El rostro del nihilismo, con la sonrisa, con las perturbadoras carcajadas del Joker, se presentó en la cartelera política de Puebla, el pasado 20 de octubre, para dejar un enigmático mensaje sobre el presente y el futuro inmediato del Movimiento de Regeneración Nacional y, quizá, sobre el futuro político de México.
Ese domingo, en este país la voluntad popular es siempre dominguera, MORENA organizó las elecciones internas para elegir delegados distritales a la asamblea estatal, espacio donde serán electos los delegados a la asamblea nacional, en la que resuenan las palabras simbólicas de la reforma moral e intelectual que trata de promover Andrés Manuel López Obrador, Tatiaska del movimiento y Presidente de México: "No robar, no mentir, no traicionar."
Más artículos del autor
¿Qué mensaje dejó El Güasón a la militancia poblana de espíritu democrático, honestidad política y con altura de miras, a la que exhorta Leonel Godoy Rangel, secretario de organización de Morena, "...a mantener principios éticos y actitudes fraternales en el ejercicio cívico en curso...?
La mueca, la palabra desesperanzada del Joker (Joaquin Pohenix) rasga el silencio, su palabra cuelga en el laberinto del oído, luego de descubrir que Batman es en realidad un héroe que defiende los intereses de la burguesía, musita: "no creo en nada..." Ocurre cuando le responde a Murray (Robert de Niro), el presuntuoso y ridículo conductor televisivo de programas norteamericanos de embrutecimiento masivo, si él se identificaba con el movimiento político contra los ricos que incendiaba Ciudad Gótica (Nueva York): "No creo en nada", creo en nada, nada…
La convocatoria de Leonel Godoy Rangel fue una voz en el desierto, pues la ciudadanía poblana, la opinión pública y la propia militancia, dieron cuenta, documentadamente, de las delincuenciales prácticas electorales del Antigüo Régimen. Nadie puede estar contento de que esto ocurra, son malas nuevas para todos, pues significa, el desencantamiento prematuro en un proyecto político que, como siempre en la historia de los humanos, puede ser interpretado como la voluntad de poder de la moral. No obstante, la débil esperanza, el consabido autoengaño del futuro, ya no digamos mejor sino menos peor, se desvance cuando sabes que otra vez, sin consideración para la dignidad y cuidado del ser, hubo compra de votos, acarreados, falsificación de documentos, pistolas y violencia física, que condujeron a la invalidación de por lo menos seis asambleas distritales de Puebla.
En muchos sentidos se devela que nuestro destino histórico no está escrito por el dedo de ningún dios bondadoso sino por un espíritu maligno y burlón que se complace cruelmente con el eterno retorno de la estupidez. Para arribar a un orden político, a una reforma moral e intelectual como la que impulsa AMLO parece que, por lo menos en Puebla, son necesarios otros seres humanos, necesitamos menos Batmans en Morena.
Las creencias y manías políticas de los viejos y nuevos funcionarios del estado y los dirigentes partidistas de Morena de Puebla, en su mayoría carentes de imaginación y canto, no supieron, no pudieron, alcanzar otra nota que el grito aterrrador del fraude y la fuerza provenientes del Leviatán. Fueron las mismas brutales escenas de una elección de Estado, como las que Puebla vivió con Rafael Moreno Valle, cuando la víctima fue Luis Miguel Barbosa Huerta.
La ira y la soberbia, el afán ciego de dominio sobre los demás, la humillación de los fuertes sobre los débiles, la sobrexplotación de los ricos sobre los pobres, de los blancos sobre los demás, son el signo y la herencia del credo neoliberal, contra el que explota la risa y la violencia del Guasón, contra Wayne, el clasista y racista padre de Batman. Contra esa cultura clasista se levantan hoy los jóvenes chilenos, argentinos, colombianos y mexicanos hartos de la misma vacuidad discursiva y es la misma libertaria marea de rebeliones en el mundo, un revolución contra la nada, contra la necrofilia convertida en la sustancia y fundamento de la política internacional y del estado de excepción global.
No se puede echar al olvido las experiencias del pasado inmediato, pues Thomas Wayne (Brett Cullen), el padre de Batman, muy bien podría ser identificado con las creencias y prejuicios -no dije ideologías, sería demasiado- de Rafael Moreno Valle o Enrique Peña Nieto. Con el gobierno panista de Puebla asistimos, como se sabe, a la reproducción de un racismo y un clasismo inéditos, por ridículos, en la historia reciente de México. Puebla fue entonces la vanguardia, la casa del experimento ultraneoliberal, el nihilismo más cruel reinó contra las regiones y poblaciones más pobres y, por supuesto, contra los indígenas.
Whitexicans y metrosexuales de toda laya se apoderaron de las oficinas públicas del estado, los nuevos secretarios del secretario eran, con mucha frecuencia, mancebos y doncellas de piel blanca, cabello rubio y ojos claros. La secretaría de educación pública fue una muestra rutilante del fenómeno que describo y muchas plazas docentes, de la mayor categoría laboral, fueron cedidas a familiares incultos, bárbaros, pero rubios, de esa casta de baba negra.
Por eso no podemos olvidar dónde desemboca la historia de las acciones políticas enceguecida por las pasiones más ruines, por la soberbia y por la ira. Y mucho menos deben olvidar los militantes honestos de Morena -que los hay y son muchos- que fue esa misma ambición y desvarío, engendros de la vanagloria, los que perdieron al PRI y el PAN, cuyas sombras aún andan buscando un refugio digno para bien morir.
Después de ver tres veces El Joker me receto meditación y curo las heridas con dosis elevadas de realismo político, vuelvo a Maquiavelo y a Hobbes, a sus lecciones memorables sobre la naturaleza del ser humano y sobre las pasiones que íntimamente lo han inspirado para decidir, para abrir o clausurar, horizontes de futuro para nuestro ser histórico. Es necesario para ello conocer muy bien la historia de México.
Pienso que Andrés Manuel López Obrador sabe que el mito no es un tiempo pasado sino una realidad intemporal que se actualiza en la historia, de esa manera los sentimientos de la nación, cohesionados por la narrativa épica de la Revolución de Independencia, la Guerra de Reforma y la Revolución Mexicana, configuran estructuras profundas, telúricas de sentido político para el pueblo mexicano.
El Peje puede tejer el sentido de la esperanza porque, como ya escribí antes, no está inspirado por la ambición del oro, ni por el fuego fatuo de la fama, ni por el deseo del dominio absoluto, está poseído, sí, para bien y para mal, por un sentimiento mucho mayor, tiene sed, pasión de trascendencia, no de riquezas y honores mundanos, tiene ímpetu de gloria.
No ignoro el riesgo histórico del sentimiento de grandeza que mueve al Presidente, comprendo que el culto a la personalidad está presente y puede devenir en tentaciones autoritarias, pero también se, por las hazañas de la historia, que sin ese ímpetu heroico no hay grandes transformaciones posibles.
No obstante, es necesario advertirlo, la reforma moral e intelectual que AMLO pretende convertir, con su ejemplo de vida, en estado de ánimo colectivo; es decir, en gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, corre el grave riesgo de deslegitimarse rápidamente, pues las generalizadas muestras de corrupción y violencia electoral, a lo largo y ancho de la geografía poblana, constituyen un mensaje político muy triste para la ciudadanía, porque son una transgresión flagrante al discurso de "no robar, no mentir y no traicionar" y al lema de campaña de Luis Miguel Barbosa, gobernador de la entidad, quien ofreció reiteradamente a los poblanos “Paz y reconciliación”.
Agobiado por doquier por las expresiones el nihilismo, me quedo con las palabras de “El Joker” palpitando enigmáticas en mis venas, amotinadas en mi sangre:
"No creo en nada"
...creo en nada.
nada...