La narrativa política del ex presidente de la unión americana, Donald Trump, se baso en aludir al sentimiento de odio para generar un ambiente de polarización. En sus mensajes, la discursiva estaba centrada en ¨buenos y malos” en el “nosotros y ellos”, y todos aquellos que no formaban parte del sistema de creencias que representaba Trump, eran asociados con concepciones negativas. Como ejemplos: Los migrantes, “el virus chino”, los medios de comunicación que criticaban su gestión, entre otros muchos conceptos de “los otros malos” y el “nosotros buenos”.
La estrategia resultó en despertar a todos aquellos habitantes de esa nación que habían sido marginados o bien, no tomados en cuenta. Habitantes que viven con seguro de desempleo, habitantes que asimilaron el mensaje de que los “otros” eran culpables de su situación actual, particularmente el odio se centraba contra los migrantes. Otro ejemplo, es la narrativa que aludía a “China” como el responsable de la pandemia, no era casualidad que lo nombrara “el virus chino”.
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Este tipo de estrategias, no son únicas del exmandatario, se utilizan para realizar campañas de contraste. Sin embargo, recientemente hay liderazgos que en la narrativa política ponen particular énfasis en la polarización, aludiendo a sentimientos negativos, concretamente la ira y el odio. Funcionó y es probable que, si la pandemia no se hubiera presentado, su estrategia hubiera resultado efectiva en las pasadas recientes elecciones.
El triunfo de Joe Biden sobre Trump, refleja varias aristas de lo que acontece en el clamor social. La pandemia aceleró los cambios de manera abrupta en todo el mundo y a Trump no sólo se le olvidó la pandemia, sino que la negó.
La ciudadanía siempre demanda resultados, pero generalmente antepone las emociones a la razón, entre otros motivos, porque la cotidianidad los absorbe y la vida pública y política sólo demanda su atención en periodos electorales. Las elecciones en Estados Unidos confluyeron en medio de una pandemia, y la cotidianidad, que generalmente absorbe a los ciudadanos en su esfera privada, es una cotidianidad de realidades compartidas: contagios, enfermos, muertos y una situación económica nada fácil para el mundo entero.
Entre otros cambios que aceleró la pandemia, fue el uso de la tecnología y las redes sociales, estas últimas han generado como nunca, una era de la inmediatez. Así que la demanda ciudadana, bajo circunstancias de salud y económica precarias, son la demanda inmediata, la realidad nos alcanza, incluso nos rebasa. De tal manera que, negar la pandemia cuando es justo la pandemia el epicentro de la realidad cotidiana, fue un grave error de Trump.
Y nos deja algunas lecciones de lo que no se debe hacer, bajo las circunstancias actuales (léase la pandemia) porque no sólo carecen de ética sino de pragmatismo político:
La ciudadanía, reitero, siempre quiere resultados, aunque pueden esperar un siguiente periodo de gestión para que sus anhelos se materialicen, sólo que ahora estamos en la era de la inmediatez, por lo tanto, los resultados son demandados más que nunca.
Por lo tanto, toda política pública y estrategias de comunicación política e institucional deben girar en torno a la pandemia. Economía y salud deben ir de la mano, no son entes separados. No es tiempo de albergar promesas que serán imposibles de cumplir. Hoy más que nunca, la realidad nos alcanza.
Y la realidad ahora, para todos, es la pandemia junto con las consecuencias en salud y economía. A Trump se le olvidó la pandemia, la negó y es imposible en estos momentos, negar la realidad cuando es compartida por todos los sectores de la sociedad. Uso la división como mensaje en su relato político. Joe Biden volteó a mirar la pandemia, a las mujeres, a los latinos, a los afroamericanos. Usó la unión como mensaje político. Así que, por un lado tenemos la negación y la ineficacia en la gestión (con Trump) y por otro, la expectativa que genera certeza con un sello de eficacia (con Biden) el resultado, estimadísimo lector, usted ya lo conoce.
El “el tiro de gracias” fue nombrar a Kamala Harris en su fórmula y ahora es la primera mujer y afroamericana en tomar protesta como vicepresidenta de una potencia mundial. El mundo reclama no división, no racismo y no prejuicios. La conquista de espacios por parte de las mujeres en la vida pública también es de los cambios que aceleró la pandemia.
La política y sus mensajes siempre están basados en la lectura de la realidad, los políticos narran lo que la ciudadanía siente. ¿Tenemos un mundo colmado de ciudadanos que están hartos del odio y reclaman amor e inclusión? Es probable, aunque utópico, me parece que la respuesta es que la realidad pesa más que el espectáculo de políticos con relatos atractivos para la mayoría de un sector. Me parece que, la poca eficacia de relatos que provoquen polarización recae no en la bondad ciudadana, recae en que la ciudadanía está más preocupada y ocupada en una realidad que pesa y que ha traído consecuencias negativas no en la mayoría de un sector sino en todos los sectores. Por lo que el epicentro continuará siendo la pandemia y sus graves consecuencias.
Twitter: @AlesandraMartin