Hace apenas unos días el presidente de México firmo un decreto en el sentido de hacer participe a las Fuerzas Armadas en colaborar con la Guardia Nacional en funciones de seguridad pública, con la justificación temporal y subordinada, mientras la Guardia Nacional se consolida. El tiempo estipulado para la intervención de las fuerzas armadas es de cinco años como límite, sin embargo, es bien sabido que cada entidad tiene sus esquemas y propósitos a seguir.
El gobierno federal encontró el contexto favorable para permear el decreto en cuestión, de tal forma que la sociedad y los medios de comunicación no se distraigan en situaciones de esta naturaleza frente a la pandemia del COVID-19.
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Aunque de facto las Fuerzas Armadas estuvieran en calles auxiliando en temas de seguridad pública, la justificación del decreto es regular la practica militar en las calles, pero este argumento no es nuevo, en administraciones federales anteriores también lo han manifestado: “Regular la situación militar en las calles y su relación con la seguridad pública”, y esta premisa me parece correcta, lo que nos debe ocupar es otra de las incongruencias de la autodenominada cuarta transformación.
¿No estamos ante un “nuevo movimiento” o régimen ideológico”? Donde cambiar la rutina y romper paradigmas era el fin. En teoría, MORENA es un partido de izquierda motivado por un solo líder social. Lo que dicta la realidad es más de lo mismo, un gatopardismo agresivo, la brújula política ha dejado de funcionar y de nueva cuenta esta administración vuelve a decepcionar por la ausencia de congruencia.
Quienes les han dado seguimiento a Andrés Manuel Lopez Obrador saben de lo que escribo. El presidente es multifacético e impredecible, su humor lo dirige, y lo que no podemos olvidar en las últimas décadas son las declaraciones y convicciones del otro Andrés Manuel, del candidato y opositor aguerrido.
En discursos y entrevistas no titubeaba en su idea de reorientar a las Fuerzas Armadas, para destinarlas a su área mater, porque bien afirmaba que la violencia no se combate con más violencia y que con educación, empleo, trabajo y tacto social podría minimizar los índices delictivos y regresar al ejército a sus cuarteles.
En la silla presidencial se piensa diferente, pero los ideales y el proyecto debe permanecer, pues así es como se califica a un buen o mal gobernante. El otro Andrés Manuel y distintos perfiles a su costa promovieron iniciativas y debates para no militarizar al país, la oposición en aquellos años hizo un escándalo, y cuando se aprobó la Ley de Seguridad Interior en el gobierno de Enrique Peña Nieto, los reclamos llegaron a su máximo esplendor.
Por otro lado, los personajes que en su momento promovieron, apoyaron e impulsaron la Ley de Seguridad Interior y políticas a fines, hoy no tienen autoridad moral para oponerse a una situación que en su momento aprobaron.
Hay que apostarle a la congruencia y a los ideales para no perderse en el limbo de las ideas. El presidente del otro lado de la vitrina se dio cuenta que las cosas no son tan fáciles y que no basta con las convocatorias de paz, armonía y honradez, AMLO razonó que requiere de maquinaria más poderosa que de la que existe. Además, la Guardia Nacional es exhibida, porque su objetivo primario era consolidarse pronto para combatir a la delincuencia y actuar en favor de la seguridad pública.
Resulta que tenemos un gobierno improvisado con signos de Derecha. El problema no son las Fuerzas Armadas en su conjunto, aquellos héroes anónimos que patrióticamente ejercen sus funciones en el marco de la legalidad, sino la ejecución de las ideas para su funcionamiento. La militarización del país contradice a un ejército ordenado y con tintes civilistas.
Si bien es cierto que el COVID-19 es prioridad en el mundo y en México, los ciudadanos debemos estar atentos a otros tópicos de trascendencia política, jurídica y social. El contexto es complejo, por lo tanto, es importante informarse y ejercer nuestro derecho de libre expresión porque todo esto nos concierne como mexicanos, así como defendernos, cuidar el Estado democrático al grado que el día de mañana, no nos tachen de oposición sumisa ni permisiva por ignorancia.
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UN NUEVO CAPÍTULO EN EL ISSSTEP
Se cierra un capítulo en el ISSSTEP y se abre otro. El gobernador poblano hizo oficial la salida de Karen Berlanga Valdés, en alusión a procedimientos legales considerando al Órgano de Gobierno de la institución. En medio de la pandemia y la crisis de salud mundial, se deben tomar decisiones inteligentes apegadas a las circunstancias que exigen nuevos rumbos, y este noble instituto no debe ser la excepción.
Desde sus inicios el ISSSTEP ha sido un organismo de gobierno que busca la seguridad social de los trabajadores del Estado, sin embargo, ante un sistema de salud complejo generalizado en México con cuestionables servicios a los derechohabientes, debe seguir caminando con estrategia y ánimos profesionales.
El instituto tiene la responsabilidad de contemplar a técnicos y especialistas en materia de salud, con experiencia de trabajo privado y en la administración pública, liderazgo y visión social. Puebla es de los estados más perjudicados por el COVID-19 con más de mil casos registrados en positivo y, el sector salud debe hacer equipo, compartiendo practicas e información.
De acuerdo con medios de comunicación, se espera que el doctor apartidista Miguel Ángel García Martínez, subdirector general médico del instituto, ascienda a la dirección general. A propósito, el doctor en cuestión es un científico reconocido por su amplia trayectoria profesional, ocupando posiciones en la docencia y en cargos de alto rendimiento gerencial; también sus estudios y experiencias en Japón y México lo han destacado como Oncólogo, Hematólogo y médico Internista. Otro elemento que le favorece es su amplia experiencia actualizada en el ISSSTEP, ejerciendo y conociendo por años al organismo.
Los retos son grandes como la situación mundial, y en la dirección general debe estar una persona con calidad humana, pero al mismo tiempo respetuoso del sistema gubernamental para poder ejercer su función en plenitud. Habrá que ser razonables y pensar que no solo debe haber expertos en el ISSSTEP, sino en todo el sector salud amplificado. De quedar el doctor Miguel Ángel García Martínez seria un acierto del gobernador y abonaría al sistema de salud poblana para los poblanos, a la postre podría ser un ejemplo que debería seguir el presidente de México, porque en apariencia tiene a su secretario de salud de adorno.
humberto_fernandez_de_lara@hotmail.com