Recientemente la legislatura de Nuevo León aprobó la penalización del aborto y antier la Senadora Lily Téllez se molestó y culpó a sus compañeros del senado por ponerle un “trapo verde”, cuando ella está a favor de penalizar al aborto. Igualmente, el Senador Eruviel Ávila está a favor de penalizar este inalienable derecho de la mujer. Esto ya es un movimiento en contra del derecho de las mujeres a vivir una vida plena, incluyendo la sexual, y sobre todo a decidir sobre su cuerpo, particularmente cuando su vida está en riesgo.
El argumento formal que esgrimen por los que están a favor del aborto, quitando los religiosos, es que la vida comienza cuando el espermatozoide entra al óvulo, una visión muy alejada de la biología. Cada célula de nuestro organismo es un ser vivo en potencia, así lo demuestra la clonación empleando un óvulo y el núcleo de cualesquiera de nuestras células. Esto es la capacidad de generar un nuevo ser no solo está en los gametos: óvulos y espermatozoides.
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Es decir, el problema del aborto es religioso, y es lo que impide el acceso a un procedimiento que en condiciones seguras es efectivo e innocuo. Requerimos más educación sexual, acceso universal a los métodos anticonceptivos que lleguen a todos los rincones del país. Solo unos datos, el 90% de las mujeres con mayores ingresos económicos pueden acceder a clínicas seguras para abortar; mientras que las más pobres no tienen esa opción y además son estigmatizadas. Es también en ese grupo económico donde se tienen la tasa más alta de embarazo de niñas y jóvenes, vidas truncadas a los 9 y hasta los 14 años de edad, en la mayoría de los casos violentadas sexualmente por sus propios familiares o amigos cercanos al núcleo familiar. Usemos un pañuelo verde en el mes de marzo: Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.