La historia del templo de “La Compañía” -como se le conoce coloquialmente- comienza el 14 de abril de 1578, cuando el Cabildo de la ciudad de Puebla solicitó al Provincial de los jesuitas de la Nueva España fundar un colegio, el 9 de mayo del mismo año se les otorgaron los terrenos y unos años después el señor Don Melchor de Covarrubias hace una donación y se convierte en patrono de esta institución educativa que llevaría el nombre de Colegio del Espíritu Santo (1587), sus escudos se encuentran a un lado del altar como patrono y fundador, al morir heredó sus bienes a la Orden y sus restos fueron enterrados en la antesacristía del templo.
En ese entonces se construyó un templo pequeño, es hasta el siglo XVIII que se contrató al arquitecto barroco José Miguel de Santa María (cuyos restos también se enterraron en este inmueble) para diseñar y construir el templo que ahora tenemos; se pidió al vecino de enfrente ceder una parte de su predio para formar una plaza a manera de atrio. La bendición del templo se llevó a cabo el 28 de febrero de 1767, unos meses antes de la expulsión de los jesuitas de la Nueva España, quedando bajo la custodia de administradores nombrados por el cabildo eclesiástico. Con permiso del cabildo de la ciudad se construyó el pórtico, sobre el cual se encuentra el coro y sobre el que se construyeron las dos grandes torres, terminadas en el siglo XIX que enmarcan la portada principal en donde se encuentra, entre otras esculturas y relieves, el escudo de la Compañía del Santísimo Nombre de Jesús, enmarcado por ramas de vid y laurel. Durante la colonia, La Compañía fue el único templo con dos torres altas en la ciudad, además de la Catedral.
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La sacristía del templo es uno de los ejemplos mejor conservados del barroco, con mobiliario de madera trabajado con hermosos relieves y pinturas al óleo realizadas en el s. XVII por el maestro José Rodríguez Carnero, pintor que reorganizó el gremio de grabadores y pintores de la ciudad de México y de Puebla, que realizó los lienzos de la Capilla del Rosario, lienzos para el Colegio de Jesuita de Tepotzotlán y quien al morir también fue enterrado en el templo del Espíritu Santo.
El retablo del ábside fue realizado en 1927 por el arquitecto Luis García Olvera, un arquitecto muy reconocido de la época, pues había dirigido las obras de refuerzo de la catedral Metropolitana y estaba iniciando la construcción neogótica del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús en León Guanajuato. El retablo representa a los 12 Apóstoles en Pentecostés (con la llama del Espíritu Santo sobre sus cabezas), tallados en madera y pintados de gris, por lo que parecen de piedra.
En 1928 el pintor Gonzalo Carrasco Espinosa SJ, realizó en la bóveda del ábside una obra representando al Espíritu Santo Paráclito, en el que se encuentran sacerdotes recibiendo la iluminación y la Virgen María entronizada rodeada por los Apóstoles y personajes del Antiguo Testamento. Gonzalo Carrasco estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, teniendo como profesores a grandes maestros de la pintura mexicana como Santiago Rebull, José Salomé Piña y José María Velasco, recibió varios premios y reconocimientos, entre ellos uno de manos de Porfirio Díaz en la Bienal de Bellas Artes, pero abandonó su carrera de pintor para ingresar a la Compañía de Jesús. Ya siendo sacerdote realizó un cuadro del primer milagro de la Virgen para la Antigua Basílica de Guadalupe, también durante la ceremonia de Coronación de la imagen de la Virgen de Guadalupe realizó un apunte al óleo del evento. Como jesuita tuvo cargos importantes como rector del Colegio Católico en Puebla y rector del Colegio de San Javier en Tepotzotlán. Fue capturado durante la Revolución y se le pidió que renunciara a su Fe a cambio de la dirección de la Escuela Nacional de Arte, logró salir del país, vivió en Nueva York un tiempo en donde pintó y vendió obra para enviar recursos a su Orden. A su regreso a México pintó el mural de la bóveda del Espíritu Santo y pocos años después murió.
Como dato anecdótico, el templo fue testigo del bautizo y adoctrinamiento en la fe católica de Catarina de San Juan, conocida comúnmente como “La China Poblana”, quien fue comprada para servicio doméstico, consagró su vida a Dios y al morir en 1688, fue enterrada en este. Su lápida se encuentra en la antesala de la sacristía.
Después de la expulsión de los jesuitas, en 1767 por órdenes del rey Carlos III, debido a problemas políticos con la Orden, hubo un gran despliegue de fuerzas armadas por lo que no se presentaron grandes manifestaciones de amigos, alumnos y parientes. Los colegios que se encontraban en este predio se fusionaron y formaron los Colegios Carolingios (en honor de Carlos III), posteriormente, después de la Reforma se convirtió en Colegio del Estado y más tarde en Universidad, hoy la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Cuando los jesuitas regresaron a México a finales del s. XIX, se hicieron cargo nuevamente del templo hasta 1978 que fue entregado al arzobispado de Puebla.
Los mejores arquitectos y artistas participaron en esta joya del patrimonio de nuestra ciudad, a través de los años fueron dejando su huella y un legado que podemos disfrutar y que nos mueve desde lo más profundo, lleno de historia y de significados.
“…el templo forma parte de la palabra de respuesta que el hombre dirige a Dios y es el ámbito en el que se desarrolla el diálogo formal y real, el diálogo litúrgico con Dios…”
Juan Anaya Duarte