Si alguien, para mí, es un ejemplo de disfrute de vida y fe infinita es Rafa Moreno Valle Sánchez. Siempre y ante todo está el Ser Supremo a quien se encomienda en silencio, con total entrega, devoción, íntegra esperanza y confianza sin permitir que la duda asome por lado alguno.
Rafa sabe que las cosas del alma se llevan por dentro; no son para dar lecciones a los demás ni para mostrar al mundo externo --por más exquisito y señorial que sea--, y tampoco se nombran: se viven con intensidad desde y hacia dentro, lo que sin quererlo él, termina siendo un ejemplo que muestra su certeza interior.
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Rafa no se asume como maestro espiritual; si acaso algo espera de cada uno quienes lo rodeamos, en ese ámbito, es que cada cual encuentre y labre su propio camino interior sabiendo que es un viaje silencioso y solitario, que nunca es el mismo y que es personal.
El mutismo de Rafa en cosas del espíritu va más allá: en alguna ocasión que le pregunté al respecto, tuve como única respuesta su mirada --que hay que saber leer, entre leer y des leer—que cultivó en mí la certeza interior que tenemos el mismo Dios, aunque nos acerquemos por caminos, formas y tiempos diferentes.
Rafa: hoy, con todo respeto y cariño, te acompaño y me uno a todos quienes te amamos, para pedir a nuestro mismo Dios, nos permita permanecer juntos en este mundo para celebrar la vida, seguir disfrutándola y continuar labrando nuestro camino espiritual.
Te estamos esperando…
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