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OPINIÓN

No hay militantes, solo negociantes

“Un partido político es la locura de muchos, en beneficio de unos pocos” Alexander Pope Poeta inglés

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Lunes, Abril 8, 2019

Un fenómeno que se ha visto multiplicado en los tiempos recientes es el cambio de personas en  los partidos. En todo el país y en las semanas recientes en Puebla. Individuos que saltan de uno a otro y otro y otro partido con absoluto descaro.

Aunque mucho habría que revisar en esta mutación simiesca. Porque hay de todo. Abunda la desvergüenza, escasean las razones.

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La tipología es inagotable.

Para empezar, la categoría de militante prácticamente hace muchas décadas  no existe.

Aquél individuo que posee una ideología acorde con la de un partido, que cumple sus reglas, paga sus cuotas, evoluciona desde el piso con afanes y hechos meritorios, es una especie extinta. Hay quien afirma haber visto un ejemplar así, rara avis, allá por  el sexenio de Lázaro Cárdenas.

No existiendo militantes lo que abundan son sujetos interesados en una chamba, el  dinero fácil, negocios, aterrizaje en corto tiempo en una pista de corrupción.

Corrupción rima con prostitución.

Por favor sin asustarse ni fruncir el ceño. Revise vidas, grupos, parentelas. Hay especímenes de todos los tamaños, estratos, oficios y condiciones.

Para incursionar en ese mundo de la riqueza mal habida y sin esfuerzo, las aduanas o puentes son los partidos. Mal llamados partidos. Son aquelarres, sociedades para delinquir, traficar  con plazas, puestos o negocios; obtener canonjías o concesiones.

Las prerrogativas del INE a los partidos son sólo un filón. No el más jugoso.

El acceso no está prohibido a nadie. Los hay de modesto origen con pretensiones gansteriles,  lo mismo que tipos encumbrados y ricos con voracidad insaciable. Todos caben. Mejor aún si tienen antecedentes penales. No es requisito pero cómo ayuda.

Estuvieron en el PRI en el periodo clásico. Con el declive se treparon a los gobiernos panistas,  pintados de azul,  donde en esencia no se advirtió diferencia alguna. Mismos rostros, idénticos antifaces, cleptocracia de otro tono. Y allá van nubes inmensas de chapulines.

Ahora el abordaje es en el navío de Morena. Lo miran embelesados como al “Titanic”.

En Puebla el morenovallismo un día va a ser motivo de estudio sociológico, político y psicológico. Dejó legiones de ricos sexenales sin ideología ni pudor, pero eso sí con  maravillosos modales de cinismo y servilismo.

La cercanía con la pareja gobernante fue directamente proporcional a la bellaquería que caracterizó a personajes de la peor ralea.

Esa etapa nefasta consumó la más imaginativa y desfachatada explotación de los partidos.

En ninguno de los partidos había militantes. Había, sí, legiones de siervos controlados por novísimos encomenderos que cumplían a cualquier precio la orden de conservar el poder.

Las élites que controlaban y controlan aún a los partidos operan como una suerte de sucursal bancaria con fachada de mancebía. O al revés.

Las cúpulas negocian  cargos, periodos, candidatos, ayuntamientos, regidurías, gubernaturas.

 Y entonces,  quienes están en un partido se pasan al otro, donde  más calienta el sol, donde  se avizora halagüeño el futuro. Como cuando se cierra un prostíbulo y se abre otro, con distinto nombre pero con las servidoras de siempre.

Parece una exageración, pero no. Hay por ahí un caso en que todo esto es literal. Un día se habrá de comentar. La dama llevó a su consorte a alturas celestiales inimaginables. Pero esos son cohetes de otro mayordomo. Al toro…

No habiendo militantes, mal se puede juzgar a quien deja un partido y al otro día está en otro. No existe convicción, compromiso o lealtad. La única lealtad visible es al dinero.

Los medios publicitan a sujetos sin moral, principios, preparación, ni pisca de honestidad, que se van a de un partido a otro. Como si atrás de ellos fueran ejércitos de ciudadanos impolutos y ejemplares. No hay nada. Ídolos de tepalcate que pagan su propia “inflación” mediática.

Y como todo es un juego entre iguales, hay candidatos que les creen. Y hasta piensan que individuos así algo les suman. Este folclorismo complementa el paisaje . Pinceladas de baba y estiércol que hemos visto y vemos todos los días.

Distintos y aislados son los casos de escisiones partidistas por discrepar o romper el férreo control de las cúpulas. Sólo por citar algunos ejemplos así ocurrió con Cárdenas, Muñóz Ledo, Heberto y de algún modo el propio Andrés Manuel. El tiempo les dio la razón: abandonaron cascarones podridos que hoy están en el sitio correspondiente.

Con esta pobreza partidaria que tenemos, es comprensible que el ánimo del ciudadano común no eleve el mercurio del termómetro social.

¿No le parece a usted…?

xgt49@yahoo.com.mx

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