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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Tortitas de papa

Ella había escrito una lista de cosas por hacer.

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Mayo 23, 2019

Es un buen amigo; se ofreció ayudarla a limpiar y acomodar una bodeguita donde tiene madera, bicicletas, instrumentos de jardinería, de limpieza y otras cosas que ha ido acumulando. Lugar semicerrado donde permea aire y polvo, tiene pared atrás, techo, y alambrada a los lados y el frente; es un espacio semiabierto dentro de otro semicerrado, como una esfera dentro de otra esfera.

Llegó en su moto con atuendo de experto motociclista al medio día. Quedaron en comer, después. Se quitó el casco y se bajó del vehículo. A pesar del calor, vestía con ropa gruesa, chamarra y botas, “por el frío que se siente con la velocidad”, justificó. Atento, mientras dejaba sobre el sillón su roperío, se alistaba para echarle la mano en lo que se ofreciera.

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Ella había escrito una lista de cosas por hacer: inició por subir, a la parte alta del closet, las cobijas y almohadas de sus hermanos ya que el acomodo de la bodega los llenaría de polvo. Él arrimó la escalera hacia el closet, se subió, abrió las puertas de la parte alta, acomodó maletas para abrir espacio y mientras, ella las doblaba.

Así acomodaron todas las cobijas, almohadas y edredones de la familia que es grande. Después se alistaron para subir al segundo piso. Empezó ella por sacar la madera y leños; después escobas, recogedores, trapeadores. Siguió con el equipo de jardinería. Él empezó a estornudar y le lloraban los ojos; se hinchó de la cara y tuvo que retirarse a donde corriera el viento. “¡Uta, es alérgico al polvo, --pensó ella--, pa’ qué se ofrece si todo es polvo!”. Le dijo que no se afligiera que ella haría la sacudida y que él acomodara las cosas por categorías.

Se puso en chinga a subir y bajar, acarrear y maniobrar con todo lo que tenía que acomodar; echaba agua para no levantar polvo al barrer y cuando se volteó a verlo, ¡pegado al pinchi celular! “Para eso me gustabas, --le gritó ella--, ¡para ver tu puto celular!” “¡Estoy viendo mis noticias!”, respondió él sin inmutarse. “¿Para eso viniste?, --reprochó ella--. Primero tu alergia, luego tus noticias, me hubieras dicho y lo hago sola”.

Llegó la hora de la comida en agradecimiento. “¿Me podrías dar un vasito con agua?”, solicito él. “¡Sí claro!, ahí están los vasos y el garrafón”. La miró desconcertado. Tomó el agua y se sentó a la mesa. Ella le sirvió arroz con dos huevos estrellados mientras atendía también las tortitas de papa en la estufa. “¿Vas a comer conmigo?, preguntó él. “Si güey, sólo checo mis noticias”, contestó ella sin inmutarse. Le sirvió las tortitas de papa: “Disculpa, creo que no me salieron bien ¡pero saben rico, pruébalas!” Supremo placer ver el rosto del muchacho cuando comía esa rica masa grasienta de papa. Él comenzó a platicar y ella lo acotó: “Discúlpame, ya se me hizo tarde para ir por mis hermanos, ya tienes que irte”.

La venganza tiene sabor a puré grasiento de papa.

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