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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Montserrat y el MIB

El sector cultural institucional poblano pasa por momentos de crisis.

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Martes, Febrero 19, 2019

Hace unos días, Guillermo Pacheco Pulido designó a Montserrat Galí Bodaella como subsecretaria de Cultura del gobierno del Estado. El acto amainó, por el momento, la polémica desatada desde el pasado mes de diciembre cuando Martha Érika Alonso anunció la recreación de la Secretaría de Cultura, la cual tendría como titular a Anel Nochebuena Escobar. Es de esperar que Monserrat Galí continué en el cargo hasta la designación del gobernador/a triunfante de las elecciones de junio próximo. De tal suerte, cuenta con 6 meses para implementar y desarrollar un proyecto cultural. Luce complicado, pero no imposible. Sin embargo, algunos de los aspectos organizacionales de la actual Subsecretaría de Cultura y la conocida opinión de Monserrat Galí sobre organismos y dependencias del sector, centran la atención pública expectante alrededor de ellos. Sobre todo, del Museo Internacional del Barroco.

Monserrat llega a Cultura con inmejorable prestigio académico, reconocimiento nacional e internacional y fama de rectitud y carácter a toda prueba. Por su parte, el sector cultural institucional poblano pasa por momentos de crisis debido al desmantelamiento sufrido en la época de los morenovallistas. De ahí, que la refundación del sector no solo se antoja recomendable, sino imperiosa. Así parece entenderlo todo mundo y, por ello, la urgencia aflora en todas las peticiones de creadores, organismos  y colectivos poblanos y trabajadores institucionales. Sin embargo, el Orden Jurídico que regula las actividades culturales estatales, establece normas y parámetros con los que no será simple lidiar en el corto plazo. Vamos a desglosarlos para entender esta aseveración.

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La Secretaría de Cultura y Turismo poblana tiene dos vocaciones; dos nichos organizacionales distintos (si bien complementarios); dos personalidades jurídicas integradas, y, en una de estas, dos órdenes de funcionamiento financiero.

Las vocaciones del sector son obvias: la Cultura y el Turismo, pero en el Reglamento Interno respectivo se les considera coadyuvantes, es decir, que “contribuyen conjuntamente a la realización de una cosa”. En este caso a las simbiosis: Cultura turística, o bien, Turismo cultural. Así entendieron las vocaciones de estos sectores los dos últimos gobiernos estatales y de ahí sus programas, proyectos y acciones. ¿Los resultados?: notorios avances en lo turístico y estancamiento de lo cultural. Es de esperar que la separación de la Cultura y su ascenso a Secretaría de Estado, mejore su condición y que la relación con lo turístico no sea ya de subordinación sino de complementariedad, como lo fue antes de su desaparición.

En cuanto a los nichos organizacionales, la SCyT es, al mismo tiempo, una dependencia del Ejecutivo que tiene adosada –sectorizada es el término jurídico-, un Organismo Público DescentralizadoMuseos de Puebla. Como dependencia, funciona de forma vertical en el organigrama estatal, igual que las demás: Finanzas,  Desarrollo Social, Educación, etcétera, pues el gobernador designa a su titular y, al hacerlo, delega las funciones y tareas en el elegido; quien, a su vez, hace lo propio con los demás niveles de su organización.

En cuanto al OPD, la cosa es distinta, pues Museos de Puebla se forma de un Consejo Directivo, un Director General y una caterva de Directores de área, Subdirectores y Jefes de departamento; un Patrimonio, artístico, material e inmaterial propios y, por ende, una personalidad jurídica propia y una autonomía administrativa y de gestión. Esto es que, en el organigrama de la SCyT, Museos de Puebla no depende organizacionalmente de la Subsecretaría de Cultura, como quiso entenderlo Anel Nochebuena y, al parecer, también Monserrat Galí.

¿Significaría entonces que en la OPD Museos de Puebla no podría decidir la subsecretaria de Cultura? En teoría, no directamente, pero con visto bueno y anuencia de su Junta de Gobierno: ¡me canso ganso, que sí!; al menos, por el momento, en lo elemental de sugerir a las personas que tomarían sus mandos, ya que en cuanto a su incorporación plena al cuerpo de la renaciente Secretaría de Cultura, deberá puntualizarse en el decreto respectivo tanto la supresión de la OPD, como su consecuente incorporación a la dependencia de sus activos y bienes; pero, los dos decretos que se necesitan para ello, atienden a una dinámica en la que está inmersa la opinión y aprobación por parte del Congreso del Estado; y, sus integrantes, por el momento, parecen más interesados en otros temas que en el Cultural.

En lo tocante a las dos personalidades jurídicas, la SCyT tiene la de Dependencia del Ejecutivo, mientras que la OPD, la de “sectorizada”. Para reagruparlas en una sola, deberá, primero, decretarse la creación de la Secretaría de Cultura del Estado, separada de la de Turismo, con la subsecuente asignación de bienes, presupuestos y demás chunches legales, administrativos y patrimoniales; y, después (o la par, pero no antes), decretar la extinción de Museos de Puebla e incrustarlos en el organigrama de la naciente Secretaría bajo un determinado nivel: Dirección General, Dirección, etcétera.

Y es en este punto, donde las cosas comienzan a complicarse un tanto más, ya que como parte del patrimonio de Museos de Puebla, se encuentra el Museo Internacional del Barroco, que, en teoría, es un museo más, pero que en la realidad no es así. Recordemos un tanto el devenir del MIB para comprender el vericueto que significa su control y posible modificación vocacional.

El Museo Internacional del Barroco fue la culminación, por un lado, de la batalla entre Ricardo Henaine Mezher y Rafael Moreno Valle y Rosas por terrenos y concesiones otorgadas a aquél en los sexenios priístas de Melquiades Morales y Mario Marín –dentro de los cuales Moreno Valle fue parte-, y, por el otro, de la intención nacionalizadora/internacionalizadora del proyecto de gobierno de Rafael, con miras a ser Presidente de la República.

En la creación del MIB se conjuntaron infinidad de factores, unos fortuitos y otros inducidos. Entre los primeros destaca la participación de Toyo Ito (se sabía que habían buscado primero a Santiago Calatrava, pero pidió un adelanto cuantioso para “tomar en cuenta la posibilidad de diseñarlo en un par de años” y al asunto se frustró), y que el arquitecto japonés, ya que había aceptado, recibiera la distinción del Premio Pritzker 2013; así como que el gobierno de Enrique Peña Nieto, a través de José Antonio Meade Kuribreña, oteara la oportunidad de extender sus alcances políticos y financieros en Puebla para beneficiar a sus amigos y, de paso, beneficiarse ellos mismos.

Asimismo, la instrumentación de la parte logística del sentido, misión, visión y vocación del MIB tuvo como protagonista a Jorge Alberto Lozoya, con la clara intención de quedarse al mando del museo. Para ello, afirmó, con el respaldo de artistas y beneficiarios de la creación del MIB, la existencia de una corriente cultural “neobarroca”, la cual, afirmaban, Puebla estaba destinada a liderar.

Como es ampliamente conocido, los tres contra argumentos a la creación del MIB eran, por un lado, la inconsistencia del “neobarroquismo” y el supuesto liderazgo poblano de ello; la inexistencia de una colección propia, con la consecuente apropiación de piezas y obras de otras colecciones, primordialmente del Museo Bello y González, y, sobre todo, el escandalosísimo costo que tendría –1,700 millones se dijo y que en realidad terminarían siendo más de 7 mil millones-; mismos que comprometerían los dineros de Puebla a razón de 23 millones mensuales pagaderos con recursos públicos, hipotecando las finanzas del estado por casi un cuarto del siglo XXI.

Al final ningún argumento pesó en el ánimo de Rafael y el MIB se erigió. Esa ocasión, los hombres y mujeres del ICSyH de la BUAP, no pudieron repetir el triunfo que lograron con la Casa del Torno y el Teleférico, y perdieron (y con ellos todos los poblanos) contra Moreno Valle.

Dos cosas son ciertas respecto de este museo, que de todas las obras del gobierno de  Rafael Moreno Valle Rosas, el MIB es la que provoca más rasquiña, y, que, es imposible desaparecerlo, o al parecer, muy complicado legalmente (y más costoso), que conservarlo. Aunque, bien a bien, fuera de unos cuantos beneficiarios del convenio respectivo, nadie conoce las condiciones verídicas en las que fue pactada su creación, los montos finales que se cubrirán, los beneficios colaterales que existen para los constructores y administradores, y las consecuencias o alcances de su posible modificación o cancelación.

Ahora bien, lo que creo sí es posible sería su reciclamiento y, por ende, que dejara de ser el Museo Internacional del Barroco, para ser otra cosa.

Y es ahí donde los caminos de Monserrat Galí y Jorge Alberto Lozoya, indefectiblemente se han de cruzar. Ella, en la consigna de imponer su criterio expresado en vida de Rafael Moreno Valle, sobre lo absurdo, oneroso e innecesario de la existencia en Puebla de un museo del barroco; y, aquel, por mantener su feudo, laboral y de poder, por el que fue capaz de cualquier cosa durante  los dos los gobiernos anteriores con tal de permanecer al frente de “su museo”.

Como mencioné líneas arriba respecto de la Dirección General de Museos de Puebla, Monserrat puede, sin duda y con apoyo de la autoridad gubernamental, revertir la OPD y cambiar la vocación del MIB, pero no creo que tenga tiempo para ello, al menos en el periodo de interinato. En cambio, sí puede solicitar la sustitución de sus dirigentes; el de Museos parece más sencillo pues sus directivos son gente que ya no cuenta con los mismos apoyos que hace dos años. En cuanto  al MIB se antoja un poco más complicado, porque Jorge Alberto tiene más agarraderas y contactos políticos después de más de 5 décadas en el ambiente y haber transitado por la Secretaría de Educación estatal, la Secretaría Ejecutiva del CECAP y, por supuesto, el Servicio Exterior Mexicano.

Sin duda, la suerte está echada y es cuestión de tiempo para conocer cuál de los platillos de la balanza tendrá más peso específico; el de Jorge Alberto o el de Monserrat. Confío en que ha de pervivir la cordura y buen juicio, y pronto tengamos noticias de ajustes y reconversiones en la institucionalidad cultural poblana, que permitan retomar el rumbo perdido hace ya 8 años.

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