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OPINIÓN

La verdad de Xochimehuacan

Rostros quebrados ante la pérdida de su propia vida, siguen en riesgo ante el temor de denunciar

Rafael Reyes Ruiz

Activista social dedicado a brindar ayuda integral a grupos de alta vulnerabilidad. Fundador de Fundación Madai, que apoya a niños con cáncer y sus familias. Miembro de grupos y colectivos de la sociedad civil. Escritor, articulista, conferencista. Desarrollador y promotor del emprendimiento social.

Miércoles, Noviembre 10, 2021

Se cumplía una semana de las explosiones. Las cintas amarillas de "prohibido el paso" nos marcaron el alto. Los oficiales del ejército, policía estatal y municipal sólo nos veían. Llegamos a la zona cero con dos camionetas cargadas de ayuda. Ya nos esperaban vecinos del lugar que fueron afectados.

Mientras acomodábamos las cosas que llevamos, la gente se empezó a formar. Se oyó la voz de alguien decir: "señora, usted no es de aquí, por favor váyase". Y entre la misma gente sacaron de la fila a tres personas que no habían sido afectados. Antes de empezar a repartir, les dije que llevábamos cosas, pero que también les llevaba un mensaje, en eso dije algunas palabras intentando dar aliento. Mientras hablaba, vi rostros quebrados, cargados de angustia y dolor. Vi también algunas lágrimas. Se empezaron a escuchar aplausos, y les dije que ese aplauso era para ellos, por aguantar, por no rendirse, por seguir de pie. Quisimos llevar algo, pero sin duda, quienes más recibimos fuimos nosotros.

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La gente, con más orden y disciplina que la que mostraban los uniformados, tomó lo que llevábamos. Puedo dar testimonio: nadie tomó de más, se repartían las cosas entre ellos de forma justa y equitativa. Pensamos que llevábamos mucho, pero ante la necesidad que hay, resultó poco.

Vi a un señor con rostro desbordado de tristeza, me acerqué a él, cruzamos miradas y sin decir una palabra le di un abrazo. Empezó a llorar. No supe qué decirle, solo me salió un "todo estará mejor amigo".

Su nombre es Miguel, perdió su casa. Ahora vive con unos parientes. Su respuesta a mi todo estará mejor fue lapidante:

"Le voy a decir la verdad de Xochimehuacan, amigo. Aquí hay muchas tomas clandestinas. Todos saben y así vivimos. Cuando alguien se atreve a denunciar, aún cuando dicen que es anónimo, a esa persona le va mal. Llegan los del huachicol y hacen sus movimientos y se van. Nos dejan con esta bomba de tiempo. Gracias por la ayuda, nos hace mucha falta, pero mientras no acaben con esto, el peligro siempre seguirá."

Seguimos pidiendo ayuda para los afectados. Si puedes sumarte, en verdad harás una diferencia. Hacen falta botellas de agua, cobijas, pañales, despensas. También ropa y zapatos, sólo que estén limpios y en buen estado. Puedes llevar tus donativos al centro de acopio de Fundación Madai ubicado en Calle Chietla 305, La Paz. Y si alguien quiere acompañarnos a dejar la ayuda, todos son bienvenidos.

 

Rescoldos

 

Recibí la llamada de una persona que tiene un puesto público diciendo que me uniera a la acción del gobierno para Xochimehuacan. La respuesta fue sencilla: NO. Y no es porque haya algo malo, sea indebido o algo negativo. Simplemente porque nuestra acción es ciudadana y así se mantendrá; aunado a que nosotros tenemos total transparencia en los recursos y donaciones que recibimos.

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