La relatoria especial de la ONU ha calificado a la violencia de género y a los feminicidios como un “pandemia ignorada”. No es desconocido, ni de extrañar, que el COVID-19 ha acrecentado la violencia intrafamiliar en todas partes del mundo. De acuerdo con la ONU; 14 de los 25 países con mayor violencia de género se localizan en América Latina y uno de cada dos feminicidios fue ejecutado por la pareja sentimental.
A decir del INEGI, la ONU y el Observatorio Ciudadano Nacional Contra el Feminicidio, para el 2017, el 66.1% de las mujeres mayores de 15 años que había en México (30.7 millones) había enfrentado algún tipo de violencia, ya sea en casa, en el centro de estudio, en el trabajo o en la calle. Para ese año se contabilizaron entre cinco y siete mujeres asesinadas por día. Actualmente –de acuerdo con observatorios civiles- hay 11 mujeres asesinadas por día en el país, cifra que no concuerda con los datos emitidos por los organismos gubernamentales.
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A nivel estatal, el Observatorio de Violencia Social y de Género de Puebla (www.iberopuebla.mx) ubica a este estado en el quinto lugar a nivel nacional en muertes por feminicidio, con 58 víctimas en 2019.
La sociedad se ha manifestado desde diferentes trincheras, con instituciones independientes de derechos humanos, organizaciones de la sociedad civil, grupos de mujeres y grupos académicos que se han organizado para establecer observatorios y organizar la cuantificación de víctimas, entre otras tareas.
El arte también ha tomado un papel activo ante estos hechos, en diferentes partes del mundo. Por ejemplo, en Inglaterra se estableció la “City of Women”, un nuevo mapa para el metro de Londres, acción encabezada por Emma Watson y la escritora Reni Eddo-Lodge, para renombrar a las 270 estaciones del metro con los nombres de mujeres que han tenido alguna ingerencia en la historia de la ciudad. Estas nuevas denominaciones tienen la finalidad de darlas a conocer y con ello revalorar el papel de la mujer en la historia local.
Uno de los ejemplos más emblemáticos tuvo lugar en Ecuador a finales del 2020, donde el Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Humanos y Género realizó el siguiente performance acompañado del texto:
Fuente: Performance en Ecuador. CEPRODEG EC.
“Así nos encuentran.
Así.
En bolsas, como si fuéramos un pedazo de mierda.
Como si fuéramos un montón de basura.
En Bolsas.
Desmembradas, descuartizadas, violadas, quemadas, rotas, llenas de sangre.
En nuestros cuerpos tenemos las manos de un novio, de una expareja, de un amante, de un padre, de un amigo, de un vecino o de uno que ni conocemos. Manos que nos rompieron en mil pedazos.
Cerrá los ojos e imaginate a tu vieja en esa bolsa.
A tu hermana.
A tu amiga,.
A tu novia.
Feo y doloroso, no?
Somos las voces de todas ellas.
Somos las voces de todas,
y no nos callamos más.”
Dayana Jiménez
En México, en el 2018 se llevó a cabo “Estado de Emergencia”, acciones a desenvolver en cada sitio donde se perpetró un feminicidio en la Ciudad de México, esta actividad estuvo encabezada por Lorena Wolffer, quien invitó a Ma. Laura Rosa (Argentina) y a Jennifer Tyburczy (Estados Unidos), que, en coordinación con varios artistas y colectivos, llevaron a cabo performances y talleres en lo que llamaron Puntos de Dolor y Resiliencia, abriendo, así, espacios al diálogo, a la empatía, a la solidaridad y al reclamo de justicia.
En 2011 se conformó el colectivo Fuente Roja en la Ciudad de México, en donde se invitan a artistas de diferentes partes del país. También se organiza el colectivo Bordando por la Paz y la Memoria: una víctima, un pañuelo, movimiento que se replicó en Monterrey, Guadalajara y Puebla en 2012 y que dejó de funcionar hace dos años, pero que llegó a congregar a más de 50 participantes para bordar conjuntamente en el espacio público, siempre señalando personas perdidas y exigiendo justicia. Desgraciadamente la violencia ha ido creciendo en Puebla a pasos agigantados. Una artista activa en estos colectivos y en permanente comunicación con observatorios ciudadanos es Rosa Borrás, quien ha estado bordando por la paz desde hace 11 años y cuyas piezas (sobretodo pañuelos) involucra, además, técnicas como el grabado, y son exhibidas en manifestaciones públicas, en la calle, al lado de amigos, parientes, madres, hermanos que protestan y exigen justicia.
Durante las últimas décadas del siglo pasado, la acción de bordar cayo en desuso, Borrás utiliza el bordado no solamente con una finalidad plástica de crear nuevas y diferentes texturas o de agregar colores, sino que, más importante aún, de mostrar empatía, apoyar a los dolientes con el nombre y/o la imagen de la víctima en un pañuelo. Así, Rosa, además da una nueva valoración al bordado, resignificando el ser mujer y revalorando una actividad doméstica.
Pero, como supondrán, hay más artistas en acción, por lo que sugiero visiten la página: https://artecontraviolenciadegenero.org/?cat=4&snap=EFGH