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Opinión



¿Borrar todo vestigio morenovallista?

Martes, Septiembre 10, 2019 - 22:27
 
 
   

Los gobiernos no son capaces de aceptar y darle continuidad a ciertos proyectos.

Juan Luis Hernández*

Una de las políticas más emblemáticas, duraderas y significativas es la política simbólica. La política de los símbolos es tan antigua como las pirámides de Egipto. Los gobernantes quieren trascender con símbolos que no sólo hablen de ellos, sino que permanezcan a lo largo de la historia. La arquitectura suele ser el símbolo favorito de quienes quieren perpetuarse en el imaginario colectivo, generación tras generación, y las obras públicas o de infraestructura terminan siendo, a veces para bien, casi siempre para mal, iconos de un gobierno, de un político o de un régimen.

En México, además, cierta clase política es fanática de ponerle nombres propios a hospitales, calles, colonias y todo aquello que merezca tener nombre y apellido. Los caciques de nuestro país aún gozan de cabal salud cuando los vemos como lugares con código postal, cuando lideran la señalética urbana o cuando se siguen refiriendo a lugares de encuentro en lo cotidiano. Así pues, la política simbólica es también la política de la resignificación, es la lucha política en sí, es el triunfo o la derrota de una visión de país o de estado, es el empoderamiento de un grupo o de una ideología, es asegurar una narrativa o su defenestración.

En Puebla todavía tenemos calles con el nombre de Maximo Ávila Camacho, cacique y represor emblemático de nuestra historia. Pero también en la ciudad de Puebla había una avenida con el apellido Diaz Ordaz que posteriormente fue renombrada como 2 de octubre, en un juego simbólico de resignificación elocuente. Así pues, la vida pública urbana es también el teatro de operaciones de una lucha simbólica en la que se ponen en juego ideales, posturas, convicciones, afirmaciones, triunfos y derrotas.

Permítaseme sólo recordar un ejemplo de esta lucha en un país que vive la resignificación política: Brasil. Porto Alegre ha sido una ciudad emblemática por varias razones, una de ellas, ser el origen de la política del presupuesto participativo. Sólo que esta política se asoció a los gobiernos del PT que la impulsaron innovadoramente. Cuando el PT perdió la alcaldía, el nuevo gobierno quitó el presupuesto participativo. No quería ningún vestigio del PT. Había que borrarlo. Aunque circulara como política emblemática en casi toda AL, en Porto Alegre, su cuna, ya no existía. Políticas simbólicas.

El gobernador Miguel Barbosa ha planteado que su gobierno borraría el vestigio morenovallista tanto de la imagen heredada en logos y publicidad oficial como en la reestructuración de obras a manera de “resiliencia poblana”. Los opositores a esta medida se han centrado en el gasto que esta política implica, en lugar de utilizar esos hipotéticos recursos en el dolor poblano de todos los días como los baches y otras molestias de nuestro diario andar. “Que deje en paz lo que heredó el morenovallismo y que construya su propio legado” han dicho del PRIAN.

Cargamos con el mal de reinventar el país, el estado o el municipio cada vez que hay alternancia. Los gobiernos (de todos los signos) no son capaces de aceptar y darle continuidad a ciertos proyectos, obras o políticas que vengan heredados de gobiernos que no se sostuvieron en las urnas pero cuyos resultados están bien valorados por los ciudadanos. Pero también es cierto que gobernar implica una determinada política simbólica y la diferenciación con el morenovallismo ha sido vital en el empoderamiento de Barbosa y Morena en Puebla.

El campo de batalla de los símbolos está puesto y se librará en la opinión pública para ganar adeptos y legitimidades. Lo interesante de esta batalla es quién defenderá el legado morenovallista más allá de los políticos que hoy estén tratando de administrar esa herencia, quién en el seno de la sociedad civil, el mundo empresarial, las iglesias o las organizaciones civiles estarían dispuestas a salir a la agenda pública para rebatir el impulso de borrar las señales de un régimen oprobioso. Si la herencia morenovallista fue importante y valorada por los poblanos, es elemental que salgan a defenderla. Pero si ésta fue el resultado más del capricho del gobernante que de una necesidad social, su legitimidad está más que en duda. El nuevo gobierno movió una ficha delicada pero potente en significado, ¿habrá respuesta?

 *Politólogo, Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla


Semblanza

Juan Luis Hernández Avendaño

Politólogo, profesor investigador de ciencias políticas de la Ibero Puebla

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