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Opinión



Respeto, señores...¡Respeto!

Miércoles, Febrero 12, 2020 - 08:59
 
 
   

Las estudiantes han estado denunciando propuestas de sus profesores u otra situación de acoso.

Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos*

 

A propósito de lo que ha estado sucediendo en la UNAM en las últimas semanas, en donde alumnas de las prepas, así como de carrera como Filosofía y Letras o Ciencias Políticas de esta casa de estudios, han estado poniendo sobre la mesa el acoso del que son objeto por parte de sus profesores (principalmente), pero también de compañeros y otros empleados universitarios. Acoso que, a mí parecer, es inconcebible en una institución educativa, a donde enviamos a nuestros hijos a formarse.

Tristemente las estudiantes han estado denunciando que constantemente reciben propuestas de sus profesores para tener citas, encuentros sexuales o cualquier otra situación de acoso, y así ser aprobadas, obtener documentos o estar en paz mientras acuden a formarse en una (repito) institución educativa. Y todo esto ha estado pasando por décadas, ante la sombra de las autoridades universitarias y por supuesto, de su cobijo.

Mientras cientos de padres o tutores, tal vez ni se enteran de lo que están viviendo sus hijas y los varones que las acosan se sienten con el derecho de hacerlo, sólo porque son hombres. ¡Qué triste realidad! Y aunque esto se puede denunciar, muy pocas mujeres lo hacen, entre otras cosas, por vergüenza, porque no se hace nada y el acosador lejos de ser encarcelado por sus abusos, se fortalece y sigue actuando con otras mujeres de la misma manera por la impunidad que la institución educativa y la misma sociedad, le otorga.

Debo aclarar que no todos los hombres que trabajan en instituciones educativas hacen estas terribles prácticas, pero aquellos que las llevan a cabo están terminando con la dignidad de muchas mujeres (no sólo alumnas, sino también profesoras y empleadas), amparándose en que sólo le echaron unas flores a una mujer guapa o bien, obtuvieron sus favores sexuales ante la presión y el poder que le otorga su papel profesor, empleado o estudiante universitario, su rol de hombre con prácticas culturales machistas que han ido aprendiendo a lo largo de los años y la protección que les otorga la autonomía universitaria.

Justo esa cultura machista que está muy interiorizada en los hombres que la practican y se sienten con el derecho de decirles a cuanta mujer se les cruza en su camino, desde piropos inofensivos hasta improperio, que me niego a repetir en este texto. Mujeres que a veces son sus compañeras y a veces son sus alumnas, o sus subordinadas, y teniendo cierto poder, abusan de este estatus para decir cualquier cosa que alaga u ofende a una mujer.

Otros más audaces, se acercan y dan un beso en la mejilla, mientras tocas la espalda y le hacen una caricia en una zona “permitida”. Mientras que los más aguerridos, hacen propuestas indecorosas tratando de que haya una respuesta afirmativa, o bien, tocan en zonas no permitidas arriesgándose a llevarse un cachetadón o bien, a dejar a la joven, o a la adulta descontrolada ante el atrevimiento. Y ese descontrol se convertirá en las siguientes horas en vergüenza, enojo, ira, para volver a la vergüenza otra vez.

El tipo (porque a esta altura ya no lo puedo llamar ni “profesor”, ni “estudiante”, ni “compañero”), se irá ufanándose de su hazaña e incluso lo contará como un logro o un trofeo que consiguió sin el permiso de la mujer que fue mancillada, mientras que ella no sabrá cómo enfrentar al tipo que la hirió. Y cuando esto pasa, la mujer no quiere volver a ese lugar, se limita y tarda mucho en volver a pisar esos lugares que la llevaron a ese encuentro desagradable.

Así que, mientras ellos lo ven con un triunfo, ellas lo ven con una denigración y por eso estas chicas protestan, primero porque tienen cierta formación, porque se les ha dicho que su cuerpo es suyo y que nadie tiene derecho a tocarlo, mientras ellas no lo quieran así; y por eso están exigiendo respeto. Pero en esta cultura machista muchos piensan que están exagerando, que es normal que los hombres les lancen piropos inapropiados, que las toquen cuando ellas no quieren, que les hagan propuestas indecentes y se vean obligadas a negarse, a responder agresivamente, a protestar, a ser violentas, pero lo único que están haciendo es defender lo único que en verdad les pertenece, “su cuerpo”.

Lo único que están pidiendo estas jóvenes es respeto, por ellas y por su cuerpo que son ellas mismas. Así que creo que ha llegado el momento de quitarnos ideas como las que me decía mi Abuelita que se educó a inicios del siglo XX, “un hombre llega hasta donde una mujer quiere”, no Abuelita, un hombre debe pedir permiso si quiere llegar a alguna parte, pero antes, debe tratar como persona a ese otro, o a esa otra, con el o la que quiere llegar a algún lado y no abusar de su fuerza, poder, o lugar que ocupa en esta sociedad.

 

*La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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Laura Angélica Bárcenas Pozos

Doctora en Educación, Maestra en Educación Superior y Profesora de Educación Media Básica en la especialidad de Matemáticas. Ha sido profesora de todos los niveles educativos, menos en Jardín de Niños. Es académica de tiempo completo de la Universidad Iberoamericana Puebla desde 1997 en donde ha coordinado el área de Orientación Educativa y de Formación de Profesores, además de haber sido Directora del Centro de Procesos Educativos. Actualmente es docente en esta misma Institución y es la representante del Campo Estratégico de Acción, Modelos y Políticas Educativas (CEAMOPE). Sus líneas de investigación son sujetos y procesos educativos y currículum y modelos educativos. Aunque los temas sociales urbanos, son su permanente preocupación. Por ahora está desarrollando un trabajo sobre la formación en ética profesional. Y atiende temas como currículum (diseño, traducción, consumo y evaluación), formación-Práctica Docente, conflictos magisteriales y sindicalismo magisterial.

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