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OPINIÓN

EUA: nuevo presidente

El liderazgo norteamericano no es el mismo que el del siglo pasado. Nuevos horizontes.

Fidencio Aguilar Víquez

Es Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV).

Lunes, Noviembre 2, 2020

Los Estados Unidos de (Norte) América conforman uno de los países más poderosos del mundo. H. Kissinger ha señalado que, así como en siglos anteriores España, Francia, Austria e Inglaterra tuvieron su siglo de franco dominio sobre el globo, los Estados Unidos lo han tenido a lo largo del siglo XX. Sin embargo, en el siglo XXI el escenario muestra -sigue escribiendo el excanciller norteamericano- un mundo pluripolar y no unipolar (como parecía tras la caída del Muro de Berlín). Esas nuevas potencias serían, además de Estados Unidos y Europa, China, Japón, Rusia y con toda probabilidad la India (1).

O. Paz, por su parte, señala varias zonas de la influencia norteamericana en el mundo y en la región. En primer lugar la zona del Pacífico: Japon, China, Filipinas, Hawai y, quizá también, la India. En segundo lugar, su alianza con Israel y sus intereses en el Medio Oriente y en África del norte. Igual tiene intereses que difícilmente dejará en Irán, Afganistan y Pakistán. Pero sobre todo, en tercer lugar, sus intereses en América Latina; “su interés primordial vuelve a ser nuestro continente. Es un regreso al principio.”(2).

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Con la conducción del actual presidente, Estados Unidos parece haberse peleado inclusive con sus aliados. M. Vargas Llosa ha señalado cómo Trump ha reclamado a los países de la OTAN que no incrementaran sus gastos de defensa para que ésta no dependiera “sólo de la contribución norteamericana.”(3) No sólo eso, además, continúa el Nobel peruano, ha declarado que su político extranjero más admirado es Vladimir Putin, con lo que no ha hecho más que mostrar que el país norteamericano ha perdido conducción y liderazgo en la política internacional, particularmente en Europa Occidental.

El manejo de la pandemia que ha llevado a cabo la administración Trump no la coloca en los mejores términos de políticas públicas en beneficio de los ciudadanos estadounidenses (casi un millón de contagios y más de 231 mil fallecidos, nunca serán buenas cifras), si a esto se añade la situación económica y sus efectos, sobre todo en sectores vulnerables, puede ser determinante en la elección de mañana (hoy). La polarización también ha hecho lo suyo y, al contrario de lo que ocurrió en 2016, hoy nadie adelanta nada ni se quiere equivocar, como pasó en ese año, en los pronósticos electorales.

Vea, amable lector, lectora, el siguiente párrafo de uno de los comentaristas sobre temas internacionales; no es una confusión de sintaxis, sino realmente una bruma que muestra exactamente lo que se mira:

“Si los encuestadores están equivocados y el Presidente Donald Trump gana las elecciones de mañana, algo que no parece muy probable, pero puede suceder, agárrense fuerte: veríamos un giro a los extremos en ambos partidos mayoritarios de Estados Unidos.”(4).

O sea, sí pero no. Parte el comentarista de una hipótesis: “si los encuestadores están equivocados y gana Trump”. Pero enseguida advierte: “algo que no parece muy probable”. Y termina por dejar la duda (que él mismo tiene y no se atreve a confesar): “pero puede suceder.” Es natural que nadie se aventure a declarar ganador, máxime cuando hace cuatro años la gran mayoría de la comentocracia buscaba justificarse para sostener que, de una u otra manera, ella había advertido que el actual presidente iba a alzarse con la victoria.

Los electores norteamericanos ya conocen y han probado a la administración trumpista. Incluso los mexicanos podemos adivinar qué pasaría si vuelve a ganar el actual presidente norteamericano respecto al presidente mexicano y su gobierno. De hecho, por lo que se ha visto, la administración lopista tendría un entendimiento con la norteamericana, como lo ha tenido a la fecha: retención de los migrantes centroamericanos, colaboración en seguridad y en temas de narcotráfico, y una diplomacia de sumisión y similitud: en los hechos doblegarse y en el discurso la polarización.

Lo que valdría la pena preguntarse es: ¿qué pasaría si gana el candidato demócrata? ¿Cambiaría la política internacional? ¿Qué rumbos tomaría el equilibrio de fuerzas y de intereses entre las potencias? ¿Centraría el nuevo gobierno nuevamente sus ojos en América Latina como un aliado natural para enfrentarse con los gigantes asiáticos? ¿O, por el contrario, volvería a ver, como en el pasado, un botín de recursos bajo una nueva lógica, la del siglo XXI, “a río revuelto…”?

No sé por qué, pero este escenario trae a mi mente al protagonista varón de Lo que el viento se llevó, Rhett Butler, y su capacidad para sobresalir en medio de la guerra civil y del desastre (5). Y, sobre todo, de esta novela, me impresionan las charlas recurrentes de los señores y las señoras acerca del momento de crisis que estaban padeciendo:

“Las señoras se lamentaban mucho de lo cara que estaba la vida y preguntaban a los caballerros si les parecía que volverían los tiempos de antaño. Estos, que lo sabían todo, respondían que sí que era una simple cuestión de paciencia. Las señoras sabían muy bien que ellos les mentían y éstos no ignoraban que ellas no se dejaban engañar. Pero no por ello dejaban de mentri de buena fe los unos, ni las otras de fingir que lo creían. Todo el mundo sabía que los tiempos difíciles no habían terminado.” (6).

En efecto, son tiempos recios (como a la que alude una novela del citado Vargas Llosa), y delante no nos queda sino un camino que, como ahora a los norteamericanos, deberemos resolver con elecciones libres y pacíficas el próximo año. Veremos, como aquéllos también, si aprendimos la lección.

 

Referencias bibliográficas:

(1) H. Kissinger, La diplomacia, FCE, México, 1ª. ed. 1995, 1ª reimp. 2004, p. 18.

(2) O. Paz, Pequeña crónica de grandes días, FCE, México, 1ª. ed. 1990, 7ª. reimp. 2018, pp. 41ss.

(3) M. Vargas Llosa, “Un tiro en el pie”, Piedra de toque, Reforma, 1/nov/2020, p. 14.

(4) A. Oppenheimer, “¿Y qué pasaría si gana Trump?”, Informe Oppenheimer, Reforma, 2/nov/2020, p.14.

(5) Las palabras de Butler son estas: «Se puede ganar tanto dinero en la destrucción de una civilización como en su construcción». M. Mitchell, Lo que el viento se llevó, Zeta (Narrativa extranjera), Barcelona, 2007, p. 581.

(6) Ib., p. 705. 

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