El pasado 18 de mayo se vendió una escultura que prácticamente no existe, noticia que dio la vuelta al mundo y que ha provocado opiniones encontradas y calificativos como burla, estafa o ridiculez. Lo cierto es que el arte contemporáneo esta definido más por la idea, por el concepto, que por la forma. La estética actual radica en el soporte conceptual, no tanto en el soporte material, por lo que se hace necesario hablar del vacío, de lo invisible, de la inexistencia o de la inmaterialidad.
Lo curioso es que Io Sono (Yo Soy) no es la primera obra con estas características en la historia de la humanidad. Entre 1330 y 1335 se escribió un cuento moralizante español, recopilado en El Conde Lucanor por el Infante Don Juan Manuel, en dicha historia el rey es engañado por unos tejedores que dicen haber facturado una tela que es vista solamente por los hijos legítimos de su presunto padre, así que un bastardo, aunque a los ojos de los demás no lo sea, no podría ver dicha tela. De este se desprendieron varios otros cuentos alrededor del mundo, siendo el más popular el de Dinamarca escrito por Hans Christian Andersen titulado El Traje Nuevo del Emperador, publicado en 1837, en el cual el autor evita el tema del adulterio, para enfocarse en el orgullo, historia que se replicó en el ballet El Rey Desnudo de Jean Françaix. Estas y otras historias, emanadas de diferentes culturas, plantean un problema, comúnmente relacionado con poder/orgullo/soberbia; una actitud sumisa, encarnada por la mayoría de la población; y una reacción veraz, asumida desde la inocencia, pero confrontativa.
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En el arte contemporáneo, un artista que utilizó la inexistencia como obra fue John Cage con 4’33’’, se trata de una obra silenciosa en cuya partitura se han escritos los números I, II y III para indicar el inicio de cada movimiento, a manera de una sonata o una sinfonía, partiendo de que los elementos compositivos de la música son el sonido y el silencio. Esta pieza está definida por el tiempo y los pequeños sonidos aleatorios e involuntarios que pueden darse en cada representación, de ahí que el título sea un tiempo determinado y nada más. Cage hizo varios estudios y experimentos con el silencio, hasta descubrir que el silencio absoluto no existe, que siempre habrá sonidos, aún después de muertos.
Recientemente, los artistas Brainard y Delia Carey realizan obras de arte no visibles, jugando con el concepto de realidad y con la imaginación, de tal forma que el comprador recibe una ficha en la que se describe la pieza que ha adquirido, cuelga la obra en la pared y la explica a sus vistas. En 2011 Aimee Davison compró una instalación invisible titulada Aire Puro por 10 000 dólares para apoyar al arte naciente, lo que halló eco entre otros actores y se ha nutrido en las redes sociales. Aire Puro consiste en un tanque que contiene aire puro de las montañas ilimitadamente y se puede llevar a todos lados, no pesa.
Fueron estos artistas Carey los creadores del Museo de Arte Invisible que consiste en marcos huecos, peanas vacías, pero cédulas que describen cada pieza no existente físicamente.
Por otra parte, Io Sono es la escultura inmaterial de Salvatore Garau, artista conceptual procedente de Cerdeña que afirma:
“El vacío no es más que un espacio lleno de energía, incluso si lo vaciamos y no queda nada, según el principio de incertidumbre de Heisenber, de que la nada tiene un peso, tiene por tanto una energía que se compensa y se transforma en partículas, es decir, en nosotros”
Garau tiene proyectado instalar 7 esculturas invisibles en las principales ciudades del mundo, entre las que cuentas Afrodita Llora (Nueva York) y Buda en Contemplación (Milán). Siete porque el artista considera que es un número espiritual por excelencia, pues la espiritualidad es lo que considera más revolucionario.
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De estas manifestaciones contemporáneas puedo concluir que tal inmaterialidad plantea libertades: libertad del artista de crear y que esta creación no sea necesariamente física, y libertad del comprador en invertir en lo que quiera. Pero también de contradicciones, ya que lo ideal, si de vacío hablamos, sería que la cédula estuviera en blanco; asimismo, habrá que replantear el espacio ocupado por lo invisible, pues el espacio es delimitado por el artista, acotando con ello la libertad de imaginación del espectador, aferrándose a un soporte físico.
También puede ser que esta osadía sea el reflejo de un miedo a la exposición en público de un trabajo mal logrado, imperfecto, lo que es propio de la generación de cristal. Sin embargo sigue siendo una osadía, una confrontación .