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El mito reaccionario de la militarización en México | Carlos Figueroa Ibarra

Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El mito reaccionario de la militarización en México

Carlos Figueroa Ibarra

Sociólogo, profesor investigador de la BUAP, especializado en sociología de la violencia y política. Doctor Honoris Causa por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Fue integrante del Comité Ejecutivo Nacional de Morena (2015-2022).

Lunes, Mayo 18, 2020

Sufrí  los rigores de una dictadura militar  durante mi infancia, adolescencia y una parte de mi vida adulta. Soy sobreviviente  de la letalidad terrorista de dicha dictadura. Por ese motivo sé muy bien diferenciar lo que es un régimen castrense autoritario del que no lo es. El primero se caracteriza  por la centralidad del alto mando de los soldados en la toma de decisiones políticas y represivas, por el hecho de que el Estado se vertebra en las fuerzas armadas y su cúpula decide quién es el gobernante de turno sea este civil o militar. No puedo sino ver como hilarantes las acusaciones de la derecha dentro y fuera de México en el sentido de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador está propiciando una militarización en el país.  Nada de lo que sucede aquí sustenta un análisis serio que avizore un proceso de subordinación del poder civil al poder militar. No hay medidas autoritarias apuntaladas en los dispositivos armados del Estado ni siquiera en estos momentos de emergencia provocados por la epidemia.

Lo que me causa una mezcla de hilaridad con indignación es que sean las mismas voces que indignadas hoy hablan de “militarización”, las que celebraron que el ex presidente Calderón sacara a las fuerzas armadas a las calles y los campos en 2006. Las mismas que estuvieron pidiendo manu militari  contra la delincuencia en los primeros meses del Gobierno de la 4T: decían que la opción a un ejército desalmado no era un ejército desarmado. Esas voces son las que ahora se desgarran las vestiduras diciendo que López Obrador  militariza al país  al crear la Guardia Nacional y al emitir el 8 de mayo y publicarlo el 11 del mismo mes,  el Acuerdo por el que se dispone que las fuerzas armadas realicen tareas de seguridad pública de manera extraordinaria, regulada, fiscalizada, subordinada y complementaria. La publicación del referido acuerdo solamente ejecuta lo dispuesto en el Artículo Quinto transitorio del Decreto de reformas constitucionales en lo referente a la Guardia Nacional. Reformas que sabido es fueron aprobadas por consenso por el poder legislativo nacional en febrero de 2019 y publicadas en marzo de ese año.

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Tales medidas legislativas no implican la militarización del país sino al contrario, ponen una fecha (el 27 de marzo de 2024) para el regreso a los cuarteles del Ejército y la Marina. Será este el período de tiempo en el cual la Guardia Nacional desarrollará plenamente  su estructura, capacidades e implantación territorial para poder relevar a las fuerzas de su papel temporal y complementario en materia de seguridad pública. En pocas palabras, el acuerdo referido  solamente cumple una disposición establecida desde  marzo del año pasado y  pone plazo para el fin de la militarización que inició Calderón y que Peña Nieto continuó. Los críticos del gobierno seguirán arguyendo que la misma Guardia Nacional es un indicio de la militarización del país.  La Guardia Nacional responde a la necesidad de crear un organismo público de seguridad que sustituya a la ineficacia, corrupción y burocratismo de la Policía Federal, la cual de sus cuarenta mil efectivos solamente tenía diez mil operativos. Y para que hablar de sus vínculos con el crimen organizado.

El mito de la militarización en México es solamente una argumentación oportunista de la reacción derechista en contra de las transformaciones que estamos observando en el país: primero calificar a las fuerzas armadas de “blandas” porque no respondían con la fuerza a la población civil movida por el huachicol y ahora decir que López Obrador está implantando un populismo autoritario y militar. Tiene la misma factura incongruente que la defensa de la causa feminista que observamos en marzo, cuando la derecha es consustancialmente patriarcal y fue insensible ante el crecimiento  exponencial de los feminicidios. La misma incoherencia observada cuando la derecha pidió bajar los precios de la gasolina cuando fueron los autores de los “gasolinazos”. La misma incongruencia que observamos en el reproche estentóreo de que López Obrador actuaba irresponsablemente porque no implantaba el confinamiento y la distancia social (cuarentena) cuando ahora ataca la cuarentena y  propicia “el modelo sueco” de la inmunidad de rebaño para acabar con la epidemia.

Una vez terminada la emergencia sanitaria, vendrá otro reproche incongruente: la crisis económica  que según la derecha no sabrá ser enfrentada por el gobierno. Como si lo que hubiésemos vivido en las últimas décadas fuera un ejemplo a seguir. Esperemos que como hasta ahora, la guerra sucia no les funcione.

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