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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Los invasores de El Paso, Texas

Los mensajes polarizadores y el lenguaje confrontador se han convertido en la regla.

Moroni Pineda

Es un activista de la democracia y la educación. Ha participado en distintas iniciativas como Mexicanos Primero, Actívate por Puebla, así como en consejos ciudadanos y empresariales. Doctorante en Educación. Es también presidente de Sí por México e impulsor de la Marea Rosa y Unid@s en Puebla.

Lunes, Agosto 5, 2019

“En general, apoyo al tirador de Christ Church”, así es como empieza el llamado manifiesto del post-puberto,  Patrick Crusius, asesino y verdugo de por lo menos 20 inocentes en el WalMart de Cielo Vista. Un sicario apoyando a otro, en lenguaje mexicano pues.

Un muro de lamentaciones se levanta a través de todo Estados Unidos, corriendo principalmente en los medios de comunicación, esos a quienes el Presidente Trump, en el colmo del descaro y el cinismo ético, culpa de la matanza. La gran incógnita es, si este dolor subyace en el alma profunda de los estadounidenses. El Pew Research Center, un Think-Thank tan necesario como indispensable en la era de los datos propios, señala en uno de sus más recientes estudios que el 55% de la población americana, considera que el discurso político y debate social va de mal en peor en la era del actual presidente. Un 85% en ese mismo estudio piensa que los mensajes son menos respetuosos y un 76% que carecen de datos comprobados. Nada nuevo bajo el sol.

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Pero si algo no escondió Donald Trump es quien era, y así lo reafirmó durante toda su campaña. De acosador de mujeres a buleador no intento aminorar su perfil. Fue más fácil que toda una nación se acostumbrará a su manera de hablar y comunicarse, que reducir su popularidad e intención de voto. Todo un hitazo en esta era democrática. A nadie engañó el magnate y casi príncipe New Yorkino. Su gusto por lo superficial y su capacidad para reducir en un discurso a segmentos enteros de la población, encajonándolos en un prejuicio popularmente aceptado, llenaron la boca de sus adoradores, que encarrilados entonan cantos de “expúlsalos” o “enciérralos” durante sus mítines políticos.

Las abuelitas mexicanas zapean a sus nietos aventándoles el famoso, dime-con-quién-andas-y-te-diré-quién-eres, algo que queda como anillo al dedo al súper asesor e ideólogo primigenio de la actual presidencia americana Steve Bannon, quien por cierto tiene una gran influencia con sus ideales de peligrosa derecha alternativa, a través de su adorada Breitbart News, en nuestro estado hermano de Texas. Muchas veces, ciertos sectores de la opinión pública estadounidense le reclamaron al Presidente Trump su tibieza al desmarcarse de los supremacistas blancos, sin lograrlo. Hoy, una vez muerto el niño, hay que tapar el pozo.

Todo indica que habrá una reelección en la Casa Blanca. Las encuestas apuntan en esa dirección. La base social que entronó al actual presidente se encuentra tan vigorosa como el día uno, sino es que más. La estrategia de una campaña política sin interrupciones con un discurso provocador y sediciente parece que le han dado resultado. Esta esquizofrenia social de rechazar el mensaje, pero aceptar al orador parece no tener una explicación.

 Para mal, nuestros queridos güeros son solo un añadido más de esta creciente dicotomía mundial. Países como Inglaterra, Brasil y aún México tienen sus propias y muy características contradicciones. Los mensajes polarizadores y el lenguaje confrontador se han convertido en la regla. Desde lo más alto del poder de las repúblicas, se escupen acusaciones y señalamientos, sin ton ni son, con el único propósito de alimentar a pan y agua a las masas hambrientas de personajes con algo de congruencia, aunque esta sea de la mala. Parece que como en las buenísimas luchas libres, nos gusta ver el espectáculo de toda la violencia simulada, tratando de encontrar desahogo a las penas diarias que nos hacen vivir los políticos tradicionales y corruptos. Queremos creer que es solamente un show que en la vida real no daña ni lastima. Máscara contra cabellera en la realidad, es un tremendo error.

El discurso divisivo y retrogrado daña y mucho. Brexit (la salida del Reino Unido de la Unión Europea) es otro ejemplo del mismo fenómeno global, que impensable hace tan solo una década, es hoy una realidad. El más ácido impulsor de este retroceso, y principal exponente de ideales segregacionistas, hoy se ostenta como primer ministro inglés, Mister Boris Johnson. Vaya, la voladora a todo lo que da.     

 Para el joven Crusius, los hispanos y más específicamente los mexicanos, son invasores de sus tierras, conquistadas en buena lid por sus antepasados europeos. Borrados quedan los millones de lazos tanto filiales como culturales y económicos que nos unen a nuestros hermanos de Texas. Atrapado por sus propias frustraciones, Patrick encontró en el discurso presidencial de Donald Trump algo de desasosiego a sus penas y males. Un sentido de lucha por lo que a su leal saber y entender les pertenece, lo llevo a jalar el gatillo.

Invasores de la democracia han sido otros, que diciendo que la enarbolan, la destruyen y minan para sus fines propios.

Alimentar la esperanza en la bondad humana un día a la vez, es lo que tenemos que hacer. No queda de otra.

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