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OPINIÓN

Soy metrera

Descansen en paz las 25 víctimas mortales del colapso del Metro de la mal llamada Línea Dorada

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Mayo 6, 2021

Soy metrera. Ando en Metro siempre que voy a la Ciudad de México (CDMX). Me encanta porque llego rápido a donde tengo que ir y en muchas ocasiones tengo la suerte de poder decidir las horas no-pico e ir más cómoda; pero aún apretujada con otras mujeres en horas pico siempre hacemos equipo ayudándonos a empujones a abrirnos paso para entrar y ya en el vagón hacer huequito para acomodarnos incluso casi encimadas, y al salir abrir el paso.

Ir en Metro es lo mío porque es muy entretenido observar a las mujeres que aprovechan el tiempo de traslado para maquillarse, ya que valiéndose que vamos encaramadas y casi inmóviles, les permite tener más tino para pintar la rayita o las pestañas y ponerse chapitas.

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Subir al Metro es una gran necesidad para la mayoría de las personas en una ciudad tan grande como la CDMX y zonas conurbadas. Para quienes no vivimos allá ni tenemos necesidad de hacerlo de manera cotidiana y menos en pandemia, es toda una experiencia por el privilegio de observarnos los unos a los otros y al aguzar los sentidos, suceden cosas mágicas.

También me gusta porque soy consumidora de chácharas y aunque está prohibido a los ambulantes entrar a vender, nadie les puede prohibir trasladarse con mochilas y se las ingenian para sacar sus mercancías al no faltar quién les compre: paquetes de agujas e hilos para coser, pastillas y chicles para el aliento, libros de crucigramas y sopas de letras, y todo tipo de productos por cinco o diez pesos.

Me es inolvidable un día en horario relajado que me tocó asiento junto a una mujer que iba muy entretenida haciendo su sopa de letras. Después de checar cuántas estaciones me faltaban para llegar a mi destino, de metiche la espié de reojo. Ya entrada en gastos, dejé de fingir y de plano me puse a verla descaradamente y le susurré: ¿se vale soplar?, y sin levantar la mirada, con pluma en mano, asintió con una sonrisa cómplice y nos pusimos a terminar la página y siguió otra y otra y otra hasta que al llegar a su destino, se despidió, guardó su pluma, cerró su libro, se levantó y salió moviendo su mano en señal de adiós. Lo mágico es que más personas a nuestro alrededor estaban muy atentas a la sopa de letras comunitaria.

El 4 de mayo por la noche supe del colapso del puente de la Línea 12 del Metro de la CDMX en la avenida Tláhuac. Como en película rápida vi pasar en mi mente los miles de rostros de las personas con las que me he topado en el Metro: quienes me he sonreído, a quienes he cedido el asiento o me han cedido el suyo, a quienes les he cargado sus bolsas cuando voy sentada o me han cargado las mías; quienes me han dado instrucciones de cómo llegar a mi destino, en fin… ¡el Metro es un universo entero!

Somos tantos y tantos miles de millones de personas que hemos usado el Metro de la CDMX que saber de los difuntos y heridos en esta desgracia, ¡el número que sea!, te hace sentir una gran tristeza por la pérdida de personas de la gran comunidad que diario se juega la vida yendo y viniendo en el Metro en sus labores cotidianas, y que en un instante de manera espontánea tratan de resolver la vida en una sopa de letras sentados o parados junto a ti.

Descansen en paz las 25 víctimas mortales del colapso del Metro de la mal llamada Línea Dorada. Que sus deudos encuentren serenidad en este caos y la manera de seguir adelante; que nuestros dolientes, porque son nuestros y son todos, sepan que somos comunidad por todos habernos cruzado alguna vez en persona, en miradas o en pasos, en esa red de pasillos y trenes que es todo un universo ¡y es nuestro!

Descansen en Paz

 

alefonse@hotmail.com

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