Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Cuando estás enamorado, nada te consuela

Un hombre que el dinero le compró todas las mujeres hasta que, sin tenerlo, sintió

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Julio 16, 2021

Tenía 23 años, y novio; era la sobrina de la esposa del carpintero. Iba a fiestas familiares y ahí surgió el interés del hombre de 68 años hacia la muchacha y aparentemente de ella hacia él. El caballero era un hábil y reconocido carpintero desde joven; tenía prestigio al realizar trabajos finos, ser puntual en la entrega y ajustarse a las posibilidades de los clientes.

Al hombre se le conocía por ser ojo alegre y muy audaz al abordar a la dama que le interesara sin importar la edad, de dónde salía ni la relación familiar que tuvieran. Tenía ojo clínico para detectar a las mujeres que no se le negarían por una cierta cantidad de dinero, fuera que se dedicaran al trabajo sexual o bien que pensaran que un dinero extra, (“¡si de todas maneras cojo con mi novio!”) no les caería mal.

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Era un hombre solitario y en soledad; no sabía brindar afecto por lo que hizo del dinero su moneda de cambio; está por demás decir que la relación con su mujer no guardaba ni la más mínima apariencia en desamor, por lo que un día la esposa le pidió el divorcio y, en venganza, ella hizo público que un hombre de su religión le había confesado su amor le había propuesto matrimonio y se casaría con él, y en corto tiempo los papeles del divorcio quedaron firmados y lo sacó de su casa.

El hombre quedó solo en la carpintería como único hogar, dormía en un pequeño cuarto, y la sobrina, muy acomedida, al enterarse de la separación, lo empezó a visitar. Entre ellos surgió una relación donde él no dejó de intercambiar dinero por sexo, pero, se enamoró y ya no supo qué hacer. La muchacha casi vivía con él, de no ser por las exigencias del novio. Era un plan muy bien pensado y llevado a cabo por la pareja de jóvenes con el objetivo de sacarle al viejo el máximo dinero en el menor tiempo posible. 

Dicen que la avaricia rompe el saco, y la muchacha al ver que el tío le soltaba cada vez más dinero, pagaba sus más caros gustos y le transfería dinero para su más ínfimo capricho, pensó que entre más tiempo estuviera con él, mejor le iría y hasta se podría quedar con la carpintería y el terreno anexo, que también era del viejo. Pero no pensó en el novio, y que igual que la exesposa del carpintero, cobraría venganza. Los jóvenes llegaron a un acuerdo y la muchacha empezó a desligarse del viejo pidiéndole cada vez más, quien, a pesar de seguir trabajando con exquisitez la madera, no le alcanzaba y veía desaparecer sus instrumentos de trabajo y pertenencias. Dos años después los jóvenes con la cartera llena se fueron para no volver más.

Decepcionado el viejo enamorado de setenta años, cerró la carpintería y emigró a Tijuana donde un buen amigo, sabiendo de la exquisitez de su trabajo, lo invito a cambiar de aires, ¡y podría cobrar muy caro en la frontera! y donde quizá, entre la marabunta de mujeres de los bares, podría conseguir una pareja que lo hiciera olvidar. Ahí en Rosarito, ganando buen dinero y en dólares, aprendió que no es el dinero, porque cuando estás enamorado, nada te consuela.

alefonse@hotmail.com

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