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Opinión



La fuerza de trabajo como mercancía

Viernes, Septiembre 13, 2019 - 11:54
 
 
   

Hay mucha consideraciones que hacer al respecto

Fuera del repunte de la taza de desempleo en el estado de Puebla del 2.5 al 2.7 en lo que va del año, datos que finalmente son utilizados para alarmar a la población, que bien a bien, no sabe cómo se obtienen y cuáles son los parámetros y variables que utilizan para su concentración, y por último, qué tan recientes y útiles pueden ser estos datos, ya que nos encontramos en la segunda mitad del 2019 y esto aún no se mira claro en la relación oferta-demanda dentro del mercado laboral en el estado, el empleo ha adquirido dimensiones actuales que es necesario analizar. Hay mucha consideraciones que hacer el respecto, ¿qué rangos de edad son los que mayormente no tienen empleo, qué sector de la población, si es mayor en mujeres que en hombres, en solteros que en casados, en jóvenes o en adultos mayores? Etcétera. Pero la reflexión que me convoca a este artículo es la calidad de esa mercancía, de esta devaluada mercancía a la que llamamos fuerza de trabajo, como aprendiéramos en las clases de economía desde la prepa en los planteamientos de Marx y su crítica a la economía política. Uno de los factores que han abaratado la fuerza de trabajo es la explosión demográfica, hay tantas personas por todos lados que si no contratan a una pueden contratar a cualquiera otra, ni te pongas a discutir porque el que viene atrás de ti te quita el puesto, esta es una primera condición. Seguidamente viene el precio al valor del trabajo, como hay tanta demanda de trabajo y tan poca oferta, sucede que tazan en puesto a como ellos se les de la gana, si tu puesto dice que pagan 5,000 pesos, eso es lo que pagan y no puedes negociar nada relacionado con tu preparación, tu experiencia, tu pericia… nada, ahí se pagan 5000 pesos y eso es todo, las personas se adecúan a los puesto y no los puestos a las personas. Lo verdaderamente curioso es que a últimas fechas se ofertan puestos para el gobierno que se anotan salarios del orden de los 104,00 pesos, 75,000 pesos y de los 50,000  peso mensuales, mientras que los demás puestecitos están sobre 9, 10, 12, 13 o 15mil pesos mensuales… ¿Cómo y quiénes deciden tales diferencias? ¿Cómo impactan estas diferencias en la población que trata de pescar un empleo seguro y estable para el resto de su vida? Aprendimos con el Marxismo que la manera en la que el capitalista se enriquece y obtiene su ganancia respecto del trabajo del obrero o el empleado es a través de la plusvalía, concepto que nos puede permitir entender cómo es que los empresarios se convierten en empresarios y también en inversionistas y se les aprecia tanto en este país porque son los que generan las riquezas del crecimiento económico y todos estos menjurjes de los que últimamente estamos hablando todos los días, aunque sigamos mirando por desgracia que hemos aprendido a conceder que muy pocos tengan tanto y muchísimos casi no tengan nada, hemos aprendido a convivir ¨sanamente¨ con la desigualdad como si se tratara de algo normal, nos ha parecido normal que los funcionarios ganen hoy más de cien mil pesos mensuales mientras un maestro de universidad puede estar ganando con su trabajo 10mil pesos el mes, de verdad que esto tampoco deja de ser humillante y moralmente reprobable, pero, insisto, convivimos con la desigualdad con tanta educación que la hemos asumido como casi un designio divino al que no le podemos cuestionar nada.

Sin embargo, aún no llego al punto que quiero tratar de fondo en este artículo, aquí el asunto es que adicional a la oferta y al precio del trabajo, se agrega algo que, si bien tiene que ver con todo lo anterior, lo consideramos como las condiciones de trabajo, trato de ser más claro, concreto y preciso. Aceptas un trabajo de cualquier manera porque necesitas subsistir en la vida, sin embargo, ya dentro de tu trabajo, te das cuenta de que para lo que te contrataron se triplica en todos los sentidos. Va un ejemplo, una maestra de universidad es contratada como titular de una materia debido a su formación y su experiencia, su escolaridad, etcétera, sin embargo, además de dar las clases, -y antes no ocurría tanto esto-ahora tiene que llenar una minuta o carta descriptiva de cómo dará cada clase, de qué dinámica utilizará en cada clase, estar lista para subir sus datos, -que son su experiencia y su expertiz, subirlos a la red y todos los alumnos lo puedan ver-, estar lista para un trabajo enorme, agobiante, extenuante, de desvelos y malpasadas, que está comprendido en el mismo precio, esa maestra no gana más por hacer esos miles de trabajos adicionales para su empleadores, y lo curioso es que no se puede quejar porque necesita el trabajo, y, es más, lo tiene que ver con entusiasmo y buen humor… debe asistir a juntas y más juntas para explicar lo que escribió en estos formatos y por si fuera poco, enfrentarse al escrutinio y evaluación de los alumnos que decidirán si les resultó simpático o no, chicos de 15 a 23 años que son tomados como clientes de la empresa y que deciden si un maestro tiene empleo o será despedido, todo lo que podría entenderse como la congruencia educativa de una institución termina siendo la más grande de las humillaciones porque es decidida por un grupo de chicos que andan en el celular todo el tiempo viendo su Facebook y, dentro de su hoja de evaluación, decidir el destino de tal o cual maestro. ¿Quiénes son los inmorales de este tipo de ofertas laborales? Los empleadores por supuesto, que frente a toda esta angustia pagan los mismos centavos la clase como se ofreció en un principio. Es como si te contrataran de futbolista profesional y te pidieran que además lavaras el auto del dueño del equipo y podaras el jardín del estadio para que te paguen tu sueldo.

Hace rato en la mañanera Andrés Manuel López Obrador dijo que no entendía que si un chico que estudiaba para la marina naval o para el ejército, el terminar ya tuviera su puesto asegurado, se preguntó entonces por qué no sucedía también eso con los maestros que estudiaban en la normal o los médicos que terminaban sus carreras, me hubiera encantado que incluyera también a los psicólogos por supuesto, pero casi nunca sucede así, pero no es así, todos estos profesionistas dejados de la mano de dios tenemos que ir humillándonos con nuestros conocimientos, nuestros muchísimos años de estudio y nuestra experiencia frente a dueños explotadores que son inmorales y corruptos, no deberían poder hacer esto, debería haber un control del empleo y una oferta más digna y menos desigual.

En fin, les dejo aquí la reflexión ahora que la estoy viviendo en carne propia con un doctorado y 40 años de experiencia laboral docente. Saludos a todas y todos.


Semblanza

Abelardo Fernández

Dr. en Psicología. Coordinador de Desarrollo Humano y docente de la Escuela Libre de Derecho de Puebla (ELDP) Psicoterapeuta Gestalt, Musicoterapeuta, autor del libro: Desarrollo Humano para Abogados.

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