El Diccionario de mexicanismos, de la Academia Mexicana de la Lengua dice:
Gandalla:
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1. Adjetivo. Referido a persona, que se aprovecha de alguien o se apropia de algo de manera artera. “Gregorio es un tipo muy gandalla”.
2. Sustantivo común. Persona que se aprovecha de alguien o se apropia de algo de manera artera. “Gregorio es un gandalla con todos sus amigos”.
Pero, en términos simples, ¿qué es ser gandalla?, ¿quién es un gandalla? Muy probablemente, al leer esas preguntas pensaron en alguien muy específico, con nombre y apellido; y si no lo hicieron, ahora lo hacen. Y es que sí, todos conocemos a alguien que es un o una gandalla.
El "gandallismo", si así se le pudiera llamar a la consecución de acciones gandallas, es algo negativo pero muy patético, pues no es un delito, no es algo penado por alguna ley. Es simplemente una acción que no es correcta, que es mal vista, pero que en la mayoría de los casos, aparentemente no tiene consecuencias.
Y sí, todos decimos que ser gandalla está mal… claro… mientras el acto gandalla no lo hagamos nosotros, porque, "¿qué tanto es tantito?", "es algo sin tanta importancia", "nadie se afecta gravemente".
Dijo un famoso personaje: "Los mexicanos tenemos la corrupción en el ADN". No quiero imaginar qué pensará sobre el ser gandalla, cuando todos en algún momento escuchamos la frase tristemente célebre "el que agandalla no batalla".
Cosas como: me paro un poco en doble fila, al cabo que no me tardo; subo el coche a la banqueta, si ni estorbo tanto; aparto un lugar en la calle con botes, es mi derecho. Y más pensamientos que llevan a justificar una acción que no es correcta y que va en detrimento de alguien más.
Y quizá eso de "traerlo en el ADN" no esté tan equívoco, pues ahora pareciera que, quienes exhibimos y reclamamos esas acciones gandallas, somos los que estamos mal. Desde el enojo e insulto de quien es exhibido hasta la indiferencia y hasta burla de quienes observan.
Pareciera que un "pequeño" acto gandalla no afecta a nadie, pero la realidad es que sí hay una grave afectación como sociedad. Se desarrolla una cultura donde esas acciones se normalizan, y tarde o temprano somos víctimas de ese gandallismo, en mayor o menor medida, pero invariablemente como un claro precedente de la corrupción que nos aqueja.
El que agandalla sí batalla, aun cuando no se esté consciente de ello. Cortemos esa deleznable cadena. Más y mejor educación, esa es la respuesta. Y no solo hablo de la educación académica formal, que es importantísima; hablo también de la educación que se da en la familia, que es indispensable.
Rescoldos
Ante un acto gandalla, el o los afectados siempre quieren justicia, ya sea el que se come el pastelito que guardabas en el refrigerador, o el alto funcionario que aprovechó su cargo para robar y beneficiarse… No me imagino a mi madre consultando a mi hermano y mis primos para saber si yo debía de reponer la mitad de pastel que me comí a escondidas.
@RafaActivista