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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Qué espera Puebla después del 2 de junio?

Desarticular el sistema promotor de la exclusión social y política.

Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

Martes, Mayo 28, 2019

Guillermo Nares Rodríguez

El próximo domingo se cierra un largo ciclo de ejercicio gubernamental de corte autoritario. El ejecutivo estatal, gracias al control de los procesos electorales, dominó verticalmente la política durante poco más de cien años.  El escenario nunca fue terso: exclusión, amenazas, chantaje, compra de lealtades y linchamiento mediático significaron el pan de cada día para controlar y borrar a la oposición.

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 El horizonte poblano, a diferencia de otros estados del país, no se distinguió por tener proyectos para enfrentar la desigualdad social. El poder público transitó de la prepotencia de caudillos post revolucionario a la mediocridad de los liderazgos civiles solícitos al presidente de la república, reproductores aldeanos del modelo de monarquía sexenal federal. Por lo mismo el impacto de gobierno arrojó ausencia de perspectiva modernizadora sustentable. La alternancia de hace 8 años reeditó el ejercicio no democrático del poder.

El corte de caja arroja un orden social y político en decadencia. Puebla, la antigua potencia económica provincial hasta el siglo XIX, está en crisis. La principal evidencia es la descomposición social y del entorno natural; criminalidad urbana y rural en camino de ser masiva, exclusión, discriminación, marginación, poderes locales sin control, crisis ambiental, empobrecimiento acelerado de la población.

El largo periodo antidemocrático deja como herencia un estado uniforme, para mal. La diferencia entre vida rural y vida urbana desapareció. Ambas se encuentran en los confines del infierno social.

La Puebla rural de miseria económica, vivienda precaria, insalubre, con índices de escolaridad que nos ubican -junto con Chiapas, Guerrero y Oaxaca- en los últimos lugares del país. Decir campo poblano es referirse al desempleo, a la universidad negada para sus jóvenes, quienes como opción de vida tienen la migración o el reclutamiento en los ejércitos de las bandas delincuenciales. Es el panorama de la exclusión del desarrollo y del bienestar elemental. Abarca la sierra norte, la mixteca poblana, la sierra negra y la otrora prodigiosa región agrícola que corre de San Martín Texmelucan, la cuenca del Valsequillo, la región de Tepeaca, Tecamachalco y Tlacotepec, tan lastimadas y a punto del colapso por el bandolerismo posmoderno: el robo de combustible, narcomenudeo, asalto a camiones de carga, secuestro exprés, homicidios y crímenes de odio diarios.

La otra Puebla, aquella que rodea la ciudad capital -joya del virreinato y escudo de sueños presidenciales fallidos, centro de proyectos políticos- fue usada políticamente. La obligación de gobernar para todos sustituida por el ornamento citadino. El modelo de desarrollo centrado en el espacio urbano en realidad fue la creación de un espejismo, una ilusión para instalar en el imaginario social una urbe equiparable a las principales ciudades del mundo. Nada mas falso. El millonario presupuesto destinado a la zona metropolitana detonó áreas de privilegio dejando en el olvido perverso a miles de habitantes de la periferia y del centro de la ciudad; un breve recorrido por las colonias populares constata que fueron abandonados y criminalmente condenados a la marginación.

Ese modelo de desarrollo económico de soporte político autoritario, cobra factura ambiental. Nuestros niveles de contaminación son el mejor ejemplo de los efectos del uso arbitrario del poder: acabó liquidando las instituciones dedicadas a proteger el medio ambiente.

¿Qué esperar del próximo gobierno?

No cabe duda, como anticipadamente y con suficientes argumentos hemos sostenido, Luis Miguel Barbosa Huerta asegurará su votación, será gobernador.

En principio se requiere una reforma de estado democrática, que haga real la división de poderes con sus pesos y contrapeso. La transparencia y la rendición de cuentas debe ser efectiva. A la fecha domina un sistema discrecional y la sociedad no cuenta con mecanismos que obliguen a los políticos a entregar buenos resultados.

El gobierno del cambio tendrá que desarticular el sistema promotor de la exclusión social y política. Ello implica la formación de un gabinete capaz, experimentado, profesional, austero, con cuadros políticos comprometido con la Cuarta Transformación y sobre todo de extracción local; los políticos de fuera no tienen arraigo, nunca lo tendrán y por ende sus funciones rayarán en la medianía y el fracaso.

Requerimos un gobierno con sensibilidad social, cercano a la sociedad, de puertas abiertas con resultados prontos, inmediatos para la tranquilidad de los poblanos. Sin miedo a la evaluación permanente. Lo deseable es privilegiar el Servicio Civil de Carrera y desplegar acciones que disminuyan la discrecionalidad y la incapacidad gubernamental.  La ciudadanía no tolera más la ineficacia, negligencia y corrupción de servidores públicos; un ejemplo: no es posible y no debe tolerarse la corrupción de las corporaciones policiacas, en vez de combatir delincuentes, las patrullas de tránsito han instalado retenes en toda la ciudad para extorsionar ciudadanos. Esas prácticas deben castigarse.

La corrupción es uno de los grandes pendientes, la agenda pública comprende muchos otros temas, la violencia criminal, el medio ambiente, la impartición y administración de justicia, la conectividad, el combate a la delincuencia y la marginación; el acceso a la educación superior, el desarrollo sustentable, el combate a la contaminación, la impartición y administración de la justicia, el respecto a los derechos humanos.

Antes de llamar a festejos anticipados, la coalición que lo postula debería calibrar la tarea descomunal, extraordinaria, titánica, por no decir refundacional de la vida pública. Lo cual requiere de modo obligado que el candidato de Morena defina lo que hará con los arribistas, oportunistas, la escoria del priismo y morenovallismo, que aprovechándose del genuino afán conciliador, saltaron del barco que se hundía y hoy quieren seguir pegados a la ubre presupuestal.

Mal principio si el nuevo gobierno es avasallado por los trepadores del antiguo régimen.

La ciudadanía espera otro tipo de gobierno, que muestre capacidad de planeación diferente, de orientación participativa tanto en la definición de los procedimientos, medios y alcances como en la revisión y corrección de sus objetivos y del presupuesto. Por el bien de Puebla, el gobierno debe cambiar.

Ojalá que la 4Ta. Transformación en Puebla, sea como dice AMLO un cambio de régimen y no sólo un cambio de gobierno con todo lo que conlleva…

Veremos…

gnares301@hotmail.com

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