La ilusión de la meritocracia

Jueves, Diciembre 17, 2020 - 10:18

Cuando dicen la frase “son pobres porque quieren”, no hay inclusión ni empatía

Activista social. Emprendimiento. Escribidor. Apasionado de las letras enamorado de la vida, y viceversa.

Don Egidio, un albañil de 52 años, vive en la comunidad de San Andrés Azumiatla, todos los días se despierta alrededor de las 4 de la mañana, hace el quehacer de su casa pues su esposa está enferma y ella no puede. Don Egidio se prepara para salir a su jornada; un baño rápido pues el agua está muy fría, se pone una ropa desgastada que él mismo ha remendado, come lo que haya, cuando hay. Sale de su casa antes de que salga el sol, toma un camión de transporte público y se dirige a la obra en la que trabaja. Ahí, está una jornada de 8 a 10 horas, mezclando, cargando, construyendo. Al final del día, le dan sueldo, 150 pesos. Ha hecho esta actividad al menos los últimos cuarenta años. Don Egidio es un señor honrado, trabajador, que se esfuerza día a día por salir adelante.

La señora Tomasa, acaba de cumplir 57 años, vive en la Junta Auxiliar de Resurrección, todos los días se despierta a las 4 de la mañana. Limpia su casa, que aún cuando es muy humilde, luce impecable de pulcritud. Hace la comida para su familia, ella come un poco. En un costal que está roído, hecha todo o que necesita para su trabajo del día: masa, botes con salsas, cebollas, platos, servilletas, entre otras muchas cosas. Carga un comal mediano que está pandeado, carga también con un mechero y un pequeño tanque de gas. Con todo eso se sube a un microbús que la lleva hasta un lugar cerca del centro de la ciudad donde pone su puesto de memelas. Alrededor de las 5 de la tarde levanta su puesto, limpia bien el lugar, y vuelve a casa con los pesos que obtuvo ese día, sabe que le quedarán unos 150 de ganancia, quizá menos. Pocas personas tan honradas como la señora Tomasa, tan trabajadoras. Cuando le pregunté desde cuando se dedicaba a eso, con una sonrisa me respondió: “Ay joven, ya ni me acuerdo, empecé de ayudanta de mi mamá cuando era chiquilla”.

¿Alguien podría decir que la señora Tomasa o don Egidio no han hecho méritos en su vida? Los hacen, y muchos, todos los días. Son ejemplo de integridad y trabajo. Ambos viven en pobreza. Y así como estos casos, hay miles… millones.

Cuando escucho la frase “son pobres porque quieren”, siento una especie de ironía de la vida. Regularmente, quien la dice, lo hace desde el privilegio. Desde la ilusión de la meritocracia, donde se cree que se obtiene lo proporcional al esfuerzo que se realiza y méritos que se hacen. Falso de toda falsedad.

La meritocracia, la mayoría de las veces, es una ilusión mental que suelen usar las élites para justificar su posición de privilegio. Y al ser esta idea algo que permea en toda la estructura social, tiende a verse como una verdad absoluta, que ya no solo la creen las mismas élites que la implantan, sino la generalidad de la gente.

El día que todas las personas, todas, tengan las mismas oportunidades desde que nacen y a lo largo de su vida, podremos hablar de meritocracia. Ahora no. No cuando hay millones de personas que nunca podrán ingresar a una escuela. No cuando hay millones de niños que vivirán toda su niñez con anemia por no tener comida suficiente. No cuando hay gente que por más que trabaje honradamente nunca podrán tener una buena calidad de vida.

Espero que no se malentienda esta columna, no es un reclamo por las oportunidades que nos tocó tener, es un llamado a la empatía, a la inclusión social y a ser generadores de oportunidades para que la brecha social que vivimos sea casa vez menor. Saber que el esfuerzo de todos es importante, pero que hay una gran diferencia entre ayudar en un juego de golf y trabajar como albañil o memelera desde la infancia.

Empatía, solidaridad, subsidiaridad, generosidad, inclusión social, educación… solo así podremos aspirar a una sociedad más justa y digna. Hagamos lo que esté en nuestras manos para lograrlo. Ayudar es un privilegio, agradezcamos la oportunidad de hacerlo cuando se nos presente.

 

Rescoldos.

Estamos en los últimos días de la Colecta de Abrazos 2020 de Fundación Madai. Si puedes unirte donando una mantita, contáctame. Se les entregan a niños en condición de alta vulnerabilidad. No pretendemos acabar con su pobreza, solo buscamos darles un cálido abrazo, y que sientan que no están solos. Únete, es fácil, económico y con el mayor impacto: su sonrisa.

 

Rafael Reyes Ruiz

@RafaActivista

rafaactivista@gmail.com

 


Encuesta