral del poder político. Cuando el alto mando de las mismas controla el gobierno y el Estado. Cuando la mediación fundamental entre Estado y sociedad son las actividades represivas de carácter terrorista dirigidas y ejercidas por las fuerzas armadas.

No es militarización que las fuerzas armadas sean utilizadas para cumplir funciones diversas bajo la supervisión del poder civil. Ni militarización es que las fuerzas armadas estén cumpliendo funciones de seguridad interior en tanto que la Guardia Nacional termina de constituirse, lo cual está previsto para marzo de 2024. Es una falsedad de uso propagandístico, difundir la imagen de Andrés Manuel López Obrador como un dictador, que ya ha dado un golpe de estado, que propicia el Estado de excepción y que propugna una militarización que culminará en una dictadura militar.

Que comunicadore/as usen de manera descuidada todos los términos antes mencionados puede explicarse por ignorancia. Pero cuando politólogo/as egresados de universidades del primer mundo (considerado esto en los cánones neoliberales como sinónimo de excelencia académica) repiten tales barbaridades, pueden estar sucediendo dos cosas: mala fe producto de un encono político e ideológico o que no aprendieron bien lo que les enseñaron. Peor aún, que están enseñando mal lo que mal aprendieron.

 

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