Maquiavelo
Admiro a quienes todos los días se desgastan en redes sociales señalando las inconsistencias, contradicciones, mentiras, confrontaciones y decisiones del Presidente de la República. Tacharlo de loco e incongruente –que es lo menos que se podría decir- suena sensato pero poco o nada efectivo.
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Entre ocurrencias y desvaríos, ya van casi 5 meses y la 4T avanza, dejando un sinfín de damnificados, con tal de conseguir su objetivo: consolidar la base social que les permita mantenerse en el poder por largo tiempo. AMLO después de tres intentos, finalmente entendió y está aplicando bien una máxima de Maquiavelo: “Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira”.
Entre mentiras y verdades a medias, el Presidente dijo en la semana algo que no debe pasar desapercibido o tomarse a la ligera. Hablando de combatir la corrupción invitó a que los ciudadanos ayuden a detectar a sus vecinos corruptos observando los cambios en su forma de vestir, sus propiedades y basados en las conversaciones del barrio en las que se comenta si la persona que vive al lado se mudó a un lugar más lujoso.
Literalmente dijo: "Hay cosas que no se pueden ocultar, por lo general los corruptos son muy fantoches, lo primero que hacen es comprarse residencias, carros de lujo, empiezan a gastar en carros de lujo. Se nota cómo vive el vecino, ya se mudó, ya no vive en la Doctores (un barrio popular de ciudad de México), ya se fue a Las Lomas (una de las zonas residenciales más caras). Todo eso que se denuncie".
Digo, no caen huachicoleros ni políticos acusados de corrupción, pero sí se nos invita a denunciar al vecino.
Algunos medios inmediatamente relacionaron este mensaje con la intención de crear una figura similar a las redes informantes vecinales cubanas o venezolanas. No, no fue un resbalón del Presidente ni mucho menos busca combatir la corrupción. En realidad pretende tejer redes vecinales afines que acusen a los vecinos tachados de fifís=conservadores=corruptos=críticos y contrarios al sistema que se está creando.
Sé que dirán que exagero y que formo parte de la mafia conservadora pero no es así. Para muestra, un botón: la 4T también quiere avanzar en Puebla capital y hace unos días se presentó ante la Comisión de Gobernación una iniciativa de reforma al Capítulo 7 del Código Reglamentario Municipal, referente a la elección de mesas directivas de vecinos.
¿Qué fue lo que más me llamó la atención de dicha iniciativa? Algo bien sencillo:
1. Que buscan cambiar el nombre y el sentido de la organización vecinal. A las mesas directivas de vecinos les quieren llamar “juntas de acción vecinal”.
2. A estas las definen como “agrupaciones político sociales”, que coadyuvarán con el ayuntamiento en la solución de problemas y asuntos vecinales. Nada que ver con la naturaleza de la organización vecinal.
En la 4T no hay casualidades. En verdad buscan construir redes vecinales con intereses afines a los gobiernos morenistas y colaborar con los mismos, seguramente a cambio de apoyos de cualquier tipo.
Al respecto, cito un artículo en el diario Impacto: “Los gobiernos autoritarios y el paso más avanzado, las dictaduras, necesitan de esas redes de informantes para mantener un control básico sobre la población. El pasaje de López Obrador, en Palacio Nacional, para ilustrar “lo que deben hacer los vecinos espías” o soplones o sapos: “¡Ya se cambió de la Doctores a Las Lomas”, es de una insidia brutal; es veneno para instigar la nueva lucha de clases que trata de instaurar la Cuarta Transformación para mantenerse en el poder”.
Por eso, hoy más que nunca, la participación ciudadana responsable, crítica y razonada puede salvar a este país de un autoritarismo que ya empieza a tejerse en el territorio.
Como lo dije en una columna anterior, la narrativa maniquea de las cosas nos estará distrayendo de temas fundamentales, mientras los objetivos de la 4T avanzan y se arraigan en el pueblo.
Aunque suene descabellado y hasta ingenuo, es preciso que las voces críticas no callen y aunque sea ensordecedora la aclamación popular, siempre debemos apelar por los equilibrios.
César Marcelino León Ochoa