Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Un monstruo llamado cáncer

Los sueños de Lucy se mantienen, no obstante, la indiferencia social y el abandono en su salud

Rafael Reyes Ruiz

Activista social dedicado a brindar ayuda integral a grupos de alta vulnerabilidad. Fundador de Fundación Madai, que apoya a niños con cáncer y sus familias. Miembro de grupos y colectivos de la sociedad civil. Escritor, articulista, conferencista. Desarrollador y promotor del emprendimiento social.

Miércoles, Octubre 20, 2021

Lucy era una niña de 10 años de edad. Pertenecía a una comunidad indígena ubicada al sur de la ciudad de Puebla. Era una niña muy callada, pero tenía una hermosa sonrisa por demás elocuente. Cursaba el quinto año de primaria y aún con todas las carencias de su contexto, le echaba muchas ganas, siempre sin menguar esa elocuente sonrisa.

Un día en la escuela, durante la ausencia del profesor en el salón de clases, los niños y niñas empezaron a jugar. El juego se volvió desorden, llegando a una especie de caos. Entre empujones y útiles escolares convertidos en proyectiles, Lucy decide salir del salón. Su caminar a la puerta es interrumpido por un pupitre, que con una orilla le pega en la pierna. La niña recibe un golpe de tal magnitud que cae al piso. Entre el caos que no paraba, la pequeña se volvió un mar de llanto por el dolor. Al principio los niños hicieron lo que normalmente hacen: burlarse. Al ver que su dolor y llanto no pasaban, fueron por el profesor.

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"Es solo un golpe, al rato se le pasa". No hubo una revisión, un cuidado, nada.

El dolor disminuyó y Lucy fue cojeando a su casa. Los días pasaban y el dolor seguía. Nadie le dio importancia. El tiempo pasó y el dolor nunca se fue, al contrario, aumentaba. Al principio se pensó que quizá solo fingía para llamar la atención, o para no ir a la escuela o cumplir sus obligaciones; hasta que llegó el punto en que Lucy ya no podía caminar. La llevaron a una pequeña clínica que recién habían inaugurado en su comunidad, en donde les dijeron que la lesión se veía muy grave y que no podían hacer nada, que la llevaran al hospital de especialidad infantil.

El diagnóstico fue terrible: cáncer, osteosarcoma, cáncer en los huesos. Y peor, por la detección tardía, no había más remedio que amputar la pierna. Le juro a los lectores y lectoras que al recordar esto me llenó de lágrimas.

¿Quién tuvo la culpa? ¿El niño o niña que inició el desorden? ¿Quien empujó el pupitre? ¿El profesor por haber dejado solo al salón? ¿La genética de Lucy? ¿La pobreza en que vivía? ¿La desigualdad social? ¿El destino?

Al final, Lucy venció al cáncer. Un día me dijo: "Voy a estudiar don Rafa, voy a ser maestra, y maestra de historia". A esa niña, yo le quise dar un juguete, pero fue imposible no darle el corazón. De verdad, si el cáncer que le surgió a Lucy se hubiera detectado a tiempo, otra sería la historia. Ella no habría perdido la pierna.

No sé sabe a ciencia cierta por qué alguien padece cáncer; lo que sí se sabe es que cuando se detecta de forma temprana, es curable. Cuidarnos, fomentar la cultura de la prevención, revisarnos frecuentemente, sobre todo si existen factores de riesgo. Hagámoslo por quienes perdieron la batalla, por quienes lucharon y jamás se rindieron, por quienes ese monstruo llamado cáncer les arrebató la vida.

 

Rescoldos.

Sí, faltan medicinas para el cáncer, pero esto no es nuevo. Desde hace once años que existe Fundación Madai, me consta que siempre han faltado. No importa el gobierno que esté, el partido del cual venga o la ideología que tenga; los medicamentos oncológicos no deben faltar y deben ser gratuitos para los grupos de alta vulnerabilidad. Los diputados y senadores deben legislar para que esto sea una realidad, y nosotros como ciudadanía se los vamos a exigir.

 

@RafaActivista

rafaactivista@gmail.com

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