En conversaciones privadas y también en alocuciones públicas, Luis Miguel Barbosa reiteradamente expresó que la gubernatura de la entidad sería su último cargo. Una vez terminado su período, el hoy gobernador se retirará a su vida privada y aunque es de esperarse que seguirá atento al acontecer político estatal y nacional, no buscará otro cargo. Por ello también le he escuchado decir que no ve a la Gubernatura como un peldaño para ascender sino como una puerta para entrar a la historia. Así las cosas, parecería que el mayor reto de Barbosa gobernador será el legado que deje su período de gestión estatal. Advierto que parte importante de ese legado será haber sentado en el estado los fundamentos de una república democrática. Esto quiere decir un Estado libre de autoritarismo y corrupción, ajeno a ingerencias del ejecutivo en los otros poderes del estado, así como a la intervención en los asuntos internos de los partidos políticos oficiales y de oposición, distante de las infamias que se comenten desde el poder político en materia de derechos humanos y también del fraude electoral. En pocas palabras, el legado de Barbosa será desmantelar la herencia de Rafael Moreno Valle y la de no pocos de los gobiernos que antecedieron al suyo.
Barbosa tiene retos urgentes que resolver en un contexto que es adverso. No es el mejor escenario el que anunció en su discurso frente al Congreso local y después en el masivo evento público celebrado en el Auditorio Metropolitano: la deuda pública en Puebla asciende a 44 mil millones de pesos. Y para hacer gestión este año, el anterior Secretario de Finanzas le dejó recursos sin etiquetar solamente por 600 millones de pesos. Con estos magros dineros, tendrá que dar resultados lo más pronto posible en materia de seguridad pública. Ha expresado sobre este tema que él será el único responsable de lo positivo o negativo que suceda en el futuro. Remoto es el tiempo aquel en que Puebla y su capital eran lugares seguros. Hoy las mafias del huachicol perduran porque fueron fortalecidas desde el poder público en años anteriores. El narcomenudeo ha hecho presencia en los mercados de la ciudad de Puebla, la cantidad de feminicidios es grande en la entidad y hay colonias en el caso del casco metropolitano y muchos municipios que son zonas de alta peligrosidad. La violencia delincuencial ha crecido significativamente. La inseguridad va de la mano con el gran reto de reactivar económicamente al estado porque solamente una entidad con seguridad y con certezas jurídicas podrá atraer exitosamente las inversiones privadas nacionales y extranjeras. La reactivación económica será cardinal para enfrentar el problema del desempleo y particularmente el desempleo juvenil.
Más artículos del autor
Entre otros retos, Barbosa tiene el del medio ambiente. La complejidad de este reto está asociada a la presencia de inversiones depredadoras como son las que se hacen en materia de minería y en general en los proyectos de muerte. La protección al medio ambiente y el combate a los proyectos de muerte están vinculados a la protección al campo y los campesinos así como con la preservación de los pueblos originarios. De igual manera todo lo anterior también está relacionado con la protección de los derechos humanos. En suma, los retos del gobierno de Barbosa están asociados a la herencia que dejó un poder autoritario que fue complaciente con el crimen organizado y entusiasta promotor de las políticas económicas neoliberales que ha dejado devastado al país, situación en la que Puebla no es la excepción. A lo largo de los 18 meses que tuve la oportunidad de convivir con él, pude darme cuenta que Luis Miguel Barbosa no es un improvisado, que tiene un carácter enérgico. Y lo más importante para esperar de él un buen gobierno, quiere hacer historia.