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OPINIÓN

Pelusha

De unos años a la fecha en muchos países se ha cultivado la cultura de la adopción de mascotas

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Noviembre 5, 2021

Habemos quienes amamos a los animales y tenemos por igual perros que gatos como parte importante de nuestra familia, ya que enriquecen nuestras vidas y son los mejores compañeros. Estos seres peludos, -como se les llama-, nos acompañan en el día a día, se sintonizan con nuestras emociones, y cuando llegan a faltar por una u otra razón, el duelo que vivimos es significativo. Pasado el tiempo, sanados de esa ausencia, buscamos un nuevo compañero, nunca de reemplazo, ya que cada uno tiene su propia manera de querernos.

De unos años para acá en muchos países se ha cultivado la cultura de la adopción de mascotas. Hay lugares especiales con personas dedicadas a recoger a estos seres que viven en la calle o han sido abandonados, quienes los levantan, los curan -en caso de tener problemas de salud- los bañan, los alimentan, los atienden, los ayudan a ser sociables con los humanos y otros de su especie, y están listos para encontrarles un hogar permanente, es toda una chamba.

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Lo primero que se requiere como dueño de un lugar de adopción de mascotas es amar a estos seres y estar dispuesto a lidiar con lo que se presente; tener un lugar amplio, limpio y techado para que los animalitos estén protegidos de lluvia y frío, tengan áreas calientitas para dormir, un espacio donde comer y beber agua, otro para que corran y uno más para cuestiones médicas y de salud. Estos lugares tienen varias modalidades: espacios individuales delimitados por rejas; espacios para varios de ellos; patios y jardines para la mayoría, o una combinación de las tres, independientemente del área veterinaria.

Recién visité a un amigo a quien le tengo un gran aprecio y admiración por su especial manera de vivir y de percibir el mundo. Él tenía una perrita que durante años lo acompañó en sus andanzas pero fue atropellada y murió. Lo dejé de visitar durante la pandemia y recién nos volvimos a comunicar. Al llegar a su casa vi una perro nuevo:

 

- Está lindo tu perro.

- Es perra.

- “Hola guapa” -le dije acariciándola.

- Guapas las mujeres, bonita la perra.

- ¿Cómo se llama?

- Pelusha.

- ¿Dónde la conseguiste?

- En el criadero de un amigo.

- ¿Cómo la elegiste?

- Llegué, estaban los perros y dije: “¡Anda súbete!” y ésta se subió, ¡y ya!

 

alefonse@hotmail.com

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