José necesitaba un coche. Mario, su amigo, le ofreció el de su yerno que no usaba. José checó el auto, estaba en buenas condiciones, documentos originales en orden y sin reporte de robo. Mario le pidió efectivo. José fue al banco, sacó dinero y, emocionado, pagó el coche. Mario le dio las llaves y le entregó la factura endosada por el yerno. José salió feliz manejando su auto como niño con juguete nuevo, hasta que un mes después, por la noche, de regreso a casa, ministeriales dentro de un automóvil, le hicieron la parada con el típico “oríllese a la orilla, oríllese a la orilla”, y se orilló. Sin salir del auto José presentó su licencia de manejo vigente y tarjeta de circulación en orden. Un ministerial le informó que el vehículo tenía reporte de robo, por lo que tendrían que llevárselo detenido junto con el automóvil.
En el Ministerio Público, José llamó a Mario para notificarle que el auto tenía reporte de robo. Mario le habló al yerno para que se presentara en el Ministerio Público, ya que un familiar de José le había llevado la factura original y seguía a su nombre. El yerno probó la propiedad del automóvil.
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Nadie sabía qué había pasado: checaron el Registro Público Vehicular (REPUVE) al hacer el trato y no había reporte de robo alguno. Pero fue en otro estado de la República que ‘alguien’ quince días después de la compra del auto, reportó el robo del vehículo a mano armada, misma fecha que José podía demostrar que estaba en una conferencia y el auto estacionado afuera, había grabación. Ese ‘alguien’ era mujer y joven por su fecha de nacimiento, y al escuchar el nombre de la afectada, por la reacción del yerno, tenía mucho que ver con él: ¿amante despechada?, ¿deuda no pagada?, ¿recién enterada que era casado?, ¿venganza por engaño? ¡Se hacen apuestas!
José, sin auto, sin dinero, gastando más para salir del tambo y demostrar que el auto no estaba el día; la hora ni el lugar que la susodicha dijo se lo habían robado, arrepentidísimo de no haber dado de alta el cambio de propietario, además pagando los platos que no rompió. El auto detenido, sin poder ser entregado porque el asunto está en otro estado: el yerno, guapo como artista, sudando la gota gorda para que ni su suegro, Mario, ni su suegra, ni su esposa, ni sus hijos se enteren de las graves consecuencias de sus líos de faldas; la mujer en otro estado de la República, sin llegar ni al primer ni segundo ni tercer citatorio para demostrar la propiedad del vehículo, además de confirmar el día, la hora y el lugar que dijo le robaron el auto a mano armada… y quizá lambiéndose los bigotes por su bien llevada venganza sabiendo que el yerno, nunca, nunca, nunca, procederá contra ella, porque si fue capaz de causarle tanto daño tras inventarse el robo del auto, que seguramente ella manejó durante mucho tiempo (por lo que conocía todos los datos del vehículo) y le quitaron por un pleito de amantes; ha mandado el mensaje que será mucho peor si va tras ella, cuestión que le permitirá ventilar todo lo que hay detrás…
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