Hay quienes aseguran que el país va muy bien pero la realidad dice otra cosa.
No es la primera vez que en el país nos enfrentamos a situaciones difíciles ni a gobiernos perversos. Hace más de 90 años, las y los mexicanos se organizaron, desde la sociedad civil, para defender sus derechos, ante un régimen opresor. De hecho, el siglo XX estuvo marcado por movimientos sociales que exigieron, legítimamente, una ampliación y respeto a sus libertades.
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En los últimos años, el incremento en la inseguridad ha provocado movilizaciones en prácticamente todo el país, sin que hasta el momento esta situación haya cambiado. Opacada por la pandemia del Covid-19, la violencia sigue presente, rompiendo récords de homicidios, feminicidios, desapariciones, robos, etc.
A esta situación, ya de por sí grave, se suma la crisis económica provocada por la pandemia y el mal manejo de ésta por quienes pretenden sacar provecho político (sumamente reprobable esta acción). Hay quienes ya están sufriendo los efectos de la crisis. Coneval dice que más de 10 millones de mexicanos caerán en pobreza extrema. La crisis apenas comienza pero en poco tiempo estallará y será de proporciones no vistas en el país.
Como si eso no importara -o quizá sí-, el gobierno está propiciando un caos, que es el camino perfecto para instalar una dictadura.
Mientras las empresas tratan de sobrevivir, los trabajadores de subsistir con los pocos o nulos ingresos que tienen, los médicos y enfermeras arriesgan su vida por combatir la pandemia sin el equipo adecuado para realizar su labor, militares que realizan su trabajo comandados por un gobierno disfuncional (donde no se sabe quién es el que manda), el gobierno sigue adelante con su “transformación” que no es otra cosa sino la destrucción del México que conocemos para crear otro que no deseamos, que no queremos porque la historia ya nos demostró que es un fracaso.
Los anuncios de cancelación de inversiones y la necedad de estatizar servicios estratégicos como la energía eléctrica, ahuyentan capitales y sumen al país en una crisis todavía mayor.
Igualito que en la película de El Rey León, Scar (basura en idioma swahili) no solo asesina a su hermano Mufasa sino que asciende al poder acompañado de las hienas, que solo buscan sed de venganza y acaban con el reino. ¡Ah caray! Algo parecido a lo que estamos viendo.
Si atendemos al llamado de la historia, aprenderemos de las y los mexicanos que se organizaron pacíficamente para salvar a la Patria, en momentos difíciles.
Este es un momento crítico para el país y no podemos esperar más. La destrucción avanza y todas las noches planea los pasos a seguir para apoderarse de la esperanza y el futuro de México, aunque en el discurso nos diga lo contrario.
Parafraseando a Carlos Castillo Peraza, hoy tenemos una tarea urgente en el ámbito nacional: cuidar al país. ¿Por qué cuidar al país? Por razones éticas. No queremos un futuro sobre la sangre de nadie, sobre el hambre de nadie, sobre el desastre nacional. No queremos un futuro a ese precio, “al precio que algunos marxistas de otra época señalaban en una frase: Tanto peor, tanto mejor”.
El rescate, la salvación y el futuro de México no vendrá del grupo en el poder sino de la sociedad, de nosotros mismos. Y aunque lo sabemos, es preciso organizarnos, sumar esfuerzos en un mismo sentido, porque unidos somos más fuertes.
Es por ello que propongo y los invito a crear la Liga Nacional defensora del trabajo, la dignidad y el futuro de México, que se entiende como la agrupación organizada de personas y entidades que tienen un fin en común.
No se trata de ir en contra de nadie sino a favor de nosotros, de los más vulnerables, los trabajadores, las familias, los empresarios, los estudiantes, las escuelas, las asociaciones civiles, los colectivos, iglesias, etc.
Si algo bueno está logrando el gobierno es que, curiosamente, sus ataques y afrentas pueden unir a una pluralidad de grupos y movimientos en una causa común: la salvación de la Patria.
Suena romántico pero es cierto. La Patria está en peligro y debemos tomar decisiones ya. Este régimen busca hacernos perder la esperanza, procura que caigamos en confrontaciones, pretende desgastarnos y dividirnos.
La “nueva normalidad” consiste en creer que es posible un México para todas y todos, sin confrontación, sin división de clases, sin buenos ni malos.
Es viable formar esa Liga Nacional y hacerla presente en todo el territorio, mediante cadenas de ayuda humanitaria y solidaria, a través de las iglesias, colectivos, asociaciones, clubes de servicio, empresas, medios de comunicación, etc.
Los países no se salvan solos sin la ayuda de su pueblo y México es más grande que su gobierno y sus malas y perversas decisiones. Hoy la sociedad civil realiza muy buenas acciones de solidaridad pero en forma aislada. Sumemos los esfuerzos, organicémonos mejor, fortalezcamos la unidad y generemos nuevas ideas que abonen a que México siga adelante. ¡Es posible!
César Marcelino León
Twitter: Marcelino_Leon
Correo: leonmarcelino@yahoo.com.mx