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OPINIÓN

Odio de la OEA contra México (Parte ll)

Washington promueve sus intereses contrarios a una voluntad social ajena a toda intervención

Rodrigo Rosales Escalona

Periodista y analista político en medios locales y nacional, filósofo, docente en nivel superior, activista social, comprometido con la justicia.

Jueves, Junio 17, 2021

Para Estados Unidos y sus halcones en cada presidencia de la República, obedecen al New Deal (Nuevo negocio, en inglés), es decir, conforme a grupos económicos y financieros poderosos, continúan en su política de expandir y controlar países para incrementar su poder económico, así sea someter, invadir o imponer gobiernos que se apeguen a sus intereses.

 

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“...Es imposible que la (Santa) Alianza extienda su sistema político a cualquier parte del continente americano sin que sea una amenaza para la paz y para nuestra felicidad. Es inconcebible, también, pensar que nuestros hermanos del sur, en caso de que tuvieran libertad de acción, aceptarán ese sistema. Es igualmente imposible que nos quedemos cruzados de brazos frente a tal situación”.

 

PRESIDENTE MONROE

“E.U. Parece destinado por la providencia para plagar América de miserias en nombre de la Libertad”.

 

SIMÓN BOLIVAR

En Buenos Aires, Argentina, se efectuó el Consejo de Defensa Centroamericano (CONDECA), representado por el general John Ballantyne, subayudante del secretario  de Estado de E. U para asuntos interamericanos Robert Gelbard y parlamentarios argentinos, donde el general Balllantyne exigió “comprensión y respaldo de “los amigos latinoamericanos” en la “cruzada” que libra en defensa de la “democracia y de la libertad de nuestro modo de vida cristiano. Si los luchadores por la libertad llegan a ser derrotados, caerán bajo el dominio de los comunistas no sólo Nicaragua, sino también Honduras y El Salvador, toda América Central. Luego llegaría la hora de México, y cuando éste cayese bajo la bota de los rojos, también nos veríamos amenazados nosotros, puesto que el comunismo estaría a las puertas de E. U. no creo necesario explicarles que luego llegaría el turno al resto de América Latina. Y esto no lo podemos consentir...”

La OEA es el antecedente de la OTAN, de acuerdo a la Guerra Fría y la Doctrina Truman, donde la hegemonía de Estado Unidos en el Hemisferio Occidental había alcanzado su apogeo. Cualquier arbitrariedad quedaba justificada con la necesidad de “combatir al comunismo internacional”, en especial, en Latinoamérica.

Así pues, queda claro que la OEA es un producto de la ‘Guerra Fría’. Washington se dio prisa para incorporar a su tinglado político-militar. No es casual que impuso a la OEA como su representante directo, donde nuestros países simplemente se someten “sobre la conservación y defensa de la democracia en América”, obligando a todos los países americanos a “intercambiar información” sobre “actividades comunistas en el Hemisferio Occidental, reconocer a la OEA el derecho a interferir en los asuntos de los países bajo pretexto de hacer frente al “peligro comunista”.

La OEA fue moldeada por Washington como pajarera neocolonialista, separada del resto del mundo en lo político, lo ideológico y lo económico a su vez, con un sino tan falso como es la “defensa” de la democracia, la soberanía y la no injerencia, que en primer lugar responde a los intereses imperiales de E.U.

El mito de la “solidaridad interamericana” es de larga historia. Su naturaleza la desclasificaron los cerebros más progresistas de América Latina, situando en los años veinte, en Madrid apareció un libro titulado ‘Estados Unidos contra la libertad’, del entonces diplomático e historiador mexicano Isidro Fabela, en donde pone de relieve la lucrativa naturaleza de la política norteamericana en América Latina, basada en la “doctrina Monroe”. Él escribía: “... la diplomacia hispanoamericana no ha sabido o no ha podido penetrar profundamente y resolver con oportunidad el  problema de su porvenir internacional frente a frente de Europa y de Estados Unidos. En otros términos, la diplomacia hispanoamericana ha hecho, y sobre todo está haciendo, lo contrario de lo que debería hacer: en vez de afianzar más y más las relaciones mercantiles y políticas con Europa y Asia, las estrecha cada día más con Estados Unidos, sin detenerse a pensar que mientras más hondos sean los compromisos sellados y los intereses que se creen con esa nación, mayor será el peligro en que se encontrará la América española frente a la República del Norte, porque las exigencias de este país serán tanto mayores cuento mayores sean los capitales que finquen sus nacionales en Hispanoamérica. Al contrario, si los lazos se estrechan con las naciones europeas, éstas nos servirán de contrapeso en un momento dado, porque al defender sus intereses, podrán ser nuestras aliadas contra las agresiones de los Estados Unidos. Precisamente eso es lo que trata de evitar la diplomacia de E.U, al alejar a Europa de América, hasta el grado de no tener entorpecimiento alguno en su expansión continental”. Isidro Fabela. Estados Unidos contra la libertad. Madrid, 1920, págs. 113-114

Perdón por la extensión de la cita, pero es la realidad permanente en nuestros países, donde hay cómplices del capitalismo criollo y apátridas oligargas dentro de distintos gobiernos, en especial, de Miguel de la Madrid a Enrique Peña Nieto, que cumplen o tratan de cumplir al pie de la letra tal política de sometimiento imperialista.

La política de nuestro país se apega a la Doctrina Estrada, bueno, hasta que los sexenios tecnócratas la eliminan, para poder congraciarse al New Deal, emitiendo contrarreformas constitucionales paso a paso desde Salinas de Gortari, hasta perfeccionar con Felipe Calderón y Peña Nieto, recurriendo a la compra de voluntades con legisladores del PAN, PRI y PRD (2013-2014), con el supuesto ‘Pacto por México’. Con Vicente Fox, es donde más clara la postura arrogante y falta de moral se ancla hacia los intereses del imperio. Que nos están costando caro y catastrófico para nuestra soberanía.

Tendría que ocurrir en Venezuela, con la presidencia de Hugo Chávez, donde el imperio norteamericano ve sus intereses corren peligro, reafirmando una vez más, su planteamiento original: protegerse así sea sometiendo países. Sin embargo con Nicolás Maduro, y la pretensión de desarticular su soberanía, la política de Washington es el de imponer a una supuesta disidencia encabezada por Juan Guaidó. Una de las cosas más llamativas de la proclamación de Juan Guaidó como "presidente encargado" de Venezuela ha sido el respaldo absoluto de Norteamérica.

Inmediatamente le expresó su apoyo el gobierno de Estados Unidos y tampoco tardó en reconocerlo como jefe del Estado el llamado "Grupo de Lima", aunque con un gran ausente: México.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador anunció que sigue reconociendo a Nicolás Maduro como el legítimo presidente de Venezuela. Y es que aunque con Enrique Peña Nieto, México trabajó para convencer a otros países de que abandonaran el apoyo al gobierno de Maduro, López Obrador retomó la política exterior de no intervención.

Esa había sido la norma de oro que orientó la política exterior de México durante la mayor parte del siglo XX, la doctrina Estrada, que aunque fue dejada de lado, ahora está de vuelta.

Así, por ejemplo, México fue el único país de América Latina que no rompió relaciones con Cuba durante la crisis que llevó a la expulsión de la isla de la Organización de Estados Americanos en 1962.

"En la práctica, la doctrina Estrada se materializó en el hecho de que México no expresaba su postura respecto a la calidad del gobierno contraparte, en términos de si era democrático o no. México no establecía adjetivos en ese sentido", señala Juan Pablo Prado Lallande, profesor e investigador sobre Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Puebla, en conversación con BBC Mundo.

"Eso era justamente para no interferir en los asuntos internos de otro Estado pero con el objetivo principal de ser tratado con reciprocidad. Ahí está la clave. Es una doctrina espejo: lo que yo hago es lo que solicito y espero de otros", agrega.

Y es que la Doctrina Estrada surgió como una operación de diplomática defensiva que trataba de librar a México de la necesidad de buscar el reconocimiento de gobiernos extranjeros, algo que era práctica habitual a inicios del siglo XX pero que resultaba costoso para los países débiles pues con frecuencia tenían que hacer difíciles concesiones a las grandes potencias.

El imperialismo norteamericano  y el nacional jamás perdonó a Evo Morales hacer frente a los estragos del neoliberalismo, y que nacionalizara los recursos naturales de Bolivia el 1 de mayo de 2006, tan sólo tres meses después de tomar posesión, y convocara a una Asamblea Constituyente que otorgaba derechos como nunca en la historia a las mayorías sociales, al sujeto indígena originario campesino.

Una vez más, México brinda total apoyo en la hermana república, muy a pesar de que se enfrenta a E.U y su herramienta la Organización de Estados Americanos (OEA). Tal como Eduardo Galeano escribía que la historia de América Latina es la historia del saqueo de sus recursos naturales, parece innecesario subrayar que también es la historia de la injerencia estadounidense sobre su patio trasero. Injerencia mediante golpes de Estado, pero también mediante mecanismos de dominación como la Organización de OEA; una organización que tiene responsabilidad directa en el golpe no sólo por omisión, sino por acción, manipulando a la opinión pública nacional e internacional sin presentar una sola prueba de fraude, tan sólo las irregularidades propias de cualquier proceso electoral, y que de ninguna manera variaban el resultado final de la misma: la victoria de Evo Morales y el Movimiento al Socialismo por más de 10 puntos de diferencia sobre Carlos Mesa. También en algún momento habrá que depurar responsabilidades sobre quién al interior del gobierno boliviano empujó para aceptar como vinculante una auditoría de la OEA y Almagro, que es lo mismo que decir del Departamento de Estado estadunidense, ante un escenario de retroceso de la integración política latinoamericana, donde los cipayos locales de EU han destruido la Unasur y vaciado la CELAC.

Marcelo Ebrad, titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México acusó a la Organización de los Estados Americanos (OEA), el 18 de marzo del presente año,  de intervenir en los asuntos internos de los países miembros, tras la declaración del organismo sobre un supuesto abuso de los mecanismos judiciales por parte del Gobierno de Bolivia.

En un comunicado de prensa, la Cancillería mexicana pidió a la Secretaría General de la OEA “atender la naturaleza colegiada de su mandato” y, en concordancia con el derecho internacional, “no intervenir en los asuntos internos de los Estados miembros” del organismo.

México emitió este posicionamiento tras el polémico comunicado de la Secretaría General publicado el pasado lunes, en el que el organismo acusó a Bolivia de usar los mecanismos judiciales como “instrumentos represivos del partido de Gobierno”. El texto se conoció en el medio del procedimiento penal contra la expresidenta de facto Jeanine Áñez, y sus principales colaboradores, por el caso del golpe de estado contra Evo Morales, perpetrado en noviembre de 2019.

Al respecto, la Cancillería mexicana instó a la Secretaría General de la OEA, y a su titular, Luis Almagro, a abstenerse de realizar “pronunciamientos unilaterales” a nombre de toda la membresía.

Además, México llamó al organismo a “evitar confrontarse con un Gobierno electo democráticamente como lo es el de Bolivia”. En ese sentido, la SRE advirtió que el comunicado de la Secretaría General “sienta un peligroso precedente” para una Organización creada con el propósito de buscar el “consenso”.

En esta misma línea, el Grupo de Puebla conformado por presidentes, expresidentes y líderes progresistas de América Latina, señaló que Almagro carece de “autoridad moral” tras el papel que cumplió la Misión de Observación Electoral del organismo, durante los comicios de octubre de 2019, y en la preparación de un informe que sirvió para justificar una segunda vuelta electoral, a partir de una denuncia de fraude que nunca fue demostrado.

Además de perseguir judicialmente a un centenar de personas del círculo cercano de Morales, Áñez enfrenta acusaciones por su presunta responsabilidad en las matanzas ocurridas en Senkata, Sacaba, Montero y la Zona Sur de La Paz, entre noviembre 2019 y noviembre de 2020.

Tras la declaración de la Secretaría General de la OEA, la Cancillería boliviana denunció el “doble rasero” utilizado por Almagro, al utilizar un discurso sobre derechos humanos para “favorecer a los intereses particulares y políticos que representa”, mientras que no se pronunció en su momento ante “las gravísimas violaciones de derechos humanos cometidas por el Gobierno de facto, que abusó de su poder para perseguir, torturar y asesinar” a sus enemigos políticos.

Aprovechando la oposición de la derecha tripartita (PAN, PRI Y PRD), comandada por el empresario Claudio X. González, de intentar combatir al gobierno de López Obrador en el proceso electoral, elementos del PAN, incluido su dirigente Marko Cortés, recurrieron al gobierno norteamericano para acusar al presidente de impedir la democracia en las elecciones. Cabe aclarar que antes, el organismo Mexicanos Contra la Corrupción e Impunidad, que pertenece a X. González, recibe dinero de la organización norteamericana USAID con fines “democráticos”. El gobierno mexicano insistió en que la Embajada de Estados Unidos aún no ha emitido una respuesta por el financiamiento a organizaciones encabezadas por opositores políticos.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, dijo estar dispuesto a que observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA) supervisen las elecciones intermedias de junio próximo, pero enfatizó que no permitirá ninguna actitud “injerencista”.

“Nosotros estamos abiertos para que vengan observadores a las elecciones. Desde luego no vamos a permitir ninguna intromisión que afecte nuestra soberanía. Eso ya lo saben en la OEA, en la ONU y lo saben en todos lados”, dijo el mandatario mexicano.

La respuesta del presidente Biden consistió en continuar enviando dinero a esta organización y a medios de comunicación, para “motivar la democracia y combatir la corrupción”. El rostro de Washington sigue siendo el mismo, promoviendo sus intereses mediante aliados económicos y políticos, contrarios a una voluntad social anhelante de soberanía y democracia ajena a toda intervención. El hecho de que México reinicia su política nacional de la Doctrina Estrada, es un fardo a enfrentar contra enemigos internos y externos.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

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