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OPINIÓN

El Templo Mayor se desmorona

Se invierte en una maqueta, mientras el verdadero templo vive en el abandono y sin presupuesto

Elvia de la Barquera

Egresada de Antropología UDLAP, Bellas Artes Universidad de Barcelona y Doctorada en Espacio Público: Arte-Sociedad UB. Artista, investigadora, docente y Crítica de Arte con publicaciones varias

Viernes, Agosto 13, 2021

Eduardo Matos Moctezuma ha mencionado en repetidas ocasiones que no, Tenochtitlan no se fundó en 1321, pues nuestro gobierno se empeñaba en festejar los 500 años. El investigador Patrick Johansson cita al Códice Mendocino que ubica la fundación en el año 1 técpatl, ‘1 pedernal’ de la cuenta indígena (1324); así como a la Crónica Mexicayotl, que lo adjudican para 2 calli, ‘2 casa’ (1325), y el Códice Aubin, que sitúa tal evento en los años 1 ácatl/2 técpatl, ‘1 caña/1 pedernal’, es decir 1363/1364 del calendario cristiano.

Las fechas más recurrentes en las fuentes etnohistóricas son los años 1 pedernal y 2 casa, lo que sitúa a los mexicas regidos por la luna.  El Tenochtli (especie de nopal que crece entre piedras: tetl-piedra, nochtli-nopal) nació del corazón sacrificado de Copil (sobrino de Huitzilopochtli), razón por la cual el término mexica está relacionada con meztli (luna) o metl (maguey). De ahí el nombre de Mexico-Tenochtitlan. Así, no solamente se trata de datos o fechas, sino de significados, de relaciones con el cosmos, de simbolismos.

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El investigador Johansson dice al respecto de este acontecimiento histórico:

“Ahora bien, cualesquiera que sean las fechas atribuidas al portento, el hecho de que el águila “hiciera su morada” sobre el tunal indica que los mexicas ya habían encontrado el lugar de su asentamiento definitivo, lugar donde se manifestaba la unión entrañable de la tierra y el cielo, del agua y el fuego, de la Luna y el Sol, y donde, en última instancia, el Sol habría de imperar.”

Ya está lista la reproducción de uno de los edificios principales del Templo Mayor en la plancha de la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México, lo que resulta absurdo sabiendo que el sitio original se localiza a unos cuantos metros y sus condiciones actuales son deplorables. Mientras el techo que protege a los edificios principales se colapsó por una granizada; mientras el recorte presupuestal del 75 por ciento al presupuesto del INAH ha detenido los trabajos del Proyecto Templo Mayor, que diera inicio en 1978; mientras se ignoran a los vendedores de pueblos originarios que ofrecen sus artesanías en el centro de la Ciudad de México y les impiden el paso en las calles aledañas al zócalo; se habla de la conmemoración de 500 años de resistencia indígena.

Por su parte, la representante del gobierno federal, Ana Elizabeth García Vilchis, negó el recorte del 75 por ciento al Templo Mayor recientemente. Al respecto cabe mencionar números y fechas, ya que en la información que hace un año recabó Eduardo Bautista.

La incertidumbre es tal, que en espacios como el Museo del Templo Mayor, el recorte presupuestal se aplicó a inicios de julio pasado y lo dejó con apenas 36 mil pesos. “En el caso específico del Proyecto del Templo Mayor, en enero-febrero se nos autorizó un presupuesto de 150 mil pesos anual para compra de toda clase de insumos (desde herramientas, productos químicos, de conservación, informática y papelería). Ahora lo modificaron y tendremos 36 mil pesos, que corresponde exactamente al mencionado 75 por ciento de recorte”, afirma Leonardo López Luján, director del Proyecto.”

Información que desde entonces se ha repicado en otros medios.

“la continuidad del proyecto se encontraba en riesgo debido a la incertidumbre presupuestal derivada de las políticas de austeridad implementadas por la administración pública federal”.

“Siempre hemos trabajado con las uñas, en el filo de la navaja. Si despiden a alguien o si nos bajan más el poco recurso que tenemos, el proyecto ya ni siquiera es viable; bajo la cortina. Ya resolvimos lo urgente que vivimos durante el primer trimestre cuando no teníamos ningún recurso, pero ahora estamos en un momento sin buenas perspectivas por una austeridad que, creo, está mal entendida porque se está sacrificando a la ciencia.” (Leonardo López Luján)

Si realmente queremos sentirnos orgullosos de nuestro pasado, antes de exigir disculpas, tendríamos que dar, generar oportunidades de crecimiento, investigación, difusión, de todo aquello que tenga que ver con nuestro legado. En lugar de hacer una reproducción en fibra de vidrio, investir ese dinero en acciones de fondo, no en algo que perecerá y contaminará. Es una propuesta del todo superficial e infructuosa, no ayuda en nada al conocimiento de nuestra historia, ni mucho menos a la apropiación de nuestro patrimonio. Sólo ha movido a burlas.

Nuestros sitios arqueológicos tienen muchas necesidades, básicamente:

- Mantenimiento de la zona arqueológica
- Estudios de medio ambiente local
- Restauración de piezas arqueológicas
- Restauración y conservación de elementos arquitectónicos
- Exploraciones arqueológicas
- Investigaciones y trabajos de gabinete
- Servicios Educativos
- Curaduría y museografía
- Difusión

Con estas decisiones triviales está claro que la resistencia de los pueblos originarios durará unos cuantos años más, en esta ocasión en unión con los científicos e investigadores de nuestro patrimonio.

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