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Opinión



La renuncia, los empresarios y los periodistas

Domingo, Mayo 26, 2019 - 15:31
 
 
   

Ni están todos los que son ni son todos los que están.

Resulta simplón juzgar la renuncia de Germán Martínez a la dirección del IMSS como un capricho. No lo es y tampoco es una renuncia común. Esta cargada de razones y muchas de ellas son, deberían ser, atendibles.

Proceder contra él por el camino del linchamiento es otra equivocación. Esto incluso huele a servilismo, a halagar la decisión presidencial de aceptarla como algo común y ya.

Germán, con sus ideas y sus posturas, ha dado muestras de ser un hombre honorable. Al principio se caracterizó como un ideólogo brillante de la derecha. Casi el único en ese flanco ideológico.

 Después dio un giro razonable y con razones explicó públicamente su incorporación a la campaña de López Obrador y luego a su gobierno. Ahora, con su retiro abrupto, deja tras de si una renuncia cargada de argumentos de fondo y de forma.

Hace una durísima crítica sobre la forma de operar en los sótanos de la alta burocracia de Hacienda, que dan como resultado, según expone, que se privilegia una austeridad sin consideraciones y sin alma. Enumera muchas formas y ejemplos de cómo esto ocurre. Y manifiesta su documentada inconformidad y rechazo.

Lo grave es que sus razones coinciden con el sentir externo, público, de que hay una serie de contradicciones en la administración pública federal, que se traducen en graves fallas en el sector salud, con efectos dañinos y dolorosos para mucha gente que acude al IMSS, ISSSTE y demás hospitales públicos.

Si bien su renuncia tuvo un tratamiento común y expedito, con la sustitución inmediata, sus razones no han sido cuestionadas en lo absoluto. Y eso merece un tratamiento serio y profundo. Si no es con palabras, que sea con hechos.

 Lo deseable es que Presidencia, el gobierno federal, atienda con sensibilidad los fundamentos de ese documento crítico, público y respetable.

Pública también es, y de escándalo, la lista de las 45 grandes empresas beneficiadas con la condonación de impuestos. Su beneficio durante 11 años fue de 400 mil millones de pesos con la firma presidencial de Calderón y Peña Nieto. Aunque hay estudios más detallados con calculan el ahorro entre 600 mil millones y más de un billón de pesos. Saldrán más cifras en breve.

Eso fue legal, es cierto. Los presidentes estaban facultados para esta cancelación de pago. Pero no siempre lo legal es justo. Acaso sería admisible en un país en jauja. En lo absoluto es el caso de México. Ese dinero pudo haberse canalizado para atender y resolver mil problemas de hondo sentido social: becas, salud, escuelas, carreteras, etc.

Nada de eso hubo. Fue para atender la gula de los poderosos de este país, en contubernio con los presidentes. Todo esto lleva a comprender la fiera oposición multiforme y reiterada, un sexenio tras otro, a la llegada de AMLO a la presidencia.

Es altamente saludable ver la lista de las grandes empresas, para entender su papel y sus juegos clandestinos y públicos en el escenario político.

 Revisar el listado nos lleva a comprender que ni sus cimientos ni sus muros están sostenidos con tabiques de autoridad moral ni preocupación real por las necesidades de esta nación. Ello permite ver con toda claridad su hipocresía y complicidad con el poder.

Y también, echa por tierra el gastado cuento de que invierten para crear empleos. Invierten para obtener enormes ganancias, insaciables fortunas con el favor y amparo del poderoso, aunque para tal apetitoso e irrenunciable fin creen algunos empleos. Esto es lo real. Lo demás es fantasía.

Como de fantasía es la otra famosa lista, la de 36 periodistas que en el sexenio de Peña Nieto recibieron mil 81 millones de pesos en publicidad. Ahí aparecen todos los nombres de los conocidos forjadores de la opinión pública, “paladines de la verdad y padres de la patria.”

Como suele suceder en estos casos, ni están todos los que son ni son todos los que están.

Y el segundo riesgo de esto es la generalización. De entrada, es altamente positivo la divulgación de esta relación de personajes de los medios. Pero me parece que no resulta equitativo meter a todos en el mismo saco.

Por principio, si los medios son públicos, ejercen un derecho público, si su quehacer recurrente y casi único es analizar al poder público, y…dependen casi por completo (lo que no ocurre en muchos países del mundo) del dinero público, entonces no debiera extrañarnos que se haga pública la declaración de sus ingresos derivados del presupuesto.

De hecho, hay medios que sí llegan a transparentar sus ingresos periódicamente, no obstante ser empresas privadas.

El saldo de este asunto es el que ya se ha comentado otras veces: queda la sospecha de que, otra vez, hay un obscuro contubernio entre medios y poder. Al menos en muchos casos.

De paso debo decir que hay algunos medios, muy pocos, que sí merecen el beneficio de la duda y un mediano margen de confianza en su tarea periodística. Es decir, que separan perfectamente su publicidad de su ejercicio profesional.

No es que los medios NO  deban recibir publicidad gubernamental. Es correcto, es legal y es justo.

El punto está en definir por qué  se otorgan tales partidas, con fundamento en qué, para qué fin y el monto de la cuantía.

 Si tales o cuales medios tienen probada presencia en la sociedad, respetable penetración y credibilidad, y/o además cumplen una encomiable labor social o cultural, y esto es   verificado  con estudios de mercado, encuestas y otros mecanismos, el otorgamiento de la publicidad es correcto.

Con el agregado: el dinero público, en un medio público, es decir, cuyo ser y sentido es para servir a la sociedad, al público, entonces hagámoslo todo público. ¿Por qué el miedo a la transparencia?

Y en paralelo con esto, definir muy bien, con justeza y con criterio, cómo canalizar el gasto en publicidad de los gobiernos a los medios. Una sociedad que vive un afán de limpiar y transparentar el ejercicio del poder, merece caminar por un sendero ventilado, empedrado con medidas éticas y expuesto sin rubor a los ojos de la gente.

Toda indefinición genera sospecha. Y la sospecha desconfianza. Y la desconfianza carcome las paredes del poder.

La costumbre o reticencia de empresarios beneficiarios de la condonación de impuestos, o de periodistas favorecidos con publicidad, a hacer pública esta información cuyo origen primario se deriva de recursos públicos, no tiene sustento.

Y sí, por el contrario, tiende un velo de duda o claramente de sospecha.

¿No le parece a usted?

xgt49@yahoo.com.mx


Semblanza

Xavier Gutiérrez

Es periodista desde 1967. Ha sido reportero y director de medios impresos y conductor de programas de radio y televisión. En su trayectoria periodística ha sido articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Es autor del libro “Ideas Para la Vida” y ha desempeñado cargos públicos en áreas de comunicación. Desde hace diez años conduce el programa de televisión “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

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