Como en muchos otros aspectos, la cultura en México goza de una gestión centralizada, lo peor es que ese centralismo se replica en nuestro estado y en cada municipio. Podemos corroborarlo tan solo por los espacios disponibles para aprendizaje, desarrollo, producción y apreciación artística, por los espacios de esparcimiento familiar o personal, muchos de los cuales han ido desapareciendo durante diferentes administraciones, siendo la más depredadora la de Moreno Valle, que convirtió muchos de estos en oficinas burocráticas.
Además del desinterés de la clase política por la cultura, las ocurrencias han generado políticas culturales erróneas que castigan al público y a los creadores. Un claro ejemplo es el Teatro Popular José Recek Saade, del que ya hablamos en otro momento. Ahora creo pertinente retomar la voz de sus talleristas y extalleristas, y sus demandas, demandas, por cierto, que no son nuevas, pues siempre han trabajado en condiciones precarias, sin un documento que les afiance institucionalmente, sin un contrato que les otorgue alguna certeza laboral, sin material didáctico suficiente, con infraestructura mínima y sin mantenimiento en la estructura arquitectónica del edificio.
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El emplazamiento de este centro cultural es de mucha importancia y de gran interés social, ya que ahí convergen vecinos de El Alto, la Acocota y Xonaca. Al respecto, los ex talleristas entrevistados para esta columna resumen la realidad social de la siguiente manera:
- Elevada inseguridad en la zona.
- Alto nivel de desigualdad social.
- Falta de espacios de esparcimiento (culturales y artísticos).
- Falta de oportunidades laborales, lo que, por consecuencia, genera violencia patrimonial, económica y física.
- Falta de oportunidades para personas con capacidades diferentes.
- Falta de atención a personas con enfermedades mentales.
- Y daños generados por el desplazamiento de vecinos, debido a programas de gentifricación.
Este centro está gestionado desde el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, pero por ocupar el Antiguo Puente de Nochebuena, también tiene injerencia CONAGUA. Agregan los entrevistados que una constante es la incertidumbre en cada cambio de administración. Definitivamente la pandemia ha jugado un papel importante en el cambio de roles en este espacio, pues los antiguos talleristas se vieron en la necesidad de dar clases por línea, aunque el primer director del IMACP de esta administración (Miguel A. Andrade) solicitó videos tutoriales, lo que implicó trabajo extra no remunerado, de cualquier forma, dejaron de percibir sus pagos por parte del instituto. Esto fue una de tantas acciones que generaron problemas al interior del teatro, pues en enero de este año fue despedida la coordinadora y cuatro maestros renunciaron. Había una clara intención de cambiar toda la planta docente.
En resumen, las demandas de los talleristas y ex talleristas son las siguientes:
- El trabajo en conjunto y real de todas las instancias involucradas en el Teatro: IMPLAN, CONAGUA, IMACP, Secretaría de Cultura, Gerencia del Centro Histórico de Puebla y Cabildo para reconocer y proteger el espacio como un nicho de la cultura en Puebla, así como el valor de la comunidad que habita en él.
- Prestar atención especial a la infraestructura del espacio y dar verdadero seguimiento a la reparación de cualquier desperfecto que impida el uso de las instalaciones.
-Responder a las necesidades de la comunidad que se ha formado en el Teatro Recek independientemente de la intención de generar nuevos públicos.
- Apoyo a los maestros con herramientas y materiales necesarios, mobiliario, conexión a internet, entre otros.
Definitivamente agrego como necesidades:
- Restaurar el inmueble de forma inmediata, ya que se afectó por el sismo de 2017 y no ha recibido atención alguna.
- Dar Mantenimiento al espacio, adecuándolo a las necesidades de cada espacio.
- Mantener los talleres requeridos por el público e implementar nuevas opciones.
- Hacer estudios de población antes de la toma de decisiones para evitar ocurrencias.
En otras palabras, urge dignificación del espacio, dignificación laboral, dignificación social y dignificación cultural.
No podemos pasar por alto la importancia del arte durante la pandemia, ni su importancia para una mejor calidad de vida, para lo cual citaré la respuesta de los talleristas al respecto:
“El arte es fundamental ya que rompe con las brechas sociales en las que vivimos, genera comunidad que trabaja por el bien común, facilita canales de comunicación, de confianza, emplea el trabajo colectivo. La educación artística por su cuenta genera empatía y afianza los vínculos comunitarios, sobretodo en el caso de la educación no formal, en el que muchas formas de pensamiento y realidades sociales diversas convergen en un interés genuino de encontrar herramientas de expresión asequibles e incluyentes.”