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Opinión



Violencia de género e impunidad

Jueves, Febrero 20, 2020 - 08:15
 
 
   

Existe un trasfondo de base educativa, cultural y social, llamado machismo.

Primera parte

 

En últimas fechas se han cometido feminicidios, que, hieren y provocan ira en la población en general, despertando inquietud y exigencias válidas a las autoridades de los tres niveles; a su vez, también se reclama a los legisladores de que se concretan a exponer puntos sobre el tema, sin que ubiquen o den respuestas al problema. Incluso, se estancan en discusiones bizantinas en cuanto a si se elevan años de prisión a quienes cometan agresión física, psicológica o asesinen a una mujer.

Las demandas sociales, parten de esta violencia de género, donde la agresión citada, llega a un punto lo más aberrante de toda humanidad: el asesinato salvaje contra mujeres y niñas.

Entre tanto, la polémica gira en que a quien cometa violencia de género y violencia de odio, al grado de asesinar a una mujer, las penas que se le imputen, sean de 60 o 70 años. La situación no es simple, porque más años, no resuelve el problema, dado que no se ataque las causas y origen de los hechos.

La cuestión legal, mientras los aparatos de seguridad no atiendan inmediatamente denuncias de desaparición de una mujer o niña y niño, aletargando el proceso de investigación, cuando se actúa, o ya es tarde como también cruel, porque es cuando la mujer aparece muerta. Entre ello, en muchos casos, se presentan actos de impunidad con la que actúa el aparato legal.

 Me refiero a que se requiere investigar y analizar la psicología y antropología social del porqué de estos actos de violencia, en cuanto a que ubicamos una degradación y ruptura social y familiar.

Por principio, la violencia de género como “el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”.

Siendo así, que, este tipo de violencia como “la manifestación más cruel de la desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. Se trata de una violencia de naturaleza estructural que se dirige contra la mujer por el mismo hecho de serlo. Esta violencia menoscaba el disfrute de sus derechos humanos y libertades fundamentales y es un obstáculo para la plena realización de la igualdad entre mujeres y hombres”.

La violencia de género engloba toda acción física, psicológica, sexual, simbólica, económica y social que se dé por parte de un hombre hacia una mujer, en el marco de una relación sentimental (presente o pasada).

Por lo tanto, ya nos dan una idea de que la violencia de género es un tipo de violencia ejercida por el hombre sobre la mujer por el mero hecho de ser mujer. Por lo tanto, estamos hablando de un tipo de violencia con una carga cultural determinante, ya que se da de forma sistémica, no de forma puntual, sino que existe un trasfondo de base educativa, cultural y social, llamado machismo.

Si bien es cierto que en México, el perfil sobre la inculcación de y sobre los derechos igualitarios no encajan con los rasgos culturales histórico, donde el hombre ejerce el poder sobre la mujer.

Sin embargo, es meritorio considerar, que si se trataba de que el ciudadano adquiriera la noción de identidad grupal, familiar y nacional, recordemos que hasta antes del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el plan de estudios de primaria y secundaria, contenía la materia de Civismo, como también en bachillerato o preparatoria, la materia de Ética, mismas que fueron despojadas de nuestra ecuación, porque eran contrarias al neoliberalismo, en cuanto a que se impuso el individualismo, como meta de superación. Eso más una educación formal e informal, convertida en tecnócrata, paulatinamente fue fracturando dichos elementos de identidad social y familiar. Hoy pagamos las consecuencias del derrumbe de la cohesión social.

En materia de educación, es especialmente importante concienciar acerca de la importancia de la educación afectivo-sexual durante todas las etapas de la infancia y adolescencia. ¿Por qué es importante? En primer lugar, es importante en todas las etapas de la vida, pero si hay una etapa crítica es la de la infancia y sobre todo, la adolescencia, porque en esta época de nuestra vida, vivimos muchos cambios físicos, psicológicos y sociales que van a determinar quiénes vamos a ser en un futuro.

Incorporar intervenciones educativas en la infancia y adolescencia orientadas a promover la igualdad, los buenos tratos, las relaciones de pareja sanas y el respeto a la diversidad es crucial. De hecho, es aquí cuando este tipo de aprendizajes pueden ser incorporados por los chicos y chicas a sus esquemas mentales, a su forma de entender el mundo y la sociedad.

Si dicha labor es llevada a cabo por un psicólogo o una psicóloga, es muy importante que tenga formación en educación afectivo-sexual. La formación más recomendable para esta serie de intervenciones es la que proporciona la Sexología, ya que es una disciplina que estudia los sexos y todo lo que a ellos les rodea.

Por otro lado, las intervenciones psicológicas ante casos de violencia machista son muy importantes. Para comprender la importancia de estas intervenciones, hemos de saber que la violencia de género en la pareja se da de una forma cíclica.

El ciclo de la violencia de género es precisamente lo que hace que a una mujer le cueste mucho el pedir ayuda y terminar con esta relación. Este ciclo tiene las siguientes fases:

•          Fase de tensión: El agresor empieza a acumular tensión y se empieza se dan episodios de desprecio o reacciones inesperadas por parte de la mujer y su intensidad se eleva de una forma progresiva.

•          Fase de explosión: En esta fase se dan una serie de conductas violentas ya sea físicamente, psicológicamente o de cualquier otro tipo, sobre la mujer.

•          Fase de luna de miel o arrepentimiento: El agresor muestra arrepentimiento, pide perdón, soliendo realizar la promesa de que cambiará y que lo que ha sucedido ha sido aislado o fruto de circunstancias ajenas a las agresiones e incluso a él mismo.

Durante la fase de explosión es cuando la mujer víctima de violencia de género suele pedir ayuda. Muchas mujeres no son conscientes de que están inmersas en este ciclo de violencia, por lo que la labor del psicólogo o la psicóloga es muy importante en este punto.

Reforzar la decisión de la mujer de acabar con la relación también es importante, y tiene el fin de disminuir la probabilidad de que se vuelva a entrar en el ciclo, máxime cuando la fase de explosión de la violencia es seguida de la fase de arrepentimiento, y es en esta fase donde muchas mujeres en situación de maltrato se plantean dar marcha atrás en su decisión de terminar con la relación, debido a que el maltratador realiza promesas de cambio, y puede llegar a darle a la mujer maltratada la suficiente esperanza como para creer que merece la pena darle una oportunidad.

La indefensión aprendida: un concepto clave en la violencia de género

Si existe un concepto psicológico que cobra especial importancia en la violencia de género es el de indefensión aprendida. La indefensión aprendida es un estado psicológico caracterizado por comportamientos pasivos basados en el convencimiento de que se haga lo que se haga, no se va a poder cambiar absolutamente nada de la situación. ¿Por qué este concepto está presente en la violencia de género? Porque los episodios de maltrato, especialmente en la fase de explosión, se dan independientemente de lo que haga la mujer. Con lo cual, la mujer aprende que, haga lo que haga, va a ser maltratada.

Cuando se vive esta indefensión aprendida, tu vida ya no es la misma, porque percibes que has perdido el control sobre ella o gran parte de ella. Este es uno de los motivos que hace difícil que las mujeres que sufren malos tratos pidan ayuda, porque una persona que siente que ha perdido el control de su vida difícilmente tendrá la fuerza y la motivación para acabar con la dinámica de maltrato.

En la próxima entrega, seguiremos.

Rodrigo.ivan@yahoo.com.mx       

Analista político y de prospectiva social


Semblanza

Rodrigo Rosales Escalona

Licenciado en Filosofía de la BUAP, director del CESTIS 57, catedrático de Bachillerato y en la Normal Superior de Puebla. Cuenta con publicaciones en revistas y medios locales y nacionales. Activista social.

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