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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Tañen las campanas

Sonido tan íntimo y cercano a mí desde mi infancia.

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Marzo 7, 2019

Me gusta escuchar el tañer de campanas. Es un sonido tan íntimo y cercano a mí desde mi infancia sin que haya tenido alguna vez significado religioso alguno. Siempre ha sido un eco que me llena de paz, de alegría y de certeza de que la vida es libre porque llega con el viento de la tarde y de fines de semana.

Cuando niña, al haber cumplido con la escuela y tareas, lo escuchaba al atardecer y era signo de ser libre para hacer lo que quisiera, aunque fuera sólo sentarme en el pasto del jardín para oírlas tocar mientras jugaba con una vara rascando la tierra o siguiendo el camino de las hormigas; o bien la señal para salir a andar en bicicleta, andar en patines o jugar a la pelota con mis amigos y hermanos para después regresar a casa a cenar, bañarme y dormir.

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Fines de semana significaba despertarme con su divino son como canción serena cantada al oído en un murmullo lejano, haciéndose más presente mientras atravesaba del sueño a la vigilia, abriendo los ojos para ver la luz del sol atisbar por los ojillos de las persianas como arcoíris que me espiaba estirar mi cuerpo en la cama y levantarme en señal de estar lista para darle a la vida.

El sonido de campanas siempre ha significado aire y viento, alegría y juego, libertad y autonomía. No es religioso pero es sagrado, apela a mi espíritu como sonido paradójico que me llena de paz y me inunda de energía, que reclama mi más profunda impronta de que hay un mundo que es bueno y es noble y me fecunda para respirar la plenitud de la Tierra.

El tañer de campanas era el reloj exacto que señalaba relevo de un disfrute a otro, siempre como una pausa bondadosa, invitándome a continuar con cada respiro que da vida. No recuerdo haberlo escuchado entre semana por la mañana al estar en la escuela, ni tan siquiera en recreo a pesar de vivir en una colonia donde había cinco iglesias alrededor. En ese tiempo a la hora que tocaban las campanas, sin tráfico ni ruido, escuchaba sus llamados parsimoniosos que llenaban el espacio todo para impregnarme y hacerme vibrar desde el oído hacia cada célula de mi cuerpo, y serenarme.

El sonido nuevo de cada campanada es la voz mágica que abre caminos de viento cada día y echa a andar la maquinaria dúctil de la vida. Cada campanada me revela y me rebela. Un simple tañer es una canción que corre con la brisa para hacer la diferencia entre sufrir la realidad y transformarla. En su sonido viven la luz y la oscuridad, alquimia de mi corazón adentro.

alefonse@hotmail.com

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