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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El “Nego” cultural en Puebla

Los vivales incrustados en la institucionalidad gubernamental de la Cultura quieran continuar ahí

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Miércoles, Marzo 6, 2019

En el mundo cultural, contrario a lo que pregonan los románticos trasnochados, no todo se hace por amor al arte, sino que, buena parte de la dinámica cultural se hace, simple y llanamente, por amor al dinero. Y si tú eres de los que piensa que estos dineros son pocos, desmiéntete; algunos de los negocios alrededor de la cultura son vastos y jugosos. Por ello, los vivales incrustados en la institucionalidad gubernamental de la Cultura quieran continuar ahí, mientras que otros hacen hasta lo imposible por participar, a cualquier costo, del “nego cultural”.

Durante el 2009, en el Sector Cultural Público poblano se llevó a cabo una considerable inversión que recayó en varios museos del Estado. Uno de los beneficiados, con alrededor de 15 millones de pesos, fue la Casa de los Hermanos Serdán. La razón lucía obvia: en 2010, año de elecciones locales, se cumpliría el Centenario de la Revolución Mexicana y el gobierno poblano de entonces quería refrendar, a nivel nacional, la participación de la familia Serdán Alatriste como precursores y protagonistas principales de dicha conflagración.

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En el nivel local, la estrategia del gobierno marinista también era obvia: destacar, en esos momentos electorales, la preocupación del estado por mantener la identidad e historia poblana en alta estima, y… gastarse la mayor cantidad del presupuesto estatal para dejar los mínimos posibles al gobierno entrante de Rafael Moreno Valle Rosas.

Con los 15 millones asignados, el museo Casa de los Hermanos Serdán vivió una transformación radical, alabada y apreciada en su momento. A la par, y según se afirmaba en los mentideros políticos, esta reconstrucción también contribuyó a incrementar la fortuna personal del Secretario de Obras Públicas de ese sexenio: Javier García Ramírez. A pesar de la (presunta) feroz persecución policiaca sobre Javier, nunca fue detenido y, por lo tanto, nada de lo antedicho pudo comprobarse y todo quedó en el campo de lo anecdótico. Lo único cierto es que en el museo se gastaron 15 millones de pesos y… alguien los cobró.

Seis años después, en plena pujanza del proyecto presidencial de Rafael Moreno Valle, se destinaron 20 millones 800 mil pesos más para el mismo museo. Alrededor de 11 de ellos, se invirtieron en el inmueble –en la casa, pues-, y los restantes 9 en una discutible, por innecesaria, renovación de la puesta museográfica, ya que el proyecto anterior efectuado en el sexenio de Mario Marín, era exitoso entre los visitantes y se basaba en un estudio que, ese mismo 2010, obtuvo la distinción del Premio de Investigación Histórica “Aquiles Serdán” concedido por la BUAP y el Comité para los Festejos del Centenario de la Revolución.

Desde sus inicios, el plan de renovación museográfica del 2016 tuvo mala estrella, ya que fue uno de los tantos encomendados a Ricardo Linares, quien, por tener todos, o casi todos, los proyectos de equipamiento de los museos estatales, (tanto de los nuevos recintos como de los históricos), no logró concretarlos con la calidad y sustentación histórica que se merecían; sobre todo la Casa de los Hermanos Serdán, ícono identitario poblano. Debido a esta sospechosa asignación que recibió Linares en el sexenio de Moreno Valle, terminó subrogando actividades sustantivas, agravando con ello la, de por sí, demeritada calidad de los proyectos y productos que llevó a cabo. Debido a esta sobrecarga de trabajo, delegó las acciones de renovación de la Casa de los Hermanos Serdán en una mujer de nombre Natalia, al parecer su ex esposa o pariente cercana. Además de ella y Linares, en dichos trabajos estuvieron involucrados los titulares de la Secretaría de Infraestructura del Estado, el CAPCEE y, desde luego, el CECAP.

Lo más aberrante del asunto es que, a pesar de la multiplicidad de actores públicos y privados, jamás existió un proyecto museográfico, ni un catálogo de conceptos definido, ni un control efectivo y profesional de lo que se hacía o dejaba de hacer en el museo. La tónica de todo fue simple y llanamente “el nego” a costa del erario. La constatación de ello sucedió el 16 de noviembre de 2016, cuando, durante el recorrido de inauguración, el propio Rafael Moreno Valle recriminó a su Secretario de Infraestructura la mediocridad de los trabajos, con estas palabras: “No se notan los 20 millones. Nadie te lo va a creer”. Por supuesto, el recorrido inaugural se suspendió a partir de esos momentos y la señora Natalia fue increpada por Diego Corona Cremean por la chabacanería de lo que presentaba. Bueno, hasta el color de las butacas colocadas fue motivo de bronca, pues el secretario las ordenó azul panista, pero, al final, se colocaron unas ¡rojo priísta! Fue tal el berrinche de Diego y su afán de desmarcarse de la turbia inversión en el proyecto museográfico, que por la tarde de la reinauguración del museo colocaron una enorme manta puntualizando que la Secretaría de Infraestructura respondía cabalmente tan solo por los 11 millones de pesos invertidos en la casa. La intención era más que clara: de los 9 millones de la fallida museografía, motivo del enojo de Rafael Moreno Valle, que respondiera Ricardo Linares.

Como consecuencia de lo relatado, en el gobierno de Tony Gali se desataron varias investigaciones encabezadas por las respectivas oficinas de Contralaría, tanto de Infraestructura, como del CAPCEE y de Turismo y Cultura, y durante unos cuantos meses vinieron al museo brigadas de contralores y peritos, quienes, documentos en mano, corroboraron lo aberrante de los trabajos museográficos; pero, al final, no hubo ninguna sanción.

Después de tales desaguisados cualquiera pensaría que jamás volvería a contratarse en Museos de Puebla a Ricardo Linares, pero ¿qué cree?, ¡aún lo contratan! ¡Inaudito!; sobre todo porque hace un par de meses, en los trámites de entrega recepción del Gobierno de Tony Gali al de Martha Érika, se requirió la firma de los titulares de los museos restaurados y dichos documentos oficiales de entrega contienen, tanto las aberraciones antedichas, como unas nuevas; por ejemplo, el que las dos facturas que sustentan el pago de poco más de 9 millones de pesos, producto de la renovación museográfica de la Casa de los Serdán, aparecen con cantidades exactamente iguales, ¡hasta en los centavos!, cuando se supone que dichos documentos avalarían la compra e instalación de, al menos, 30 productos eléctricos, electrónicos, mamparas, objetos museográficos, etcétera, distintos entre sí; ¿cómo, entonces, pudieron “cuadrarse exactamente” en dos facturas para que el monto fuera idéntico entre ambas? Dijeran los clásicos: “si no es el Diablo, huele a azufre”. “Nego, puro y duro”.

Y esto de la restauración, necesaria y periódica de los museos, es tan solo un botón de muestra de la multiplicidad de actividades que se deben comprar, pagar, arrendar, restaurar, renovar, etcétera, etcétera, para que la cultura llegue fresca y con la cara lavada, a los consumidores, o sea, a los visitantes locales, nacionales y extranjeros. A lo anterior súmale –además de las plazas y nombramientos de las instituciones culturales estatales (Secretarios, Subsecretarios, Directores generales, Directores, Subdirectores, Jefes de Departamento)-, 1. El alquiler de equipos y productos para montar los escenarios de conciertos y festivales; 2. El diseño, construcción y manejo de los carros alegóricos del desfile del 5 de mayo; 3. Los bocadillos, coffe break y degustaciones que se otorgan en la inauguración de las exposiciones y eventos; 4. Los arreglos florales y coronas de laurel que se utilizan en todas las ceremonias; 5. La contratación de seguros y fianzas para inmuebles y muebles; 6. Los procesos de fumigación, pintura y restauraciones menores de todo el equipo y mobiliario de oficina; 7. Garrafones de agua consumidos en las oficinas y recintos; 8. Custodios y personal de vigilancia de los recintos; 9. Curadurías de exposiciones y viajes de comisariado, tanto al interior del país, como al extranjero; etcétera, etcétera, etcétera.

Como ves, el Nego cultural es vasto y de ello no se habla, ni una palabra, en los Foros Culturales; después de todo, pensarán sus beneficiarios, ustedes, creadores y promotores, pueden pelearse por la pipitilla cultural de las becas y subsidios que se otorgan una sola vez, mientras nosotros proveemos los insumos para la Cultura, puesto que, al final, cada año: hay desfile, y festivales, y ceremonias, y conciertos, y…

P.D. Comenzaron ya los anunciados cambios en Museos de Puebla. Llega a la Dirección General Juan Carlos Fernández Jasso; a su vez, Miguel Ángel Pérez Maldonado arriba como Abogado general del OPD. Se esperan otros más, desde luego, el más expectante, el del MIB.

Por su parte, Monserrat Galí no acaba de encontrarle la cuadratura a la Subsecretaría de Cultura y, mientras continúa señalando el problemático organigrama que le tocó en suerte (actividad esta que la distrae de lo sustantivo), en los puestos de Dirección de su Dependencia aún despecha la gente afín a Anel Nochebuena, pudiendo estar personal de las confianzas de la propia Monserrat, de tal suerte que, acompañada de sus allegados y no de los heredados, podría avanzar, creo, de forma más nítida en el desenredo de la madeja cultural que le encomendaron.

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