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OPINIÓN

Me he tragado un fantasma…

Los fantasmas son el anti-análisis, la anti-reflexión del sentido de la vida y la muerte

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Julio 22, 2021

Los fantasmas vienen solos de día o de noche. Aparecen con luz, sombras u oscuridad. Se revelan en toda la gama de colores, son insípidos y muy ruidosos; llegan sin avisar y absorben, sin consentimiento, la atención absoluta.  

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Los fantasmas son etéreos, juegan con los cuerpos y retozan en los sentidos; engañan las emociones, apelan al miedo, a las dudas, a las inseguridades escondidas y los deseos reprimidos. Se burlan del inconsciente clandestino y crean pánico al ser escondidos o desconocidos.

Los fantasmas seducen, son instinto, son atemporales; son esa parte recóndita que aprehende el inconsciente salvaje que quiere matar pero prefiere enloquecer. Es el delirio de la mente ante su propio poder de creación y destrucción; el monstruo que nos habita sin ser precisado. Es alcanzar el paraíso inverso desde la antípoda del infierno, el borde del limbo entre el cosmos y la catástrofe.

Los fantasmas son la mirada ciega que no pierde movimiento, el olfato insensible del ínfimo aroma, el sonido de lo no sonoro, la desapercibida presencia del que observa, la resonancia del silencio, el gusto desabrido, la insaciable meta, la ansiedad en naufragio, lo huidizo en celo.

Los fantasmas vomitan palabras engullidas; barajan significados omisos; precisan para liar; entorpecen para obligar; hacen infinitos los números vagos; son caricia espinosa, repugnante pero placentera, oscura pero necesaria.

Los fantasmas son la potencia irresuelta, la ambivalencia unívoca de la negación del sí y la afirmación del no; la metáfora directa al límite de lo inalcanzable. La humilde soberbia abismalmente escondida; es el ritual convexo, lo torcido que sale bien; la materia de la antimateria, el Quantum del límite.

Los fantasmas dominan en la incertidumbre, traen noticias de rendición y redención, y amenazan revelar las intenciones brillantemente negadas de la imaginación más oscura: son el despropósito del desacierto, la decisión inconclusa, la perturbación del infinito y la revuelta de lo eterno.

Los fantasmas son propios cuando parecen extraños; íntimos cuando se juzgan ajenos; internos cuando se sienten sobrantes; centrales cuando se creen periféricos; son nuestros cuando se juzgan extraños.

Los fantasmas son el anti-análisis, la anti-reflexión del sentido de la vida y la muerte, de la alianza de lo inmortal y lo pasajero: lo que somos sin reconocernos; el yo escondido que encubre lo desechado pero presente.

Me he tragado un fantasma…

alefonse@hotmail.com

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