Odio de la OEA contra México (Parte l)

Jueves, Junio 10, 2021 - 16:11

La doctrina Estrada que fue ‘norma de oro’, fue dejada de lado por gobiernos neoliberales

Periodista y analista político en medios locales y nacional, filósofo, docente en nivel superior, activista social, comprometido con la justicia.

Recordemos que México ante el mundo, donde los problemas políticos y sociales en cada país, así entre naciones deriven en algún conflicto, se ha expresado en las garantías de los ciudadanos, donde no cabe la injerencia de un país para imponer sus intereses.

Nuestra historia Patria, parte de diversas intervenciones extranjeras como la norteamericana o la invasión francesa en el siglo XIX, donde Benito Juárez pronunció:

Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.

La frase fue enunciada por Juárez el 15 de julio de 1867, con la entrada triunfante de su gobierno en la Ciudad de México, una vez derrocado el Segundo Imperio Mexicano con el fusilamiento del emperador Maximiliano I.

Tras la captura y el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo, lo cual supuso la derrota del Segundo Imperio Mexicano, Juárez entró triunfante y pronunció un manifiesto, que entre otras ideas contenía la famosa frase:

"Mexicanos: encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajo sus auspicios, será eficaz la protección de las leyes y de las autoridades para los derechos de todos los habitantes de la República. Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz."

Algunos historiadores indican que Juárez pudo haberse inspirado en los escritos de Immanuel Kant. En su ensayo titulado “Sobre la paz perpetua” (1795), el filósofo prusiano escribió:

“La injusticia cometida se ejerce únicamente en el sentido de que no respetan el concepto del derecho, único principio posible de la paz perpetua.”

Así como Juárez, Kant no fue el primero en reflexionar sobre uno de los puntos claves de la moral universal. Desde Santo Tomás de Aquino hasta John Locke, pasando por Benjamin Constant de Rebecque, muchos pensadores han subrayado la importancia del respeto mutuo como base fundamental del contrato social.

Al ser una de las frases más icónicas de la historia de México, también se presta a la crítica. El novelista Jorge Ibargüengoitia escribió en Excélsior, “Por supuesto que la paz es el respeto al derecho ajeno, en eso todos estamos de acuerdo. En lo que nadie está de acuerdo es en cuál es el derecho ajeno.”

El punto es que, en México se le adjudica esa máxima al Benemérito de las Américas, la cual resume una idea que pretende regir la libre y pacífica convivencia de las personas y los países.

Ante el conflicto de la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias, cada país involucrado directa o indirecta en el conflicto bélico, crea como precursor de las Naciones Unidas, la Sociedad de las Naciones, organización concebida en similares circunstancias durante la primera guerra mundial y establecida en 1919, de conformidad con el Tratado de Versalles, “para promover la cooperación internacional y conseguir la paz y la seguridad”.

Situación que México, retomando el pensamiento de Juárez, promulga la doctrina Estrada y colocó los principios de libre autodeterminación de los pueblos y de no injerencia en los asuntos internos de otros países como elementos rectores de la diplomacia de México, en 1930. Esta práctica, que posteriormente fue consagrada en la Constitución Mexicana.

La Organización de los Estados Americanos (OEA), en sus antecedentes del siglo XIX, lo ubicamos del sistema interamericano al Congreso de Panamá, convocado por Simón Bolívar en 1826. Sin embargo, recién en 1889 los Estados americanos decidieron reunirse de manera periódica y comenzar a forjar un sistema común de normas e instituciones. Entretanto, se celebraron conferencias y reuniones que intentaron dar origen al sistema, pero, ante los intereses de países europeos de expandir capital económico y presión político militar en nuestro continente, fue la Doctrina Monroe del gobierno de Estados Unidos la que desencadenó el proceso que ha continuado ininterrumpidamente hasta hoy día. La Primera Conferencia Internacional Americana tuvo lugar en Washington, D.C., del 2 de octubre de 1889 al 19 de abril de 1890.

Como respuesta de la Organización de Naciones Unidas (ONU), con el supuesto de contar con un organismo que establezca un foro político en donde nuestras naciones americanas contemos con un mecanismo de toma de decisiones propias, ante cualquier injerencia fuera del continente, para el 30 de abril de 1948, nace la OEA.

La Doctrina Monroe una vez más se impone, porque el fin de la Segunda Guerra Mundial genera un nuevo panorama geopolítico entre dos fuerzas políticas, económicas y militares: el bloque capitalista y el soviético, que se enfrentan en la llamada ‘Guerra Fría’.

En el mundo, los efectos negativos de la gran guerra es el incremento de pobreza y marginación en el mundo, sobre todo en países subdesarrollados como el nuestro, donde el imperialismo invierte capital logrando plusvalía para sus arcas capitalistas, condición que no va a permitir injerencia alguna de la URSS. Al mismo tiempo, tenemos que la revolución China, que inicia principios del siglo XX, se extiende hasta 1949, el impacto de preocupación para los socios capitalistas es mayor.

En América Latina, la agitación de las clases sociales en contra de dictaduras se enmarca a fines del siglo XIX, resaltando nuestra Revolución Mexicana. En el continente, la lucha de clases cunde contra el capitalismo. Siendo que el imperio norteamericano no permitiría presencia de agitación ni de sublevación social al otro lado de su frontera.

La OEA es la respuesta de control, donde México siempre postuló el pensamiento de Juárez como postulado de soberanía y dignidad entre los pueblos; punto que para los gringos es lo de menos, mientras sus intereses económicos no sean afectados.

Frente a las dictaduras latinoamericanas, la postura de la OEA fue marginal, siempre y cuando Estados Unidos así lo autorizara, porque la ola de dictaduras desde Haití, Dominicana, Cuba, de Guatemala a Argentina mediante golpes militares contra gobiernos democráticos, careció de una aplicación real de sus postulados por la que fue creada y al contrario, volteó a otro lado.

Al momento en que luego de la revolución cubana, ésta da un giro al socialismo, y Estados Unidos dispuso expulsar a Cuba de la OEA.

Cada movimiento social y luchas sociales en el continente fueron cruelmente reprimidas, donde líderes sociales y pueblo, padeció asesinatos, prisión y ejecución por parte de los dictadores o gobiernos apegados a los intereses norteamericanos.

En el siglo XXI, nuevos aires democráticos, donde los pueblos exigen ya no gobiernos de derecha que mantienen excluidos a los ciudadanos de sus derechos constitucionales y humanos justos, que enfrentan al neoliberalismo que castra a los pueblos por una tecnocracia que margina o excluye servicios sociales en diversos géneros en sus gobiernos, además de la tendencia de privatizar soberanías, negando el derecho a una vida digna, los reclamos se traducen en votar por gobiernos congruentes a sus reclamos.

El clamor social no coincide con dichos intereses excluyentes de democracia justa, por lo que se emprende por minar o generar movimientos derechistas paramilitares contra la voluntad popular, imponiendo gobiernos de derecha. Complacientes a los intereses norteamericanos. Si a pesar de ello son elegidos presidentes que corresponden al clamor social, son denunciados de antidemocráticos, populistas, hasta de socialistas y comunistas, mediante la propaganda del miedo y odio.

México, siempre se apegó a la Doctrina Estrada, aun así no sea respaldado por países hermanos en la OEA hasta en la ONU, porque la apariencia democrática es eso, simple apariencia.

Cuba y Nicaragua fueron y son, sobre todo Cuba, un punto de rechazo y reprobación norteamericana ante su política social y defensa de su soberanía contra el capitalismo salvaje, donde la OEA se sumó a la imposición capitalista de ser expulsada de dicha organización, donde México se mantuvo apegado a los documentos doctrinarios de la OEA para garantizar soberanía y respeto ante las naciones. Punto que despertó malestar norteamericano.

Repito, golpes militares y dictaduras en nuestro continente, no tuvieron una postura digna de la OEA, al contrario, tenue con mínima voz, sin llegar a motivar se enoje el poder gringo.

La OEA asume una postura retrógada como incongruente, al sumarse a las denuncias de países como Brasil, Colombia, Ecuador, Bolivia, contra Venezuela desde que Hugo Chávez asume el poder, porque es diametralmente opuesto a la doctrina capitalista norteamericana y, pésimo ejemplo para los demás países. Luego de su fallecimiento, lo sucede Nicolás Maduro, con un mismo operativo en su contra.

Como contra respuesta a la política ‘populista’ del chavismo con Maduro, se hace nacer un títere llamado Juan Guaidó, como “presidente encargado” por el gobierno norteamericano. Donald Trump en todo su gobierno procuró derribar al chavismo por todos los métodos, recurriendo a intervención de mercenarios. El punto es que Trump dio dinero a Guaidó para financiar a los mercenarios. Ante el mundo, Trump procuró denostar al gobierno venezolano, y así como contra Cuba, impide a Venezuela ejercer su derecho de soberanía en todos los sentidos. Condición similar en otros países de la región que sus pueblos buscan legitimar su derecho con un gobierno que responda a sus demandas, contra gobiernos e intereses derechistas.

La OEA frente a México

La doctrina Estrada, la vieja práctica diplomática de México que la política exterior de AMLO y cómo afectó a Venezuela y al mismo Guaidó, la proclamación de Juan Guaidó como "presidente encargado" de Venezuela, donde la administración norteamericana vendió el respaldo internacional que tan rápidamente cosechó.

Inmediatamente le expresó su apoyo el gobierno de Estados Unidos y tampoco tardó en reconocerlo como jefe del Estado el llamado ‘Grupo de Lima’, aunque con un gran ausente: México.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador anunció que sigue reconociendo a Nicolás Maduro como el legítimo presidente de Venezuela.

Y es que aunque con Enrique Peña Nieto, México trabajó para convencer a otros países de que abandonaran el apoyo al gobierno de Maduro, López Obrador retomó la política exterior de no intervención.

Esa había sido la norma de oro que orientó la política exterior de México durante la mayor parte del siglo XX, la doctrina Estrada, que aunque fue dejada de lado por gobiernos neoliberales desde Salinas de Gortari, con la administración de López Obrador está de vuelta.

Las muestras de su recuperado vigor comenzaron a hacerse evidentes, por ejemplo, con la decisión de desmarcarse de la línea mayoritaria del Grupo de Lima y seguir reconociendo a Maduro.

Ya antes, AMLO había invitado al presidente Maduro a su toma de posesión.

Ese gesto significó una clara ruptura con la política que venía aplicando Peña Nieto, quien durante la última etapa de su gobierno, México había sido uno de los países que había impulsado a través del Grupo de Lima una postura más dura ante el gobierno de Maduro al que cuestionaban.

La confirmación oficial de la renovada vigencia de esta práctica diplomática llegó en una comparecencia del subsecretario mexicano para América Latina y el Caribe, Maximiliano Reyes Zúñiga, ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de ese país.

El alto funcionario fue preguntado expresamente sobre la vigencia de la doctrina Estrada, especialmente ante "la práctica de autoritarismo y violación constante de derechos humanos" por parte de los gobiernos de Venezuela y Nicaragua. Esta práctica diplomática surgió inicialmente como una táctica defensiva para evitar la indebida injerencia extranjera en los asuntos internos mexicanos.

A inicios de este siglo, con la presidencia de Vicente Fox del Partido Acción Nacional (PAN), México puso a un lado la doctrina Estrada.

Con la llegada del PAN al poder, un partido que tiene en su doctrina promover valores del orden liberal, se modificó esta práctica diplomática lo que afectó las relaciones con Cuba.

En el gobierno de Felipe Calderón se modificó la Constitución y se incluyó como un principio de la política exterior de México, la defensa de la democracia y la promoción de los derechos humanos, aspecto que fue para justificarse ante los ojos del mundo, porque en la práctica, no ocurrió.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx


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