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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Así, ad infinitum

Un mantra. Hipnotiza a cualquiera.

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Febrero 28, 2019

Alejandra Fonseca

Vive en la CDMX y vino de visita a Puebla. Recién llegó le ardían los ojos y le ofrecí de las gotas de lágrimas naturales que cotidianamente uso; aclaré que no contienen ningún tipo de medicamento. Saqué el gotero, se lo mostré y le dije que no desconfiara ya que, al ponerme las gotas, nunca me lo pego al lagrimal. Ofrecí a ponérselas. Me levanté del asiento, al acercarme le dije echara la cara hacia atrás, abriera los ojos y viera para arriba sin cerrar los ojos. De manera inmediata su ardor y resequedad tuvieron alivio. Le obsequié el dosificador.

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La semana siguiente de nuestras reuniones quincenales, a Lucio, un mutuo amigo que también viene de la CDMX, le ardían los ojos. Ella comentó que por suerte no había sacado de su bolsa las gotas que le regalé y le ofreció a Lucio las probara ya que le habían sentado muy bien. Lucio analizó la etiqueta, decidió probarlas y bien sabe cómo ponerlas.

En la plática Lucio me preguntó el nombre de las gotas ya que en la etiqueta sólo tienen el contenido. Sin mediar tiempo alguno, le respondí: “Son gotas del doctor Nal, es el nombre del doctor. Ahora repite muchas veces sin pausa: ‘gotas del doctor Nal-gotas del doctor Nal-gotas del doctor Nal-gotas del doctor’” y con mirada de incredulidad Lucio empezó a reír.

Judith y Chelo, que se encontraban ahí, empezaron a reír tímida pero evidentemente. Lucio, que es un super dandy serio --hasta que le gana la risa, que es muy seguido--me inquirió asombrado: “¿Qué, Alejandra?” Y sin modestia alguna, como cuando niña, continué ad infinitum con mi: “¡Gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal!”

--¿Y dónde aprendiste eso?, me preguntó Lucio enfáticamente, entre sorprendido y hechizado evitando a toda costa se notara su rictus de fascinación.

--Era mi cancioncita preferida cuando jugaba en el jardín de mi casa a dar vueltas como rehilete o columpiándome o en el sube-y-baja. Tendría como cuatro o cinco años. La escuché, me encantó y ahí anduve años de años con mi ¡Gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor!

--¡Y todavía te acuerdas!

--¡Claro que sí! Es un mantra: ¡Gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal!, te hipnotiza.

Salí de la reunión con mi: “¡Gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal”, sintiéndome la más feliz del mundo!

Una semana después mi amiga Chelo me llamó y dijo: “¿Sabes qué Ale? ¡Me acordé de tu cancioncita! --y se echó la carcajada--,  ahí andábamos cantándola todos: ¡Gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal.”

Es un mantra. Hipnotiza a cualquiera: ¡Gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor-Nal-gotas-del-doctor, y así ad infinitum…

alefonse@hotmail.com

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