Releí uno de mis libros favoritos, ‘El Principito’ de Antoine Saint-Exupéry, y como en su momento de niña, me subyugó, aunque ahora me apeló hondamente cuando aparece el zorro y le habla al Principito de “domesticar”; y le enseña que es la forma con que se crean lazos, vínculos entre seres vivos, no sólo entre seres humanos sino con los demás seres vivos y sintientes que nos rodean y son significativos en nuestras vidas. Lo que importa es la cercanía, la constancia y puntual presencia y permanencia de nuestros afectos hacia el otro, dosificados en el tiempo y espacio con la persistencia de nuestro interés y disposición para dar de nosotros mismos para, por fin, como dice Mario Benedetti en su poema “Táctica y Estrategia”, ‘que por fin, algún día, me necesites’, para necesitarnos mutuamente.
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
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Siento añoranza porque no hace tantos años, nuestras actividades tenían un espacio y un tiempo definido, veíamos a las personas directamente a los ojos cuando hablábamos con ellas, cuando cerrábamos un trato o confesábamos nuestros sentimientos; no éramos personas ‘multitask’ realizando cantidades innumerables de actividades sin siquiera pestañear de un segundo a otro. Entonces, la vida no la hacíamos ir tan rápido como ahora, metiendo todo el acelerador con tantos dispositivos móviles como los que podemos manejar y controlar, saltando de compromiso a compromiso al sólo teclear un número o letra para cerrar un trato, lo mismo de trabajo, de encuentro social o de afectos que se multiplican con tantas personas como podamos recordar. Nos engañamos al pensar o percibir que estamos cerca cuando nunca hemos estado tan, tan lejos de nuestro propio interior y el del otro.
Para su y añoranza, este capítulo de ‘El Principito”:
Entonces apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el Principito que se volteó pero no vio nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el Principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el Principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el Principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa “domesticar”?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el Principito-. ¿Qué significa “domesticar”?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -dijo el Principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el Principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear lazos… ”
-¿Crear vínculos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú para mí todavía no eres más que un niño igual a otros cien mil niños. Y no te necesito. Tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros. Pero si me domesticas entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…
-Comienzo a comprender -dijo el Principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…”
¡Cuánto extraño necesitarnos…!
alefonse@hotmail.com