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Opinión



Tragedia y poder, crónica de Edipo

Jueves, Abril 25, 2019 - 20:49
 
 
   

Analogías con la crónica política de nuestro reciente devenir político.

Maestro entrañable”, Elisur Arteaga da a conocer una obra formidable, la lectura de las primeros capítulos o cantos, hace pensar en una obra de ficción literaria a la que no es particularmente dado, que recordaría la formidable novela de Gabriel García Márquez.

“Edipo Alcalde”, relato magistralmente llevado al cine con una pléyade figuras destacadas de la actuación en el mundo de habla castellana, desde el legendario “Paco” Rabal y Ángela Molina, pasando por el muy mexicano Jorge Martínez  de Hoyos, el cubano Jorge Perugorría que se destacara en el peculiar papel que protagoniza e la cinta “Fresa y Chocolate”, y ni que decir del reparte de actores colombianos, país sede de la producción entre los que se destaca Jairo Camargo en el papel de Creonte; logra magistralmente ensamblar la crónica policiaca y política en lo que bien podría aparecer como un reportaje sobre el conflicto guerrillero en Colombia , nada más y nada menos con la trama del drama clásico de Sófocles.

La obra dada a conocer en fechas recientes por el mi maestro Elisur Artega, remite de inmediato a primera vista, con marcadas analogías con la crónica política de nuestro reciente devenir político, así como con los rumores filtrados en los pasillos, que se relacionan directamente con la misma.

Lo anterior, a grado tal, que, una lectura superficial, permitiría emparentar, bajo una perspectiva más bien superficial, claro está, dicha obra con la ya referida novela del finado premio nobel.

Para no poca sorpresa del lector medianamente acucioso, que al profundizar en la lectura descubre que lo que hace en realidad Elisur Artega es un trabajo minucioso de erudición clásica y de enorme profundidad filológica, desentrañando en fuentes primarias de la antigüedad previa al “siglo de oro” de Pericles, el acontecer histórico.

 

A contracorriente de las reflexiones esgrimidas por Joseph Campbell, en el sentido de que el esclarecimiento histórico de los hechos desvanece por completo la riqueza del mito, encontrar o descubrir el sustrato primigenio de la zaga,  al margen de los relatos que le sucedieron y de manera por demás destacada de la que se consagra en la pieza trágica de Sófocles,  y ya no digamos en construcciones ideológicas como la de Freud, también magistralmente llevada al cine bajo la dirección de John Huston, dicho sea de paso, permite encontramos de frente a las llaves, las claves y los enigmas del poder y su ejercicio en todos los tiempos.

Joseph Campbell concluye  su ensayo sobre el psicoanálisis del mito, ( EL HÉROE DE LAS MIL CARAS), discurriendo sobre el conflicto del hombre contemporáneo, necesitado de un derrotero simbólico que de sentido a su existencia, en tanto que enfrenta en soledad el universo social a diferencia de lo que acontecía con la vida comunitaria de la antigüedad neolítica, en la que los seres humanos conformaron la noción de “mito” siguiendo un esquema que iba del llamado  realizado por un misterioso introductor, a parajes desconocidos de los que se retornaba trayendo una enseñanza difícilmente comunicable.

Acaso en tal dilema, el horizonte que se presente al hombre actual sea, precisamente, dilucidar el hecho que se oculta por debajo del lenguaje simbólico, poético o mítico, tal y como lo hace Elisur Arteaga a grado tal de conducirnos a la crónica d ellos sucesos actuales a la manera de García Márquez, tal y como acontece en la “Crónica de Edipo”.

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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