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OPINIÓN

Pandemia, lluvias y sismos

No olvidar que más allá de los siniestros, la vida de muchas personas es en sí misma muy complicada

Rafael Reyes Ruiz

Activista social dedicado a brindar ayuda integral a grupos de alta vulnerabilidad. Fundador de Fundación Madai, que apoya a niños con cáncer y sus familias. Miembro de grupos y colectivos de la sociedad civil. Escritor, articulista, conferencista. Desarrollador y promotor del emprendimiento social.

Miércoles, Septiembre 8, 2021

Cuenta un chiste que en una banqueta estaba un señor indigente, no tenía piernas ni brazos, tenía un problema en la lengua, le faltaba un ojo y también tenía algunas llagas en el cuerpo; el señor estaba sobre una patineta. En eso, frente a él pasa una chica muy guapa, y el señor indigente le empieza a decir obscenidades. La mujer con enojo e indignación lo confronta y le dice: "Si sigue con sus groserías Dios lo castigará". El señor, con cara de resignación le responde: "¿Qué hará, me quitará la patineta?".

En mi labor como activista, al visitar comunidades de extrema pobreza, muchísimas veces he escuchado la frase: "ya no duele lo duro, sino lo tupido". En este momento basta echar un vistazo a las redes sociales para ver cómo entre memes y quejas, o quejas disfrazadas de memes, muchas personas hacen ver cómo nos toca enfrentar situaciones problemáticas de gran magnitud, que cual Santo Job, no termina una cuando ya empieza la otra.

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Se le atribuye al filósofo alemán del siglo XIX Arthur Schopenhauer la frase: “Pocas veces pensamos en lo que tenemos, pero siempre en lo que nos falta”.

El lunes 6 de agosto fui a la comunidad de Azumiatla, específicamente el barrio de San Nicolás, que está en el cerro al final de la población, la parte más pobre entre lo pobre. Ahí visité a Ana, quien es mamá soltera, su hija es discapacitada, su papá igual, sobra decir que viven en condiciones de extrema pobreza. También vi a Juanito, el hijo menor de Ana, que estaba descalzo. Le digo a Juanito con voz cariñosa: "campeón, si andas descalzo te puedes enfermar". El niño se me queda viendo sin decir nada y corre con su mamá. Con naturalidad le digo a Ana: "¿Por qué no trae zapatos, no le gusta?". Ella, con voz entrecortada y cabizbaja me responde: "porque no tiene."

Ufff. Imaginarán el nudo en la garganta que se me hizo. Guardé mis comentarios hechos desde el privilegio y me puse a pensar cómo podríamos ayudarles.

Sí, estamos viviendo situaciones muy complicadas, muy graves, pero el quejarnos o culpar a políticos no sirve de nada. No caigamos en eso de no pensar en lo que tenemos y solo en lo que nos hace falta. Sí, la vida puede ser muy dura, pero seguimos aquí. Trabajemos por los que vienen, honremos a los que ya no están.

Sigue y seguirá la pandemia. Usemos cubrebocas, mantengamos sana distancia, lavémonos las manos constantemente. Hay fuertes lluvias; no tiremos basura, limpiemos lo que nos toca. Un sismo es impredecible; pero podemos estar preparados con una maleta de lo básico e importante, y diseñemos planes con nuestra familia de qué hacer ante un siniestro. Y sobre todo, si podemos ayudar a alguien que necesite más que nosotros, hacerlo; quizá no podamos cambiar el mundo, pero sí podemos cambiar al mundo de una persona. Recordemos que hay casos como el de Ana y su familia, que más allá de la pandemia, las lluvias o los sismos, ya su vida en sí misma es muy complicada. Es una bendición ser el que puede ayudar, y no el que necesita la ayuda.

Rescoldos

Acabamos de iniciar una colecta de ropa, calzado, víveres, cobijas. Pueden ser cosas usadas, solo que estén limpias y en buen estado. Lo que tal vez tú ya no uses, a alguien le puede ser de gran ayuda. Puedes contactarme por medio de mis redes y te proporciono la dirección del centro de acopio. Cuando la necesidad es tan grande, no hay ayuda pequeña.

@RafaActivista

rafaactivista@gmail.com

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