¡Al diablo las instituciones!
Andrés Manuel López Obrador
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Plaza de la Constitución, D. F.
septiembre 1 de 2006
Raúl Espejel Pérez
Gonzalo Hernández Licona, titular del Coneval, publicó el 18 de julio un artículo de prensa en el periódico digital Animal Político donde crítica, en forma razonable y mesurada, el programa de Austeridad Republicana que impulsa el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Refirió en su trabajo periodístico, en términos generales, los efectos negativos que ha generado la aplicación sin orden ni medida de ese programa presidencial.
Efectos que se conocen ampliamente dentro y fuera del país.
Puntualizó que desde el comienzo de la administración gubernamental de López Obrador “se han tenido problemas en las áreas de salud, seguridad, cultura, deporte, entre otras, debido a recortes <presupuestales> que no han tenido un sólido fundamento y a controles que se han convertido en frenos para el gasto”.
Hernández Licona hizo notar que el Coneval está sufriendo las consecuencias de los ajustes que le fueron impuestos a rajatabla. Sin embargo, reconoció que “La austeridad es importante para un servicio público que se había excedido desde hace varios años. Los excedentes petroleros financiaron el gasto corriente en las últimas décadas; una parte fue para engrosar la burocracia. Había que corregir. Pero hay que hacerlo con cuidado”.
Señaló, también, la trascendencia que tiene para la austeridad gubernamental el propósito de eliminar gastos superfluos. Pero el dirigente del Coneval no se abstuvo de manifestar su inconformidad con la pretensión del gobierno del presidente López Obrador de reducir los salarios de las personas que menos ganan y recortar el 20% de la plantilla del personal de estructura del Coneval, así como la intención de eliminar direcciones generales adjuntas que son imprescindibles para el buen funcionamiento de esa institución.
Institución que tiene la encomienda constitucional de normar y coordinar la evaluación de la Política Nacional de Desarrollo Social y la medición de la pobreza en México.
La reacción de Andrés Manuel López Obrador no tardó en manifestarse. Fue iracunda y represiva. Anunció la inmediata destitución de Gonzalo Hernández Licona y amenazó con eliminar el Coneval por oneroso y profetizó que las funciones de éste, las puede realizar Inegi.
Señaló, además, que el sueldo de Hernández Licona era de 220 mil pesos mensuales. El doble de los 108 mil que él percibe como presidente de la república.
Dijo que “se abusó con la creación de estos organismos onerosos sin beneficio. Llenaron de instituciones supuestamente autónomas, independientes. Se puso de moda todo esto. Y sí se tiene el Inegi, por qué no el Inegi hace esta función”.
López Obrador encontró una ventaja financiera a su propósito de hacer talco al Coneval. Dijo que los 498.8 millones de pesos que tiene asignados para este año ese órgano pueden destinarse a financiar la guerra contra la pobreza y no a medirla ni evaluarla.
Una de las personas más allegadas a AMLO, en los temas de asuntos de economía y finanzas, el subgobernador del Banco de México, Gerardo Esquivel (además esposo de la titular de la secretaría de Economía del gabinete lópezobradorista, Graciela Márquez) declaró que el Inegi no puede sustituir al Coneval.
Otra persona vinculada también estrechamente al presidente López, el diputado Mario Delgado de Morena que pronosticó que de la reforma educativa promovida por el entonces presidente de la república, Enrique Peña Nieto, “no quedaría ni una coma”, también se pronunció contra la desaparición del Coneval.
Con estos pronunciamientos, ambos correligionarios del presidente de la república, se situaron, por cuenta, en condiciones de correr la misma suerte del exsecretario de Hacienda y Crédito Público, el políticamente extinto Carlos Urzúa. Ser acusados de “neoliberales” por la flamígera boca de AMLO.
Integrantes de diversos sectores de la sociedad civil han manifestado su desacuerdo con la barbaridad que AMLO cometería al eliminar el Coneval.. Muchas de estas personas consideran que de ocurrir este despropósito se pondría en riesgo la certeza, confiabilidad y respetabilidad pública a todas las mediciones y evaluaciones que efectúa este organismo.
No es la primera vez, en forma alguna, que López lanza sus virulentas embestidas contra las instituciones republicanas del país. El 1 de septiembre de 2006, dos meses después de ser derrotado por Felipe Calderón en la elección presidencial, las mandó ¡al diablo!
Ahora, cuando a López le faltan cuatro meses para cumplir su primer año como presidente de la república, ya eliminó, sin consultar al pueblo, dos institutos nacionales. El de Evaluación de la Educación (INEE) y el de Infraestructura Física Educativa (INIFE). Esperando su turno para pasar al paredón están el Coneval y la Consejería Jurídica. AMLO entregó a la pandilla de profesores afiliados a la CNTE el cadáver del INEE, para recompensar el apoyo que recibió de esa organización magisterial en la elección presidencial del 1 de julio de 2018.
La ligereza y apresuramiento con que el señor López determinó exterminar al Coneval, revela que no tuvo tiempo de enterarse que para mandar “al diablo” esta institución no bastan los perversos deseos del presidente de la república. Para lograr su propósito, AMLO, tendría, previamente, que modificar o derogar el texto (deficientemente redactado por los integrantes del poder Legislativo) del inciso C, del artículo 26, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que indica literalmente que:
El Estado contará con un Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, que será un órgano autónomo, con personalidad jurídica y patrimonio propios, a cargo de la medición de la pobreza y de la evaluación de los programas, objetivos, metas y acciones de la política de desarrollo social, así como de emitir recomendaciones en los términos que disponga la ley, la cual establecerá las formas de coordinación del órgano con las autoridades federales, locales y municipales para el ejercicio de sus funciones.
Mientras esta reforma constitucional no se efectúe, el Coneval, continuará vivo y López tendrá que posponer para otra ocasión sus deseos de volcar su fobia sobre los órganos autónomos que sirven de contrapeso en la cotidianidad de la función gubernamental.
Trascendió la noticia que en días cercanos a la súbita destitución del entonces titular del Coneval, Gonzalo Hernández Licona, esta institución estaba efectuando la evaluación de algunos programas clientelares del gobierno lópezobradorista.
Programas que resultarán con calificaciones reprobatorias porque se sabe de antemano que no resisten el rigor y profesionalismo de las valoraciones que realiza el Coneval, debido a que carecen de reglas que normen su operación y de padrones confiables,
Deficiencias que propician desvíos de fondos públicos, apropiación indebida de dinero y corrupción. Sobre todo cuando se manejan elevadas cantidades de dinero sin los controles necesarios.
El 28 julio en Zongolica, Veracruz, López prosiguió con su campaña encaminada a desprestigiar al Coneval y a los integrantes de su Consejo, arremetiendo nuevamente contra el extitular del Coneval, Gonzalo Hernández Licona. A quien volvió a acusar de haber percibido un sueldo mensual de 220 mil pesos.
Imputación que posteriormente rechazó el acusado al de demostrar que su percepción neta era de 91 mil 957 pesos mensuales y no de la cantidad que señala el presidente de la república sin presentar prueba alguna.
A su clásico estilo, López efectuó una consulta a mano alzada para saber si las personas acarreadas al mitin dominical sabían qué cosa es el Coneval. Como nadie alzó la mano, el mandatario tabasqueño dictaminó que nadie sabe nada del organismo encargado de medir y evaluar la pobreza., porque ninguno de sus funcionarios recorren la comunidades rurales. En seguida prosiguió lanzando su interminable y repetitivo rosario de descalificaciones.
Después de una semana de lanzar acusaciones y descalificación al Coneval y a su extitular y de enterarse que para eliminar este organismo se requiere una reforma constitucional, López se vio obligado a descartar ─por lo menos, temporalmente─ la eliminación del órgano encargado de medir y evaluar la pobreza. No sin dejar de advertir que el Coneval tendrá que someterse a un proceso de austeridad.
Yo, conociendo lo marrullero que es López Obrador, no desecho la posibilidad que en su calidad de presidente de la república aproveche la coyuntura del cambio de titular del Coneval, para influir en los resultados de las evaluaciones que lleva a cabo este organismo, cuando éstos pongan en desventaja a los otros datos que acostumbra manejar el titular del Poder Ejecutivo Federal.
Por su parte, el nuevo secretario ejecutivo del Coneval enfrenta el reto de mantener esta institución, cuando menos, en el mismo nivel de calidad, eficiencia, autonomía e independencia en que se la entregó Gonzalo Hernández Licona. No se puede aceptar nada que sea inferior a esto.